¿Trata de menores o pobreza extrema? La ambigüedad de la realidad en México

Nacional Sin categoría
Imagen: Animal Político/Cuartoscuro

Escrito por: Andrea Tinoco González

            Pueblo chico, infierno grande; pueblo grande ¿infierno? …

El pasado 30 de junio, Juana Pérez denunció la desaparición de su hijo Dylan Esaú Gómez Pérez, de dos años, en la ciudad de San Cristóbal de las Casas, Chiapas. Según una cámara de seguridad, se pudo confirmar que Dylan fue llevado fuera de un mercado, en donde se encontraba con su madre, por una niña de aproximadamente 10 años.

Juana decidió entonces viajar a la Ciudad de México el 21 de julio y plantarse frente a Palacio Nacional para exigirle al presidente que tomara cartas en el asunto. Un día después salió a la luz que el 17 de julio, cuando las autoridades de Chiapas se encontraban investigando la desaparición del menor, detectaron una supuesta red de trata de menores que operaba en la ciudad. Las autoridades irrumpieron en una casa en donde se rescataron a 23 niños y adolescentes que se aseguraba se les tenía trabajando forzadamente vendiendo artesanías en las calles del pueblo, a base de violencia física y psicológica y, junto con ellos, se detuvo a tres mujeres indígenas que custodiaban a los menores; lamentablemente, del niño Dylan no hubo rastro.

Ahora, se afirma que los 23 niños son familia, pues uno de sus abuelos, Roberto Montejo, fue con actas de nacimiento en mano a reclamarlos, pero se le dijo que deben ser sometidos a pruebas de ADN. De igual manera, la afirmación sobre el parentesco de los menores ya había sido tocada por otro de sus supuestos abuelos, Adolfo Gómez, quien el 15 de julio fue detenido junto con su esposa Josefina Sánchez, por considerarse presuntos sospechosos cuando la investigación de Dylan se estaba llevando a cabo; la fiscalía omitió estos detalles al anunciar las detenciones de las de las tres mujeres. Adolfo declaró que era abuelo de 22 de los niños y padre de otro. Su cuerpo sin vida fue encontrado el 27 de julio en su celda con marcas de ahorcamiento, y mientras la investigación dicta que se suicidó, su familia no lo cree debido a que, además de las marcas de ahorcamiento, su cuerpo presentaba signos de violencia física.

Las tres mujeres arrestadas, María, Maribel y Juana, continúan en arresto y sus allegados alegan que todos ellos solo hacían lo que debían para sobrevivir: salir a la calle y trabajar. El fiscal general de Chiapas, Jorge Llaven Abarca, declaró que los niños fueron registrados con desnutrición y condiciones precarias. Sin embargo, Jennifer Haza, directora de Melel Xojobal, una organización de Chiapas dedicada a la atención a la infancia, declaró que desafortunadamente tienen registros de muchos niños y adolescentes en situaciones precarias, pero que no habían tenido la información suficiente para establecer que había grupos explotándolos.

Del mismo modo, Haza declara también que no es extraño que se criminalice a estas familias por tener a los niños trabajando, pero establece que el 85% de los infantes en el estado son pobres, y que dicha cifra podría haber aumentado debido a la pandemia COVID-19, por lo que es usual que se vea a muchos niños y adolescentes vendiendo cosas por las calles de la ciudad, ya que tampoco hay políticas públicas que eviten que los menores se vean forzados a salir a trabajar con sus familias.

Ahora, el caso inicial que desató esta maraña de situaciones ha llegado a una conclusión. Este 14 de agosto, después de permanecer 44 días desaparecido, se anunció que Dylan ya fue encontrado y se encuentra a salvo y de regreso con su madre Juana Pérez. La detenida, Margarita “N”, dijo haber secuestrado a Dylan ya que ella tiene dificultades para tener hijos, además de hacerlo con el afán de convencer a su exesposo que regresara con ella. Como consecuencia, la acusada se enfrenta ahora a una petición de 75 años de cárcel. Asimismo, el fiscal Llaven Abarca afirmó que el caso de las cinco personas detenidas como presuntas responsables del secuestro de Dylan pasó a ser parte de una carpeta distinta de investigación, pero que de igual manera se les considera como clave ya que tanto ellos como Margarita pertenecen a la comunidad de Ixtapa, lugar en donde recuperaron a Dylan.

Sin embargo, la interrogante respecto a las declaraciones de los primeros detenidos continúa, pues ¿cómo determinar cuál versión es cierta o falsa? Cuando en México suceden en promedio 7 desapariciones de menores al día, en donde la trata de personas ocupa el 3er puesto en los negocios ilícitos más fructíferos y tan solo en 2018 se estableció que 5 de cada 10 menores de 18 años vivían en condiciones de pobreza. Es exorbitante que, estadísticamente, cualquiera de esos escenarios pueda ocurrir en un día y que sea algo que esté catalogado como usual.

Esta noticia en particular refleja un México podrido, en el que se exhiben tres condenables coyunturas a raíz de un solo evento, lo que lo hace parecer fantasía, cuando solo es la insólita sustantividad nacional. Empezó como una investigación por el secuestro de un niño y se ha extendido a vertientes que nada tienen de alentadoras: por una parte, una supuesta red de trata de menores desmantelada, y por el otro, se evalúa la posibilidad de que no sea una red de trata sino una evidencia de la cruda realidad de una de las muchas familias que viven en pobreza y son forzadas a trabajar para sobrevivir. La realidad es que cualquiera de esos dos escenarios podría ser cierto, pues esa precariedad es la que se vive en México y es lastimoso e impotente que ya cualquier escenario delictivo tenga cabida en el día a día mexicano.

3 comentarios sobre "¿Trata de menores o pobreza extrema? La ambigüedad de la realidad en México"

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *