Paul Cézanne: “el padre de todos nosotros”

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Escrito por: Elsa María Elizalde Ocampo

El 19 de enero de 1839 nació en Aix-en-Provence, un pequeño pueblo al sur de Francia, Paul Cézanne. Fue uno de los pintores franceses más significativos de la segunda mitad del siglo XIX y es considerado “el padre del arte moderno”. Junto con Vincent van Gogh, inició el movimiento artístico del postimpresionismo; su trabajo se caracteriza por pinceladas pictóricas, un enfoque vanguardista sobre la perspectiva y una paleta de colores intensos. Además de ser una figura clave del postimpresionismo, Cézanne es considerado el antecesor del fauvismo y un precursor del cubismo.

Obedeciendo a los deseos de su padre, comenzó estudiando derecho en la Facultad de Derecho de la Universidad de Aix; sin embargo, esos estudios no le interesaban nada y en 1861 se trasladó a París para hacerse pintor. Tras ser rechazado en la Ecole des Beaux-Arts, ingresó en la Académie Suisse, un taller libre en el que los artistas tienen a su disposición modelos y donde su trabajo no es controlado ni corregido. Su estancia en la academia fue sumamente importante ya que ahí conoció a Camille Pissarro, un popular pintor impresionista que le animó a seguir su vocación y marcó un giro en su técnica pictórica, le sirvió como guía y mentor.

En 1874 expuso con Edgar Degas, Berthe Morisot, Claude Monet, Camille Pissarro, Pierre-Auguste Renoir y Alfred Sisley, en la primera exposición celebrada en el estudio del fotógrafo Nadar, y en la tercera de las muestras del grupo en 1877. En la muestra de 1874 a los miembros del grupo se les da el nombre de “impresionistas”, término que estos rechazan pues fue acuñado por el crítico Louise Leroy para poner en ridículo su nuevo y revolucionario lenguaje pictórico.

Las críticas que recibieron sus cuadros provocaron que Cézanne decidiese no volver a exponer en las siguientes convocatorias del grupo y que se alejara de los circuitos artísticos para comenzar un camino personal. Sólo Pissarro, Monet y Renoir mantuvieron relaciones con el “ermitaño de Provenza” quien reconoció que sus metas artísticas eran incompatibles con los impresionistas. A partir de 1878, se trasladó a vivir con Hortense (su compañera) a L’Estaque, cerca de Marsella, y comenzó a alejarse de la estética impresionista y a desarrollar un estilo propio. Durante toda su vida residió entre París y el sur de Francia, hasta que en 1900 se recluyó definitivamente en Aix-en-Provence, su ciudad natal.

A principios de su carrera, Cézanne usó cuchillos de paleta para producir pinturas altamente texturizadas; no obstante, después de trabajar con los impresionistas, el artista comenzó a adoptar nuevos métodos para aplicar la pintura. Tomó algunos elementos del impresionismo, como la técnica de la descomposición de los colores; sin embargo, él rechazaba lo subjetivo de la manifestación pictórica, buscaba una objetividad

estructurada mediante la graduación metódica del color y el espacio. Si bien muchos de sus primeros trabajos se componen de tonos sombríos, eventualmente adoptó colores saturados.

Paul Cézanne consideraba inseparables forma y color, utilizaba áreas de color planas, aplicadas con pinceladas constructivas, que configuraban la superficie del cuadro. Estas pinceladas eran marcas acomodadas meticulosamente para crear formas geométricas, como el pintor evitaba el uso de líneas oscuras, se valía de estas pinceladas contrastantes para “definir los contornos de los objetos cuando sus puntos de contacto son tenues y delicados”. Sus paisajes, bodegones y retratos rompen con la concepción tradicional de profundidad, definida por planos sucesivos, e intentan captar pictóricamente la estructura interior de las cosas. Es decir, eliminó la sensación subjetiva de la perspectiva y descompuso también los objetos en elementos básicos, como esferas o conos. Sus obras expresan rigidez y monumentalidad, debido al análisis geométrico que hace del volumen.

Las pinceladas de Cézanne son muy características, formaban un conjunto complejo, representando lo que el ojo observa y al mismo tiempo una abstracción de eso. Jugaba con la perspectiva y aplanaba superficies lo que le llevaba a su representación desde perspectivas diferentes al mismo tiempo. Este principio de distorsión después sería un elemento importante del cubismo tal y como señaló Georges Braque en 1957: “las reglas de perspectiva duras y rápidas que se impusieron en el arte fueron un error espantoso que llevó cuatro siglos corregir; Paul Cézanne y después de él, Picasso y yo podemos tomar mucho crédito por esto”.

Cézanne fue casi toda su vida un pintor incomprendido, incluso fracasado, como lo había sido Claude Lantier, el protagonista de la novela de Émile Zola L’Oeuvre, en quien el pintor se reconoció, lo que provocó la ruptura con su amigo de la infancia. En las pocas ocasiones en las que participaba en la vida social, Cézanne hacía gala de una postura huraña y arisca, que ocultaba en realidad una profunda timidez. Fue un pintor ignorado que apenas expuso y no confiaba jamás en el mundo del arte. Sólo contaba con la admiración de algunos de sus más modernos contemporáneos, y por supuesto el de las nuevas generaciones, como Picasso o Matisse que afirmaron: “Cézanne es el padre de todos nosotros”.

Sólo en los años finales de su vida volvió a exponer en la galería de Ambroise Vollard en 1895, en la que fue su primera muestra individual. Los viejos compañeros pintores y los artistas de vanguardia, a diferencia de los críticos, le saludaron como un maestro. Pissarro escribió, “los únicos que no sintieron esa fascinación fueron precisamente los críticos y los coleccionistas que, con sus errores, demostraron ampliamente su falta de sensibilidad. Como me decía muy justamente Renoir, esas pinturas guardan cierta semejanza con las cosas de Pompeya, tan gastadas y tan maravillosas”.

A partir de ese momento su obra pudo ser vista en otras exposiciones y comenzó a ser valorada y a influir en los jóvenes fauvistas y en los futuros cubistas. Su exposición póstuma, celebrada en París en 1907, fue toda una revelación y desencadenó el comienzo del cubismo.

Falleció de una pulmonía el 22 de octubre de 1906 en su piso de Aix-en-Provence, la localidad que le vio nacer y cuyos alrededores inmortalizó en un buen número de lienzos, especialmente la montaña Sainte-Victoire. Entre sus obras más importantes se encuentran Olimpia Moderna (1873-1874), Una Granja de Anvers (c. 1879-1882), Bodegón con Manzanas (c. 1875-1877), La Montaña de Santa Victoria (c. 1885-1887), Los Jugadores de Cartas (1890-1895), y Las Grandes Bañistas (1895-1905). Cabe destacar que, en 2012, la pintura Los Jugadores de Cartas (uno de los cinco cuadros de la serie que Cézanne produjo a principios de la década de 1890) pasó a ser la obra más cara del mundo (250 millones de dólares) hasta que su colega postimpresionista, Paul Gauguin, le robó el puesto en verano del 2015. Hoy en día el récord le pertenece a la obra de Leonardo Da Vinci, Salvator Mundi (c. 1500), que se vendió por 452 millones de dólares en noviembre de 2017.

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