Las Mañanitas

Opiniones

Escrito por: Fernando Milne

Durante la mayor parte, de su largo mandato, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, condujo (sí, como si habláramos de un show de TV) el programa “Aló Presidente”. Este se transmitía todos los domingos en televisión abierta, desde las 11 am y sin una hora definida de finalización. Por lo general, tenía una duración entre 4 y 6 horas. Desde 1999, hasta el 2012, el programa le sirvió al expresidente para atacar a críticos de su gobierno, para dictar políticas públicas e inclusive, en ocasiones, para armar un espectáculo musical con su voz.

De igual forma y siguiendo la línea de su padrino político, Rafael Correa, ex presidente de Ecuador, también fue “estrella” los fines de semana en la televisión nacional. Cambió el día y el nombre, pero el formato era prácticamente igual. “Enlace Ciudadano” se transmitía cada sábado desde las 10 am hasta las 2 pm, no solía extenderse tanto como el líder bolivariano. Este espacio estuvo al aire desde 2007, hasta el 2017, con la excusa de ser la rendición de cuentas semanal del gobierno. No obstante, en varias ocasiones, y por varias, me refiero a muchas, el programa fue el ring de batalla entre el gobierno y sus opositores. El mandatario, enfrentó a pesos pesados (grandes medios de comunicación) y oponentes de peso pluma (simples usuarios de twitter). Rafael Correa jugaba un papel de juez y parte en estos enfrentamientos, cosa que muchas veces puso en tela de juicio la libertad de expresión en el país bananero.  

La lista de ejemplos es muy amplia, Nicolás Maduro, Daniel Ortega, Evo Morales, Luis Guillermo Solís, etc. Son muchos los mandatarios que optan por esta “herramienta” comunicativa. Entonces ¿Ya saben de qué vamos a hablar? Así es, estas son las mañanitas que canta el rey Andrés Manuel.

El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, también optó por buscar mantener un trato directo con periodistas y ciudadanía. Para esto, se presenta cada mañana, desde muy temprano, en Palacio Nacional donde se ha adecuado un salón para que desde ahí cada día, de lunes a viernes, se dirija a la nación. A esto se la ha llamado “Las Mañaneras”. 

En un inicio, las mañaneras se plantearon como una plataforma para la rendición de cuentas, concisas y directas. No obstante, el presidente mexicano ahora suele presentar su agenda en cada conferencia; se convirtió en un ¿Qué hará? y está dejando de ser un ¿Qué hizo?

En su monólogo, que llega a extenderse por casi 2 horas, Andrés Manuel tiene ya un guion bastante aprendido. Un manifiesto ideológico con constantes ataques a la oposición llamada por él, como “conservadora” y “neoliberal”.  En el contenido de sus discursos suele descartar y desacreditar a algunos medios llamándolos “fifís” (su más reciente victima nada más y nada menos que el Washington Post) y muestra simpatía por otros, como el canal de YouTube “Lord Molécula”, tranquilos, yo tampoco lo conocía antes de escribir estas líneas. De igual forma, utiliza una retórica predecible; la misma que predicó durante más de 10 años cuando cumplía un rol de opositor en la política nacional. Sin embargo, ha sido muy difícil notar un cambio en su narrativa ahora que funge un papel protagónico desde el gobierno.  

El presidente ha sabido captar la óptica mediática y usarla a su favor. Busca constantemente controlar la agenda pública y las noticias que circulan durante el día.  Las mañaneras logran, en el mayor de los casos, que se hable de lo que el gobierno quiere, cuándo y cómo quiere. El acto simbólico de darles la cara a los periodistas diariamente, le ha funcionado al presidente mexicano para legitimar su semblante de honestidad y nobleza. 

Asimismo, el hecho de dosificar sus apariciones en 5 días, le ha ayudado a diferenciarse de los líderes antes mencionados. Recordemos cuando Chávez habló por 8 horas continuas en uno de sus programas de domingo. Sin duda, racionar su discurso, le ha servido a Obrador para no mostrarse como un empedernido hablador. No obstante, y si sumamos el número de horas, el mandamás mexicano ya interviene más semanalmente que todos los ejemplos anteriormente dados. Incluso, dobla el promedio, llegando a hablar hasta 14 horas semanales.

Aun así, esta fórmula está dejando de ser 100% efectiva, y no es de extrañarse. Cuando se decide aparecer diariamente, es difícil mantener una misma narrativa y no caer en contradicciones. Igualmente, y debido a la falta de elocuencia del señor Obrador, en los momentos de críticas en donde se ve obligado a salir de su guion e improvisar, ha dado mucho que desear. Aunque el presidente tenga “otros datos” los números demuestran que sus índices de aprobación tienen tendencia a la baja. 

Esto de salir frecuentemente en el foco público es una práctica que, hace cada vez más difícil distinguir entre la propaganda política y la acción gubernamental. Es importante diferenciar la comunicación de gobierno y la campaña permanente. 

La primera responde al ejercicio que determina la agenda de gestión. La comunicación de gobierno abandona los intereses de partidos y personajes políticos para centrarse en la gestión pública

Por otro lado, la campaña permanente se refiere al uso de los recursos del gobierno para construir y mantener el soporte popular.  En la campaña permanente, los políticos utilizan instrumentos de la comunicación política con el objetivo de ganar la siguiente elección y lograr una permanencia o continuidad del proyecto político. Básicamente, convierte al gobierno en un instrumento diseñado para sostener la popularidad de un político ya electoLa campaña permanente, comúnmente, va acompañada del ya famoso “populismo”.

Esto no es cuestión exclusiva de los políticos de izquierdas. Es decir, el populismo y la campaña permanente no responde a una ideología en específico, sino más bien a un interés desmesurado por hablarle a tu base electoral. México, tiene un ejemplo muy cercano para entender esto; Donald Trump. Así es, desde la derecha política, el presidente estadounidense es un claro ejemplo de un mandatario populista. Al final, créanme cuando les digo que Trump y Obrador comparten más similitudes de las que creemos. Pero bueno, posiblemente eso será tema de inspiración para alguna otra columna. Sigamos.

La demagogia es por definición; el empleo de halagos y falsas promesas que son populares pero difíciles de cumplir para convencer al pueblo y convertirlo en instrumento de la propia ambición política. Al igual que el populismo, ambos son un juego con las pasiones, ilusiones e ideales de la gente para prometer lo que es casi imposible, aprovechándose de los sentimientos de las personas y dejando por fuera toda razón y lógica en la toma de decisiones. En las mañaneras del presidente Andrés Manuel, es recurrente detectar estas prácticas. 

El reto para la ciudadanía, es poner límites a esa propaganda política. No será fácil saber cuándo se está hablando específicamente sobre programas públicos y cuándo se está más centrado en la transmisión de simples relatos con contenido ideológico-político y con doble intencionalidad. 

Se dice que el conocimiento es poder. Conocer las armas de ataque ayuda a diferenciar de mejor manera cuando nos están atacando. El siglo XVII fue llamado la época de las luces o la Ilustración porque las tinieblas de la ignorancia se vieron opacadas por el resplandor del conocimiento y la razón. Por eso, con la finalidad de que la audiencia sea más crítica y objetiva al momento de escuchar al presidente y en sintonía con las mañanitas de Andrés Manuel, concluyo de esta manera; 

“Ya viene amaneciendo
Ya la luz del día nos dio
Levántate de mañana
Mira que ya amaneció”.

1 comentario sobre "Las Mañanitas"

  1. Los artículos están interesantes, para mi es una lástima que publiquen en letras muy muy chiquitas, pierdo el interés en seguir leyendo , por que no alcanzo a ver claro las letras.
    SON DEMASIADO PEQUEÑAS, COM SE PUEDE AGRANDAR LAS FUENTES ¿¿¿¿

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