Todología superficial

Opiniones MTY

Recién llegado a una ciudad desconocida y mientras era guiado por la inercia de un futuro en la ingeniería, Luis Mendoza Ovando encontró un cartel pegado en las aulas del Tec que invitaba a estudiantes a participar en el periódico estudiantil. Una decisión que cambió su camino y lo ha llevado a encontrar en el oficio periodístico una pasión por saciar su curiosidad e inquietud por todos los temas.

Escrito por Luis Mendoza Ovando

Cuando me pidieron hacer este texto debo confesar que sentí mucha vergüenza, por un lado, de exponerme y, por el otro, de exponerme y encima sin ofrecer nada a cambio. Habrá aquellas personas que siempre lo tuvieron claro, que desde chiquitos usaban el cepillo de dientes como micrófono y hablaban a una cámara imaginaria y dictaban las noticias lo mismo en la cocina que en la sala o la habitación. 

Ese no es mi caso, nunca me imaginé desempeñando este oficio ni mucho menos con una apuesta de vida tan alta en él. A mí el sistema educativo me había endilgado otros planes, puesto que siempre fui muy nerd –y de esos a los que les va particularmente bien en matemáticas– por lo que ser científico o ingeniero supongo que era un futuro dado. Así que le hice caso a las voces de la inercia y terminé entrando a estudiar ingeniería química en Monterrey (una ciudad que me era extraña porque yo había vivido toda mi vida en Guadalajara). 

La verdad es que en ese momento de mi vida el periodismo no pintaba mucho. Sí leía las noticias y desde muy temprano en mi vida el periódico se volvió una especie de paisaje cotidiano con mi papá leyéndolo en la mesa todas las mañanas. También los noticieros formaban parte del trajín diario en la casa de mis papás donde la tele de la cocina sonaba prácticamente todo el día y pasábamos de la información nacional a la local y de regreso. Pero nunca estuvo sobre la mesa estudiar periodismo. 

Y ahora que lo escribo y que lo digo en voz alta pienso que estaban ahí las señales. Aquel 2012, año que me fui a estudiar, fue electoral. Mis últimos días como preparatoriano transcurrían entre las voces inéditas que le daban vida al #YoSoy132 y sin embargo a Guadalajara y sobre todo a mi escuela católica nada de ese bullicio llegaba con fuerza. Ecos, murmullos, pero poco más

Y entonces yo me fui seguro que uno estudia aquello que le asegura una vida “bien”, con un sueldo “bien” y posibilidades “bien”, pero también hay que decir que las planeaciones chocan con los caprichos del destino. A mí un póster pegado en unas escaleras de un edificio de unas aulas en Monterrey me cambió la vida, por ejemplo. Invitaban a participar en el periódico estudiantil (Nueva Prensa era el que existía entonces) y yo que era un extraño en aquella ciudad que no terminaba de dimensionar y en ese campus que no terminaba de ubicar, decidí que era una buena idea. 

Esa decisión sería clave para que terminara de graduarme como Ingeniero Químico con la convicción de jamás ejercer y con el descubrimiento de que no sólo podía escribir, sino que a la gente le interesaba leerme. 

Fuente: Luis Mendoza Ovando I integrantes de Nueva Prensa

Cuando Paulina García me dejó la tarea de escribir este texto me planteó como pregunta detonadora “¿cómo encontré el periodismo o cómo el periodismo te encontró a ti?” y no me decido si fue una o la otra. Porque siempre estuvo ahí, rondando los otros caminos negados de mi biografía, pero también me gusta pensar que mi vida se confecciona con golpes de suerte. 

En cualquier caso, creo que algo que me hizo preferir el periodismo sobre la ingeniería fue, paradójicamente, un aspecto que me hizo elegir ser ingeniero en primer lugar. Soy una persona de curiosidad inquieta y de aburrimiento fácil. Todo me interesa muchísimo, por un corto periodo de tiempo. Soy –en palabras de mi estimada maestra Roxana Cárdenas– un todólogo superficial. 

Y eso que antes me parecía un síntoma de mi irresponsabilidad juvenil, un miedo al pesado compromiso de forjar una carrera profesional lineal que a su vez impulsara una vida ordenada y siempre en ascenso, me parece ahora un acto de rebeldía esencial. Contra los caminos trazados y las inercias que agotan por simples y aburridas. 

El periodismo me dio la oportunidad de conocer cada palmo de la punta de los icebergs que flotan a mi alrededor y saltar de uno a otro y a otro. Al periodismo no le interesa saber si lo encontré o me encontró, me interesa saber que lo celebramos y que saciamos dos intereses mutuos que nos tienen aquí, ejerciendo con ganas. 

A mí me sacia mi interés de entretenerme sobre todas las cosas y yo le correspondo al periodismo con un trabajo cargado de amor –que no es cosa menor– y que le haga justicia. 

Busco darle a los lectores algo que yo también quisiera leer, que sea profundo, pero emocionante, que estruje el corazón, saque risas y al mismo tiempo que cuando terminen de leer piensen que el periodismo es una actividad que vale la pena, que es valiosa y que hay que defender de quienes quieren volverlo otra cosa como escaparate comercial o lacayo político. 

Y aunque sé que no siempre logro todo eso y que, es más, casi siempre se siente como un asunto aspiracional me emociona seguir intentando porque también se trata de eso, de iterar y sentir la agitación de un texto que hasta a nosotros nos sorprende porque es capaz de dejar en el lector más preguntas que respuestas y deja un corazón más inquieto que en calma. Es capaz de dejar en quien lee algo que el a favor o en contra nunca será capaz de entender. 

*Luis Mendoza Ovando es estudiante de la maestría en Periodismo sobre Políticas Públicas en el CIDE. Escribe para la Revista Gatopardo, Contextual Mx, del cual también es co- fundador, y es editorialista en El Norte. Puedes encontrarle en Twitter como @SoyOtroLuis