Reflexiones de marzo: Amistades Revolucionarias

Espacio Feminista Nacional
Fuente: La Crítica

Escrito por: Diana Valentina Zapata Casián

Estuve un buen rato pensando como escribir esto, incluso empecé a leer otra vez a Marcela Lagarde, pero en algún punto, quizá a mitad de un sueño, me di cuenta de que no necesito validación académica para justificar mis amistades. Quizá llevo ya tanto tiempo escribiendo academia, utilizando las voces de otras para justificar mis puntos, que se me olvida que el conocimiento adquirido por experiencia es también conocimiento y, por lo tanto, es igual de válido. Es por esto por lo que en lugar de buscar respuesta afuera, respuestas ya escritas, les hice un pequeño cuestionario a mis dos mejores amigas, con la idea de co-construir conocimiento con ellas. ¿Esto tiene alguna influencia de otros autores/as? Si. Pero si quieren referencias las encontrarán hasta abajo, este escrito rizomático, errático e imprevisible va a ser vómito verbal, estén advertides.

En el 8 de marzo ¿por qué escribir sobre amistades? ¿qué hacen a mis amistades más especiales que las suyas? Nada. Solo que las considero revolucionarias y entre más me adentro al feminismo más veo matices dentro de mis amistades que me hacen creer que sí lo son. Si ustedes se identifican con mis amistades, si ustedes tienen las suyas propias y esto les hace reflexionarlas y sentirlas más vivamente, felicidades. Los primeros pensamientos que se me atraviesan cuando veo amistades entre mujeres reflejadas en el cine y en los medios son dos: en el primer escenario la mejor amiga de la personaje principal es solo un sidekick de la que eventualmente se aleja por su interés romántico, un amistad que se desvive y pierde su esencia por hacer los sueños de la principal realidad, sin tener cabida sus propios sueños; el segundo escenario que veo son el de dos amigas entre las cuales siempre se nota envidia: por la ropa, el cuerpo, el interés romántico, o los éxitos de la otra que impiden que las cosas sigan “balanceadas” en la manera más tóxica posible. Poco a poco empieza a ver más representación de imágenes de amistades tridimensionales reales, pero poco se queda corto con lo mucho que falta. Lo que verán a continuación son algunos de los matices por los cuales creo que las amistades entre mujeres, amistades reales, son revolucionarias. Dejemos que la ternura sea una revolución.

La primera vez que nos conocimos:

Zyanya:

Conocí a Zyanya entrando a secundaria en el 2009. En esa época, las otras niñas me habían dejado de hablar en un ejemplo clásico sobre como las mujeres nos tenemos que odiar entre nosotras, según nos lo enseñaron, a Zyanya le habían dicho que no se me acercara. Ella se acercó y desde entonces hemos sido inseparables. Zyanya y yo teníamos todo para ser competencia, todo para tenernos envidia una de la otra, todo para odiar los éxitos de la otra en donde una era menos por poco. Entre nosotras nunca hubo eso.

Fer:

Conocí a Fer por su hermano, realmente yo era amiga de su hermano antes. Ella desconfiaba de mi porque pensaba que solo estaba ahí para volverme novia de su hermano y yo desconfiaba de ella porque creía que era solo una hermana celosa. Un día decidimos salir de fiesta ella y yo, no sé qué nos llevó a tomar esa decisión, ese impulso de romper con los prejuicios que teníamos de la otra, pero me alegra que lo hiciéramos.

¿Por qué hablo sobre la primera vez que conocí a mis amigas, si esto se siente como algo tan cotidiano y lejano? Porque ambas amistades pudieron no haber pasado si hubiéramos seguido la construcción social en la que crecimos, porque en ambas los prejuicios estuvieron presentes. Una puede estar ya adentrada en el feminismo y descubrir en pequeños detalles como este que no estamos todavía del todo deconstruidas, y que desde el inicio cada amistad entre mujeres que no se odian es un pequeño o gran acto de rebeldía.

El desafío a la competencia:

Desafiar el chip que está dentro de nosotras se oye más fácil de lo que es hacerlo. Con ambas de mis amistades en algún punto salió una sombra que quiso ponerse un manto de envidia y que deseo la vida de la otra. Ya sean sus éxitos, sus relaciones, su ropa, su cuerpo, su seguridad. Decir que no existe dentro de mi esa sombra sería mentirles a ustedes y a mi misma. A veces sale cuando estoy menos preparada, a veces sale en un café o en una sonrisa. ¿Qué se hace con esta sombra que se pone una capa de envidia?

Se le da una taza de té caliente llena de amor propio, paciencia y compasión. Se le dice que vea a sus amigas como inspiración, que no es una competencia y que las mejores cosas vienen en colaboración. De esta sombra se memoriza su cara, se aprende a ver cuando va a salir y cuando sale se acepta su existencia, se le ve a la cara, se le agradece por existir y por mostrarnos lo humanas que somos y finalmente se le deja ir. En una sesión de terapia mi psicóloga me dijo que la envidia es todo aquello que vemos en otres y que pensamos no puede ser nuestro y no merecemos, es solo un pensamiento saboteador propio y de amistades.

¿Voy a seguir sintiendo envidia a veces? Probablemente, pero esto no destruirá ni afectará a mis amistades a las que les agradezco por existir y les deseo lo mejor, a las que voy a apoyar mientras me tomo una taza de té de amor propio con mi sombra.

Saber poner limitaciones:

En general poner limitaciones sobre cualquier tipo de relaciones es difícil y un tema que la mayoría si va a terapia discute en muchas muchas sesiones. Las limitaciones son importantes no sólo en las relaciones amorosas y en la familia, pero en amistades. En el libro que estaba leyendo sobre Marcela Lagarde y que no terminé pero que dejare abajo, se habla sobre como las mujeres vivimos en una contradicción. La contradicción entre querer autonomía y tener que siempre cuidar a los demás. Este cuidar incluye a nuestras amigas (recuerdan el escenario del sidekick, exacto).  Cuidarnos a nosotras mismas primero debería de ser prioridad en el momento de poner limitaciones, físicas o emocionales, que son totalmente válidas y que no deberían de hacernos sentir como que somos malas amigas o como que no estamos cumpliendo nuestro rol asignado como mujeres.

Zyanya:

Zyanya fue la primer en ponerme limitaciones y en hablar conmigo de ellas. Zyanya deja de contestar mensajes alrededor de las 8:30 de la noche, y no contesta cuando está comiendo o disfrutando de alguna actividad de ella para ella. Para ella esto ha sido liberador y nos permite tener una mejor amistad, donde cada una tiene su espacio y respeta el tiempo de la otra. Yo sé que ella siempre va a estar en mi vida y yo en la de ella.

Fer:

Las limitaciones de Fer son diferentes. Un día normal con Fer se puede ver como un “amiga vamos por un café a las 5”, seguido dos horas después con un “amiga, oye, mejor voy a ir sola, necesito tiempo para mí, mejor nos vemos mañana”. Fer sigue siendo la amiga más detallista y con el mejor oído, Fer sabe cuidarse a ella primero.

Ninguno de estos dos ejemplos hace a estas mujeres malas amigas, ni la que se da tiempo para sí, ni la que cancela por lo mismo. Tener espacios para disfrutarnos individual y autónomamente es una manera increíble de ser una mejor amiga. Si yo me amo, puedo amar a los demás. Si yo me sano entonces tengo relaciones saludables con los demás. Ambas limitaciones me llevaron a pensar porque durante tanto tiempo en mi vida me creí no merecedora de espacios de disfrute no productivos solo para mí. La amistad de mis amigas no es menor, sino que a través de estas limitaciones hemos crecido y hemos encontrado mejores maneras de estar ahí para la otra. Ahora soy consciente y activamente pongo limitaciones: cuando tengo ansiedad, cuando estoy cansada, cuando simplemente no quiero ver a nadie, cuando decido dormir mis 9 horas y cuando decido tomarme el día para hacer la actividad que más me apasiona.

La decisión de ser una mejor amiga:

A ambas de mis amigas les pregunte que era eso que había hecho que nuestra amistad durara tantos años, esto fue lo que me contestaron:

Zyanya:

            1. Confianza

2. Respeto

3. Admiración / apoyo

4. Amor verdadero

5. Polvo de hada

Fer:

1. La confianza

2. Que siempre nos decimos todo. lo bueno y lo malo

3. No hay envidias

4. Nos queremos tal cual somos las dos.

Y si, tengo plena confianza en que mis dos amigas estarán ahí para mi y yo para ellas. Pero a este pequeño texto le hace falta todo el trasfondo de risas y alegrías, de enojos, de tiempos difíciles, de corazones rotos, de pérdidas familiares, de enfermedad, de una pandemia. Lo que puedo decir que estas dos amistades tienen en común es que siempre estas dos mujeres y yo nos apoyamos en maneras de crecer, tenemos comunicación abierta sobre lo que nos gusta y nos disgusta, sabemos conciliar, sabemos estar y sabemos también no estar. Ya no nos enfocamos en recibir de la otra sino es ser la amiga que nos gustaría tener para la otra, en una amistad reciproca, que sigue cambiando y creciendo todos los días.

Al final, como con cualquier otra relación en la vida, la amistad es una decisión que se toma todos los días, es algo en lo que se tiene que trabajar, en lo que podemos mejorar, algo que nos permite crecer, apoyarnos, estar. Este 8 de marzo puede haber escrito de muchas cosas, hay tantos temas que llaman la atención, pero para mi este día y hoy, la acción más revolucionaria que voy a hacer es escribirles esta carta de agradecimiento a mis amigas.

Gracias.

Recomendaciones de lecturas:

Claves feministas para el poderío y la autonomía de las mujeres – Marcela Lagarde

Claves feministas para la negociación en el amor – Marcela Lagarde

Witches: The Transformative Power of Women Working Together – Sam George-Allen

El Calibán y la Bruja: Mujeres Cuerpo y Acumulación Originaria- Silvia Federici

La guerra contra las mujeres – Rita Segato