Primeros señalamientos en las inconsistencias del Tren Maya

Nacional
 Imagen: Sitio oficial del Tren May

Escrito por: Karen Maldonado

Han sido imprecisas las declaraciones federales sobre la planificación y el desarrollo del proyecto del Tren Maya, así como el impacto en el ecosistema y las implicaciones económicas. Es claro que los beneficiados están lejos de ser los pueblos indígenas, pero si no son ellos, ¿quiénes lo serían?

Antes que nada, es imperativo señalar que este proyecto prevé su término a finales del 2022. A pesar de esta proyección, su desarrollo ha sido tumultuoso desde un principio, habiendo varias inconsistencias en cuanto a la Manifestación de Impacto Ambiental (MIA), las consultas previas, el respeto a las comunidades aledañas y el convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el cual garantiza los derechos de los pueblos indígenas y su representación en asuntos nacionales. Se cuestiona entonces cuáles son los motivos del misterio y poca transparencia de la información hacia la ciudadanía.

Lo anterior, sumado a factores que en lo ordinario imposibilitarían el progreso del proyecto, sugieren que no es la preservación del ecosistema ni el desarrollo colectivo lo que ha llamado la atención de trasnacionales, líderes económicos y políticos. Hay un interés posicionado en el cumplimiento de este plan de interconexión que sugiere un posible interés personal y no genérico, como se presume.

Uno de los implicados en lo turbio de estos intereses propios es Alfonso Romo, actual jefe de la oficina presidencial de México, de acuerdo con una nota de The Washington Post, quien en 2007 fundó la empresa EnerAll, encargada, durante los últimos 10 años, de una de las mayores explotaciones de agua subterránea en la península de Yucatán. Aunque esta empresa fue investigada y señalada como autora de la destrucción de un cenote, Romo libró la situación penal con el pago de una cuantiosa multa, no sin antes prevenir a futuro su salida operativa concediéndola a otro miembro de su familia. Ahora bien, ¿cuál es el interés de Romo en este proyecto? Continuar sustrayendo agua de los mantos acuíferos explotados —de los cuales su firma ya ha sacado provecho de al menos el 43%— así como un mayor asentamiento, la concepción de un medio que impulse el transporte de sus productos, nuevas inversiones en el campo de la biotecnología —especialmente de la soja transgénica— y, con la migración de las comunidades y la generación de nuevos empleos, Romo pretende captar mano de obra poco remunerada como antes hizo dentro del Grupo Plenus y su subsidiaria EnerAll.

La información aún escasa sobre las relaciones comerciales entre México y China han puesto en duda los intereses del Estado al conocerse que Pemex, con apenas un control insuficiente del 52% de hidrocarburos nacionales, será incapaz de abastecer los requerimientos del tren. Por lo que el diésel utilizado provendrá de los acuerdos con empresas petroleras chinas, siendo estas las que producirán UBA (diésel Ultra Bajo de Azufre) que ni siquiera la futura refinería de Dos Bocas podría elaborar.

Finalmente, otro elemento preocupante es la licitación que obtuvo China Communications Construction Company (CCCC) en el proyecto, ya que esta compañía fue inhabilitada en 2009 por ocho años y nuevamente puesta en disposición ante el Banco Mundial en 2011 al ser partícipe de prácticas fraudulentas.

Es significativo mencionar que el Tren Maya no solo ha sido impulsado por “la 4T”, sino por anteriores administraciones que han buscado, sin mucho, la industrialización peninsular, explotando a todo costo los recursos disponibles bajo distintos nombres como: el plan Alfa Omega, Plan Puebla Panamá, Proyecto Mesoamérica, etc. Ello sin importar la endeblez del suelo peninsular kárstico, los múltiples riesgos geológicos, los posibles hundimientos previstos en Calkiní o Izamal, el riesgo que implica el uso de diésel, la segregación poblacional, la contaminación y agotamiento acuífero, así como la enajenación de tierras y las distintas especies de fauna y flora en peligro de extinción.

La creación de este proyecto no es más que una inversión a gran escala que posibilitará el asentamiento de nuevas empresas, firmas y negocios rentables que exploten el comercio y el turismo al sur de la nación. Se ha homogeneizado la cultura y explotado el folclor Maya, indistinto a las variantes culturales y sociales que existen a lo largo de la región sur de México. Las inconsistencias en este esquema ferroviario arrojan evidencias, apenas obvias, de las verdaderas intenciones de los actores involucrados, las comunidades indígenas y el ecosistema. Especialmente, y a partir de este proyecto, la cultura se ha cosificado y utilizado como mercancía para promover la rentabilidad del país, haciéndolo económicamente más atractivo hacia próximos inversores. El Tren Maya está lejos de cumplir con la premisa que beneficiaría a los pueblos indígenas.

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