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Mario Marín y la violencia contra las mujeres periodistas

Escrito por: Mariana González Correa y Renata Escobar

Mario Marín, exgobernador de Puebla, recibió auto de formal prisión este 10 de febrero por su presunta responsabilidad en el delito de tortura contra la periodista Lydia Cacho, derivado de la publicación de su libro, Los Demonios del Edén, en 2006.

            Tan solo unos días después de su detención en Acapulco, Guerrero, el 10 de febrero se le dictó auto de formal prisión a Mario Marín –exgobernador de Puebla de 2005 a 2011– por el presunto delito de tortura en agravio de Lydia Cacho, periodista y defensora de derechos humanos. Esto después de que, en abril de 2019, el primer Tribunal Unitario en Quintana Roo emitiera órdenes de aprehensión contra Marín, contra el empresario Kamel Nacif, y contra Hugo Adolfo Karam Beltrán, ex subsecretario de Seguridad Pública de Puebla, por su supuesta responsabilidad en la detención y tortura arbitraria de Cacho.

            Antes que nada, es menester hablar de Mario Marín, mejor conocido como “El gober precioso”. Marín apareció en la escena política poblana desde los ochenta, cuando fue secretario de Guillermo Pacheco Pulido, edil de Puebla de 1987 a 1990. Después de una trayectoria política que lo llevó de ser secretario de Gobernación de la entidad de 1993 a 1999, a presidente municipal de la capital de Puebla de 1999 a 2002, llegó a la gubernatura del estado.

Durante su mandato, fue partícipe en diversos escándalos públicos, tales como rumores de corrupción, especulaciones de colaborar en el enriquecimiento ilícito de Enrique Agüera Ibáñez –ex rector de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y candidato a la presidencia municipal de Puebla en 2013– y la revelación de audios en los que supuestamente se muestra que el exgobernador mantuvo una relación con una joven de 16 años en 1999. No obstante, en 2006 se marcó definitivamente su gobierno, ante la salida a la luz de grabaciones telefónicas con Kamel Nacif, en las que se exhibió su presunto involucramiento en la detención y tortura de Lydia Cacho en 2005. 

Ahora bien, ¿qué le sucedió a Lydia Cacho? En 2005 publicó Los Demonios del Edén, que es una investigación sobre una red de trata y explotación infantil en Quintana Roo. En ella, denunció que Kamel Nacif, Mario Marín y Miguel Ángel Yunes Linares –exgobernador de Veracruz– protegían al empresario Jean Succar Kuri, a quien se acusa de comandar una red de prostitución y pornografía infantil. Nueve meses después de la publicación, la periodista fue detenida en Cancún por la Policía Judicial de Puebla, por alegadamente haber cometido los delitos de difamación y calumnia en agravio de Nacif.

Si bien pudo obtener libertad bajo fianza y fue exonerada en enero de 2006, la periodista ha asegurado que durante su traslado a Puebla y su detención, fue violentada y torturada por las autoridades. En palabras de Cacho: “Fueron veinte horas de tortura en un viaje de 1.500 kilómetros en cinco estados de la República mexicana durante toda la noche y un día completos, rodeada con cinco judiciales armados, que me ponían el arma en la cabeza, proferían amenazas de muerte constantes, control de alimentos, en síntesis, tortura psicológica”. Según la defensora de derechos humanos, esto fue con el fin de intentar callarla y desmentir su investigación.

            En febrero de 2006 se difundieron las grabaciones telefónicas entre Marín y Nacif que ya fueron mencionadas. Entre los comentarios que se realizaron en esta, Kalem Nacif mencionó que, mediante contactos del Centro de Reinserción Social en el que estuvo Lydia Cacho, encargó que le mandaran con las “locas y tortilleras” para que fuera violada cuando ingresara. A raíz de lo anterior, Cacho denunció a Mario Marín y Kalem Nacif ante la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos Relacionados con actos de Violencia en Contra de las Mujeres y la Fiscalía Especial para Delitos Cometidos Contra Periodistas.

            En abril del mismo año, la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) recibió copias del expediente, con el objetivo de determinar si era procedente que una comisión de ministras y ministros investigara el caso. Pese a que la Corte sí inició la investigación por el delito de tortura, en 2007, la desechó por voto de la mayoría de las y los ministros, argumentado que no se comprobó la violación de los derechos humanos de Lydia Cacho. Por ello, la SCJN dictó que el caso podía ser resuelto en las instancias jurisdiccionales comunes. Sin embargo, regresar a estas instancias representó un detenimiento en el proceso penal hasta 2019.

            Luego de la presión internacional impuesta por el Comité de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas sobre la falta de obtención de justicia para Lydia Cacho, en enero de 2019, el Estado mexicano reconoció sus fallas y ofreció una disculpa pública a la periodista, por la violación de su derecho a la libertad de expresión, por su detención arbitraria, por usar la tortura como instrumento de investigación, “por la violencia y discriminación en razón de su género, y por la impunidad y corrupción alentada por las instituciones”.

            En abril de ese mismo año, María Elena Suárez Préstamo –magistrada del Primer Tribunal Unitario de Quintana Roo– revocó un acuerdo del Juzgado Segundo de Distrito de dicha entidad, donde se negaba librar una nueva orden de aprehensión en contra del ex gobernador de Puebla. Esto permitió a la jueza emitir el mandamiento judicial para detener a Mario Marín y continuar el proceso penal por el presunto delito de tortura.

            Con la aprehensión y la declaración de auto formal prisión en contra de Marín, el caso de Lydia Cacho podría acercarse un paso a la obtención de justicia, 15 años después de los acontecimientos. Empero, para Article 19, organización que ha acompañado a Cacho desde el inicio: “la justicia no será plena hasta que el ex gobernador sea condenado y, junto a él, todos los autores intelectuales que permanecen prófugos”. Sin embargo, este acercamiento cobra especial relevancia porque la periodista ha vivido amenazada de muerte y ha sufrido constantes agresiones desde 2006. Por ejemplo, en julio de 2019 dos sujetos allanaron su domicilio en Puerto Morelos, Quintana Roo; mataron a sus perras, cometieron actos de violencia de género en su contra y, particularmente, robaron su equipo de trabajo y “material periodístico altamente sensible”, según la organización Article 19. En entrevista con Radio Fórmula, Cacho relató que los sujetos tomaron todo lo relacionado con Succar Kuri, Kamel Nacif, Mario Marín y Miguel Ángel Yunes Linares, aunque destacó que ella tenía respaldos de la información.  

            Ante la declaración de formal prisión de Mario Marín por el caso de presunta tortura de Lydia Cacho, es notable el contexto de violencia contra las mujeres periodistas en México. De acuerdo con el Programa de Libertad de Expresión y Género de Comunicación e Información de la Mujer (CIMAC), de 2002 a junio de 2020, se registraron 898 agresiones contra mujeres periodistas en México, entre ellas 19 casos de feminicidio.

Sobre dicho contexto, Lydia Cacho, en entrevista con Boell, expresó que se ha propuesto hacer reflexionar a la sociedad mediante historias. No obstante, para ella, esto ha traído un contragolpe: “el machismo recalcitrante y el conservadurismo patriarcal que quiere volver al status quo”. Bajo este tenor, la periodista comentó: “Todas las formas de violencia que estamos viviendo las periodistas y las defensoras tienen que ver con intentar silenciarnos, acallarnos, distraernos de nuestro trabajo y de nuestra paz interior, de nuestra vida afectiva, amorosa, para que dejemos de trabajar, nos quieren tener entretenidas a golpes”.

Según Cacho, para que el periodismo traiga transformación social, se debe hablar de la guerra y del conflicto desde su origen, el cual, indudablemente se vincula con la cultura machista. [1]