Las mujeres, víctimas del crimen organizado: feminicidios en Nicolás Romero

Nacional
 Imagen de La Razón

Escrito por: Daniela Jocelyn Tovar Hernández

El pasado miércoles 8 de julio volvió a ocurrir. La Fiscalía General de Justicia del Estado de México (FGJEM) confirmó que cinco mujeres que residían en la comunidad “El Gavillero”, en Nicolas Romero, fueron brutalmente asesinadas. Tres menores de edad y dos adultas fueron atacadas dentro de su propio domicilio, baleadas hasta morir, solo una menor se encuentra en recuperación en un hospital.

De acuerdo con El Universal, las autoridades del municipio afirmaron que los impactos de bala recibidos por estas mujeres provenían de un arma considerada de uso exclusivo del ejército, por lo que se presume que fuerzas del crimen organizado están implicadas en el acto, sumado al hecho de que en el lugar se encontró un “narcomensaje” referente al saldo de una deuda. Cabe mencionar que, tan solo en el municipio de Nicolás Romero, hay diariamente “12 violaciones, 33 extorsiones y 45 casos de violencia de género”, según una nota del sitio oficial del Partido Acción Nacional, del Estado de México.

El proceso de traslado e investigación fue encabezado por la Fiscal Central de Delitos de Género en compañía de la Guardia Nacional, empleando su respectivo protocolo; el presidente municipal, Armando Navarrete, afirmó que se encuentra dispuesto a colaborar con las autoridades estatales para encontrar y sentenciar a los sujetos responsables. Recientemente se encontró a uno de los presuntos sujetos implicados en el feminicidio, Alejandro “N” quién ha estado implicado en otros asesinatos, con patrones similares, dentro de la entidad.

Estos sucesos inevitablemente nos recuerdan que vivimos en un país en el que el crimen organizado controla y vigila a las mujeres fuera y dentro de sus hogares. La autora argentina, Rita Segato (2016), explica en su libro La Guerra Contra las Mujeres que estos grupos funcionan de manera similar a una corporación o red que “administra los recursos, derechos y deberes propios de un Estado paralelo” y se adueña de un territorio, cuestión que logra a través de la tortura y destrucción del “cuerpo de sus mujeres como parte o extensión del dominio afirmado como propio”. El crimen organizado busca demostrar que sus acciones no son juegos inofensivos, y que las mujeres son sus trofeos; que la jurisdicción del Estado mexicano es sencilla de burlar.

El caso de estas cinco mujeres es uno entre los miles de feminicidios que se registran anualmente en México, un país en el que las autoridades y los medios de comunicación ignoran activamente su tipificación y lo llaman “multihomicidio” o escriben en sus encabezados la frase: “hallan sin vida…”, donde se rechaza que la violencia de género vaya en aumento.

La impunidad que permean los órganos jurídicos continúa abriéndose paso y facilitando la terminación de la vida de miles de mujeres, muchas en condiciones económicas precarias, como las de Nicolás Romero. El gobierno nos ha demostrado que el país le pertenece al crimen organizado, al narco; que como mujeres no podemos escondernos porque disponen de nuestros cuerpos y vidas como si fueran una hoja de papel y no habrá instituciones gubernamentales para protegernos. Les ha resultado fácil ocultar la sangre de miles de mujeres debajo del tapete e ignorar sus gritos de ayuda. Lucrecia, Karen, Abril, Yanai y Karla fueron cinco vidas más silenciadas por el monopolio del narco mexicano.

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