¿La sana distancia realmente termina?

Nacional
(Foto: Notimex).

Escrito por: Daniela Tovar

Luego de que el 28 de febrero se confirmara el primer caso de infección por Covid-19 en territorio mexicano, el gobierno federal se vio obligado a poner en marcha planes y protocolos de salud pública para enfrentar la emergencia entrante; su dispersión activa y el conocimiento sobre el manejo de la contingencia en otros países forzó a las autoridades a tomar medidas drásticas para aminorar el nivel de contagios y evitar consecuencias catastróficas y, en ese sentido, se decidió implementar la Jornada Nacional de Sana Distancia a partir del 23 de marzo, en la cual se determinaron cuatro aspectos a seguir para los ciudadanos del país: el primero se basó en medidas básicas de prevención, como lavado de manos, cubrimiento de boca y nariz al toser/estornudar, saludo a distancia y confinamiento en los hogares, el segundo estableció la suspensión de actividades no esenciales para evitar la aglomeración de personas, el tercero buscó replanificar eventos de más de 5 mil personas, y el cuarto se propuso asegurar la máxima protección de los adultos mayores, al ser estos los individuos con mayor riesgo.

Después de más de dos meses, el pasado 30 de mayo esta estrategia social se dio por terminada, a la vez que se contabilizaban 9 mil 779 fallecimientos y 87 mil 512 casos confirmados en el país, en contraste con lo estipulado por el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell al comienzo de esta etapa de restricción, momento en el cual el país contaba solamente con 367 casos confirmados y 4 fallecimientos.

Inicialmente el fin de la jornada estaba planificada para el día 19 de abril, sin embargo, por el panorama de la situación, fue extendida hasta el 30 de mayo; a partir de esta fecha se planea que el inicio de actividades (esenciales y regulares) se lleve a cabo paulatinamente con base en un semáforo epidemiológico de cuatro colores: los estados en rojo poseen un riesgo máximo de contagio, los que están en naranja un riesgo alto, los amarillos un riesgo medio y los que están en verde un riesgo bajo. Hasta ahora, las actividades de construcción, minería y automotrices son las únicas que se reanudarán, por considerarse de alta prioridad. 

La consumación de este plazo ha generado confusiones en los ciudadanos, muchos asumen que el fin de la Jornada y el inicio de la nueva normalidad implica que el foco de contagio cesó y que se puede regresar a la movilidad masiva pre-pandemia; de acuerdo con una nota del periódico Excélsior, en la Ciudad de México muchas personas empezaron a suavizar -e incluso ignorar- las medidas de protección sanitarias y en general se percibió un aumento importante en el nivel de tráfico vehicular;

Otro punto importante es que, a pesar de que la mayoría de los estados del país se encuentran en el color rojo del semáforo, que quiere decir que aún nos encontramos en un alto riesgo de propagación del virus y no es recomendable volver a la cotidianeidad, los gobiernos de muchos de estos decidieron rechazar dicha herramienta argumentando que no representa la situación en sus respectivas regiones; además el presidente, Andrés Manuel López Obrador, anunció que retomaría sus giras presidenciales, empezando por varios estados del sureste de la república. Todas estas acciones contribuyen a que la reiniciación inmediata de la circulación habitual de los ciudadanos se perciba como legítima y correcta, lo cual, en su lugar, provocará un mayor riesgo de contagio y mayores retos logísticos para el sistema de salud mexicano.   

Entonces, ¿qué significa realmente el fin de la Jornada de Sana Distancia? Es importante que no se interprete como una etapa que concluye simplemente de un día a otro, o como una fecha de corte de la pandemia, sino como un proceso cambiante que se llevará a cabo con avances graduales: a muchas regiones del país le tomará varios meses o incluso años regresar a la antigua normalidad y en cualquier momento pueden perderse los avances logrados hasta el día de hoy. Cada día vemos crecer los contagios en el rango de 200 a 400 nuevos casos, y no podemos asumir que el COVID-19 ya no figura [o figurará] en nuestra realidad, simplemente nos encontramos en el inicio de la etapa final, la cual puede prolongarse durante mucho más tiempo del que llevamos desde el 28 de febrero, o que incluso, podemos retroceder si no procedemos con cautela: la posibilidad de una segunda ola siempre será latente y si no nos cuidamos, en unos meses (o incluso años) podríamos estar de nuevo sumidos en un confinamiento que, como ocurre con el de ahora, no parezca tener fin.

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