La remarcada brecha de desigualdad que encarna el regreso a clases virtuales

Nacional
Fotografía por :Manu Ureste/Animal Político

Escrito por: Andrea Tinoco González

El pasado 24 de agosto, alrededor de 30 millones de estudiantes de educación obligatoria (preescolar, primaria, secundaria y medio superior) reanudaron actividades a través de un esquema televisivo y en línea: el programa “Aprende en Casa II”, destinado a todos aquellos alumnos de educación pública, y aunque esta planeado para que los estudiantes pudieran seguir accediendo a su derecho educacional, dejó ver la fuerte desigualdad que cada día se vive en México.

Por causa de la pandemia por el nuevo coronavirus, el país [y el mundo entero] tuvo que transferir la mayor parte de sus actividades diarias a formato digital, cosa que para la mayoría no significó un obstáculo, pues con el creciente aumento del uso de las tecnologías de la información y la comunicación, las TICs, cada vez es más fácil apoyarse en este tipo de herramientas para casi cualquier ámbito de la vida cotidiana, sin embargo, eso no significa que sea el ideal, pues como todo, la tecnología también tiene sus limitaciones y una de ellas es el poco acceso que se le tiene por parte de aquellos que se encuentran en condiciones de pobreza en zonas urbanas y, por supuesto, en las rurales, donde la situación empeora.

Las diferencias entre clases socioeconómicas en México han estado siempre marcadas, pues es un país en donde el 41.9% de la población se encuentra viviendo en condiciones de pobreza, cifra que se estima aumente considerablemente derivada de la pandemia por covid-19. Según el Programa de la ONU para el Desarrollo, en México solo 44.3% de los hogares cuentan con computadora y 56.4% tienen conexión a internet; la situación se agrava en las comunidades rurales donde la proporción disminuye hasta 20.6% y 23.4%. Por todo esto, el programa Aprende en Casa II tenía entre sus propósitos llegar a aquellas familias que no disponían de computadoras e internet, pues se optó por transmitirse por televisión abierta.

Si bien esto pudo ser una solución para algunos, para otros más los obstáculos continuaron, pues no toda la población dispone de televisores. Según la encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de la Tecnología de la Información en los Hogares del INEGI, tan solo en el Estado de México, alrededor de 211 mil 223 familias no cuentan con televisión y, de los hogares que sí cuentan con uno, solo el 73.6% se trata de una digital, misma que es necesaria para poder sintonizar los programas. Como resultado, muchas familias tuvieron que invertir dinero que probablemente no tenían en la compra de aparatos tecnológicos para evitar que sus hijos e hijas interrumpieran sus estudios.

Aunado a ello, no solo las familias de estratos bajos dentro de las zonas urbanas encuentran dificultades dentro de esta situación, sino que resulta casi imposible el acceso a esta opción para las comunidades rurales e indígenas, debido a la laguna dentro del diseño del programa, pues no se tuvo en consideración abarcar todos los rincones del país como dichas comunidades, las cuales desde incluso antes de la pandemia carecían de servicios básicos como electricidad o agua corriente, y mucho menos internet o aparatos tecnológicos, ni siquiera contaban con escuelas en condiciones favorables, ya que o estas se encontraban deterioradas y carentes de maestros y materiales o estaban posicionadas en zonas muy alejadas a las viviendas de algunos o ambas.

Ahora, estas comunidades se enfrentan a un escenario más grave, pues no solo se encaran a la ausencia de escenarios para que los más jóvenes continúen sus estudios sino que, en caso de que contadas familias posean con algún televisor, es poco probable que este fuera digital. Por si no fuera poco, en zonas cercanas a las sierras y alejadas de núcleos poblaciones, es altamente probable que llegue la señal digital por lo que, sí tenían la fortuna de contar con los elementos físicos, la ausencia de la red en dichas zonas la anula.

Es verdaderamente alarmante la omisión que se hizo a las comunidades más desfavorecidas, aquellas que se encuentran en una escala de pobres entre los pobres. Para muchas de estas familias, los jóvenes representaban una esperanza para la comunidad y, de cualquier manera, el servicio de educación de calidad es un derecho otorgado por omisión, por lo que resulta más lamentable la falta de un sistema incluyente para cada uno de los habitantes de la nación. Es cierto que la realidad actual figura un declive en la conversación, social, de salud y económica de todos en el país, sin embargo, la más cruda realidad que sí nos afecta a todos es que esta pandemia vino a desnudar la pobreza que tapándonos los ojos y haciéndonos de oídos sordos, decidíamos ignorar.

Al fin y al cabo, la situación dejó ver de manera más directa que la educación en México no era ni es para todos. 

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