La democracia al servicio del algoritmo

Nacional
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Escrito por: Carlos Blanco

“Benditas redes sociales” dijo el presidente de México cuando ganó, a su tercer intento, las elecciones presidenciales. Barak Obama centró su primera campaña en una estrategia basada en la red. Donald Trump contrató a una agencia de comunicación para manipular las redes sociales (específicamente Facebook) para ganar las elecciones presidenciales.

Hoy más que nunca la internet está presente en nuestras vidas, en nuestra vida política y particularmente en el juego y las reglas de la democracia, ¿es ético manipular las redes sociales para ganar una elección? Aquella frase que ya posee la vox populi: “el fin justifica los medios” está más presente que nunca y pone a prueba la solidez de las democracias.

La internet es uno de los medios más empleados para comunicarnos en la actualidad y, así como tiene sus ventajas para la democracia, como un mayor acceso y un intercambio global de información más sencillo, o una inclusión de grupos que antes estaban excluidos como, por ejemplo, las campañas en favor de los pueblos originarios o de la población reclusa, también tiene sus desventajas y retos, como la saturación de información, o infodemia, el uso de información errónea o imprecisa, la construcción de mentiras y, en general, la manipulación de verdades o mentiras a medias para conseguir influir en las emociones de los potenciales votantes.

Los grandes potentados digitales representados en Google, Amazon, Facebook, Twitter, Instagram o TikTok, además de los proveedores de internet, hoy más que nunca tienen concentrado el poder y pueden, con sus limitantes, si es que las hay, poner y quitar a dirigentes gubernamentales. ¿Es esto bueno para la democracia?

La tradición del pensamiento liberal económico y democrático nos ha enseñado que los monopolios y la concentración del poder en manos de potentados con dudosos conflictos de intereses puede ser peligrosa pues, entre otras cosas, para efectos de gobernar pudiera ser más “útil” imponer a un autócrata o dictador que responda a los intereses de estos potentados. Hasta aquí son solo especulaciones, no obstante, queda claro que con el desarrollo de las nuevas tecnologías los gigantes tecnológicos pueden manipular, a través de los algoritmos, a la población en general.

La internet no nació, al menos eso quiero creer, para manipular a la población, sino más bien para ponerla al servicio de la humanidad y, aunque si bien nació de un proyecto militar, los medios y las redes sociales no son el problema en sí, sino más bien, cómo se utilizan. El algoritmo es una fórmula para crear perfiles y crear tendencias, identificar necesidades, conocer ideologías, preferencias y formas de pensar que puedan dirigir y, sobre todo, consumir contenido y publicidad comercial, entre otras cosas.

Pero por supuesto que la política también es un mercado, también el algoritmo puede ponerse al servicio de ella bajo dos perspectivas: 1) aumentar el debate público, diversificar las voces de los actores y aumentar y mejorar la calidad de la información y del conocimiento; y 2) hacer campañas políticas buscando manipular la información de tal manera que beneficie al mejor postor. Esto último representa un caldo de cultivo para el tráfico de influencias, el conflicto de intereses y, sobre todo, pone en peligro, en cierta medida, la calidad de la democracia y la democracia misma.

Tenemos pues un reto muy importante en nuestro presente y en nuestro futuro inmediato, pues permitir que el algoritmo supere a la democracia puede suponer la negación de un valor fundamental de la misma: nuestra libertad. ¿Quién o quiénes deberán poner los límites?

Pienso que todos, como sociedad, deberíamos ser cómplices para enderezar el barco, tanto lo gigantes tecnológicos autorregulándose como los ciudadanos involucrándose en los asuntos públicos, cuestionando y presionando para que la mentira y la manipulación no terminen por instalarse en nuestras sociedades, o al menos no en las redes y medios sociales.

Carlos Gonzalo Blanco Rodríguez

Abogado Internacionalista

@cgonblanc

1 comentario sobre "La democracia al servicio del algoritmo"

  1. Me gustó la síntesis de un análisis que puede llevar horas discutir. Creo que el autor está en lo cierto, la responsabilidad sobre la influencia de la internet, y redes sociales, recae en una relación interdependiente de los medios informativos y la sociedad que los consume.

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