La crisis de seguridad: detrás del atentado a García Harfuch

Nacional
Imagen por Marcus Trapp, de Pixabay.

El pasado 26 de junio, el Secretario de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México, Omar García Harfuch, sufrió un atentado perpetrado por un grupo delictivo, supuestamente, el Cártel Jalisco Nueva Generación. Durante las investigaciones, las autoridades de Seguridad y del Centro Nacional de Inteligencia informaron que ya tenían información de amenazas de muerte a funcionarios desde hace algunas semanas pero ¿cuál es el contexto del narcotráfico?

El narcotráfico en México existe desde principios del siglo XX, los contactos entre Asia y México, por medio del estado de Sinaloa, iniciaron un puente para que se empezara a comercializar droga en América. Durante los 80s, se empezó a sistematizar hasta llegar a colusión con gobiernos locales.

La situación cambió en 2006 cuando inició la llamada Guerra contra el Narcotráfico, durante el gobierno de Felipe Calderón; el ejército mexicano y la policía federal intervinieron directamente para combatir a los distintos cárteles que existen en el país y, más aún, mitigar los conflictos entre ellos. Desde entonces, la situación de seguridad ha sido objeto de controversias y polémicas, principalmente por las consecuencias y resultados de dicha guerra.

En México han operado alrededor de 15 cárteles, distribuidos por todo el territorio. Los más relevantes actualmente, en términos de volumen y presencia social, se concentran en el norte y el oeste del país, como el Cártel Jalisco Nueva Generación y el Cártel de Sinaloa, por mencionar algunos. Muchos de ellos ya han sido desarticulados -de acuerdo con las autoridades- como Los Zetas o La Familia Michoacana.

En la mayoría de los casos, los cárteles están vinculados a otras actividades delictivas como el tráfico de armas, el secuestro y la extorsión, entre otras, la compra-venta de drogas está muy relacionado a las demás. El tráfico de armas constituye otro problema de seguridad nacional derivado en muchos sentidos del anterior, en México la dificultad para conseguir armas de manera legal es notablemente difícil, por lo que inevitablemente se involucran a organizaciones criminales de otros países, principalmente de Estados Unidos.

El papel de los gobiernos en estos temas ha sido a lo largo de la historia [y es actualmente] una de las polémicas más relevantes en cuanto a la seguridad de los ciudadanos. La compra-venta de drogas en territorio mexicano es apoyado en la cadena de producción por rutas de transporte ilícitas en todo el continente, particularmente con países como Colombia y varios de América Central, mientras que las líneas de tráfico de armas involucran más bien a la frontera norte del país, límite con los Estados Unidos y país en el que conseguirlas es particularmente fácil en comparación con muchos otros.

Cabe recalcar que, para que exista un proceso de comercialización como tal, se necesita de un consumidor al final de la cadena. En este sentido, Estados Unidos y Europa son los consumidores más grandes de la “industria”, en un proceso que inicia en las zonas rurales de América Latina y del Sudeste Asiático, y termina en Los Ángeles o en alguna ciudad en Francia o Alemania.

Este es precisamente el debate de muchos especialistas, quienes consideran que más bien el combate al narcotráfico se debería enfocar, sí desde el origen, pero también desde el objetivo final individual…. sin alguien que compre drogas, eventualmente no habrá quien las venda.

Otra perspectiva en el polo opuesto es la legalización de narcóticos como la marihuana y los hongos alucinógenos ya que, al dejar de ser actividades delictivas, abrirían el camino para una regularización del consumo y producción de las mismas, como sucede en Canadá o en algunos países de Europa.

En México, es extremadamente complicado crear un plan o adoptar una de estas perspectivas. El panorama de seguridad es bastante complejo, históricamente, fenómenos como la corrupción y la colusión han estado ligados íntimamente al narcotráfico y actividades delictivas relacionadas. La polémica -permanente- que representa la “guerra contra el narco” iniciada por Calderón y que ha dejado miles de muertes civiles, así como los supuestos nexos del federal con grupos de delincuencia organizada, han llevado a algunos expertos a nombrar a México como un “narcoestado”, a la altura de Afganistán o Guinea-Bissau, países cuyas instituciones están influenciadas en gran medida por el comercio de drogas.

La creación de políticas públicas que realmente tengan efectos positivos sobre estas problemáticas requiere de un análisis extremadamente profundo y que tome en cuenta cada enfoque y ámbito de la industria, desde lo químico hasta lo diplomático y, mientras esto no suceda, la pregunta seguirá siendo la misma:

¿Cuándo terminará la crisis de seguridad que se vive en México?

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