Hablemos de desigualdades… y de menstruación

Espacio Feminista Nacional

Las mujeres en edad fértil representan un 60% de la población femenina en México y muchas de ellas se encuentran viviendo en situación de pobreza y pobreza extrema. A pesar de que la menstruación es una situación biológica inevitable para las mujeres, el Estado mexicano se ha negado a contemplar los productos de higiene menstrual como necesarios, dándole así la espalda a millones de mujeres mexicanas.

Ilustradora: Ivana Carrizalez – Instagram @ivanirri.art

Escrito por: Carolina Nava Estrada

Para comenzar, hablemos de cifras


De acuerdo al Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y a la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (ENADID​) realizada en el 2018, dentro del territorio mexicano hay 125 millones de personas de las cuales el 51.1% son mujeres. La vida fértil de las mujeres se encuentra entre los 12 y 55 años de edad, por lo que el 60% de esta población se encuentra entre estos límites de edad.


Es decir, las mujeres pasan alrededor de de 40 décadas gastando en productos de higiene menstrual como toallas, tampones y copas; a pesar de que este gasto es de primera necesidad, en México no existe un órgano regulador para los precios de estos productos, ya que al ser de uso exclusivo para las mujeres y personas menstruantes, no son comparables con otros en el mercado y el precio es decidido únicamente por los fabricantes.


Se calcula que una mujer usa en promedio ​11.000 tallas y/o tampones en toda su vida​, lo que sería alrededor de 275 toallas al año que significa un costo de $600 anuales y que haría de estos productos poco accesibles para gran parte de las mujeres en México, según la ​Encuesta Nacional de Ingreso y Gasto de los Hogares ​(ENIGH)​, los productos de higiene menstrual presentan un 6% del ingreso total en los hogares.

Ahora, hablemos de género y de desigualdades


Es necesario admitir una realidad dolorosa: en México la desigualdad tiene género. Esta desigualdad impone un sinfín de desventajas para las niñas y las mujeres por el simple hecho de serlo, haciendo que los retos que enfrenta en la sociedad sean más difíciles de sobrellevar. Uno de los retos que se enfrentan las mujeres en México es la brecha salarial que se ve reflejada en los datos de la ​Secretaría del Trabajo y Previsión Social del 2020​, que arroja cifras que comprueban que los hombres tienen un salario diario de $416.4 frente a los $363.5 que ganan las mujeres, dejando una diferencia del 14.6%. Además, las mujeres presentan una menor participación económica en México, con sólo un 44% de mujeres que se encuentran trabajando o en busca de empleo a diferencia del 77% de la población masculina.

¿Y la menstruación?


Por las razones enunciadas anteriormente, y por la innegable cultura tabú que existe alrededor de la menstruación, nace el término pobreza menstrual, que hace referencia a la falta de acceso a productos sanitarios, educación sobre higiene menstrual, saneamiento y gestión de residuos para asegurar una menstruación digna. Ya que, además de las dificultades laborales y económicas que sufren las mujeres mexicanas, es necesario considerar la falta de acceso a servicios de saneamiento y el restringido acceso a baños y agua en áreas específicas de la república como Chiapas, Oaxaca y la Huasteca Potosina hacen que, para las mujeres que habitan estas zonas, exista una barrera más para su desarrollo; ​The Hunger Project México asegura que muchas de las mujeres jóvenes y niñas que viven en pobreza extrema se ven obligadas a dejar la escuela ya que no tienen acceso a toallas sanitarias.

A pesar de esto, el gobierno mexicano ha rechazado en diversas ocasiones iniciativas de ley para implementar el impuesto cero en productos de higiene menstrual, demostrando una vez más, la carente perspectiva de género en políticas fiscales de México. Para cumplir con las necesidades de niñas y mujeres en todo el país, el gobierno mexicano deberá fortalecer sus políticas públicas y enfocarlas a la provisión de productos de gestión menstrual a mujeres en situaciones de vulnerabilidad.

Es necesario recordar, que los productos de higiene menstrual no son un bien de lujo, son bienes básicos e indispensables para millones de personas.

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