Ni oprimidas, ni opresoras

Espacio Feminista

Escrito por: Atenea Pimentel López

Los feminismos como lucha contra el sistema patriarcal reconocen a la mujer como sujeto principal del movimiento. Sin embargo, hay aproximaciones como el antiespecismo que permiten extender la lucha hacia otros seres sensibles a las opresiones del sistema.

Foto: Mano Alzada

El patriarcado es un sistema que justifica la dominación y opresión sobre la base de una supuesta inferioridad biológica. Se trata de un sistema histórico sin fundamentos naturales o justificables que se elevó a la categoría económica y política proyectándose en el orden social.

De esta manera, la opresión puede manifestarse en cualquier comportamiento que refleje y apoye el ejercicio de control o poder sobre otros sin importar la especie; posicionándose como una de las causas más importantes de sufrimiento humano y no humano (Joy, 2019). Este sometimiento otorga un valor moral a todo ser vivo y refuerza los papeles de superioridad a través de la cosificación y desindividualización.

Sabiendo esto surgen varias interrogantes, la primera es ¿quién, además de las mujeres, también se ve oprimido por este sistema? La respuesta es tan sencilla que ni siquiera la consideramos como la primera opción: los animales. Al responder esta pregunta aparece una nueva, ¿por qué? La réplica es un tanto más extensa, pero no imposible de explicar. Por esta razón debemos familiarizarnos con dos conceptos.

El primero es el carnismo, definido como el sistema ideológico invisible que condiciona a la gente a comer cierto tipo de animales (Joy, 2020). El segundo es el especismo, definido como la creencia de que una especie está por encima de otra y, por tanto, es más importante y valiosa teniendo una inclinación a favor de la especie humana sobre otras especies animales.

En conjunto, estos sistemas ideológicos crean distinciones arbitrarias y francamente injustificadas, dando como resultado un patrón de pensamiento que nos convence. Justifica y aprueba la explotación de cualquier animal no humano, teniendo como base la misma estructura que el machismo o el racismo. Por ello, al ser tan característico de un sistema que propicia la opresión, estos comportamientos se normalizan a tal punto que ni siquiera somos conscientes de su existencia. Esto ocasiona que no lo reconozcamos como un problema, provocando convergencia con el machismo haciendo que las ideologías se refuercen mutuamente.

Cuando esto sucede negamos el valor inherente y la dignidad de múltiples grupos e individuos. Alimentamos un sistema que perpetúa la violencia a cualquier escala, explotando principalmente a hembras, crías y a la figura femenina. Al entenderlo nos damos cuenta de que el uso de animales en cualquier situación (comida, vestimenta, entretenimiento, experimentación, etc.) implica su cosificación. Además, protege los papeles de superioridad, estereotipos y prejuicios que nos hacen verlo como algo normal, natural y necesario (Joy, 2020). Esta es la razón por la que nuestro comportamiento y acciones son un acto político que reforzarán nuestra postura consciente o inconscientemente.

Cuando logramos romper con los patrones especistas en cualquiera de estos niveles, no solo dejamos de respaldar a la opresión, también ayudamos a eliminarla. Es así como surge el antiespecismo, conjunto de resistencias en oposición a las creencias de dominación carnista y especista. Derivado de una serie de teorías y prácticas, defiende la idea de que los animales merecen y deben ser respetados, no ser considerados medios ni propiedades de las cuales nos beneficiamos y que tienen derecho a ser libres.

No existe forma humana o compasiva de utilizar, matar o explotar a un animal, inevitablemente culmina en violencia y opresión. En el momento que aceptamos que los animales no son algo sino alguien, nuestra percepción cambia para transformar nuestra realidad y la suya. Esto permite dar el paso hacia la conciencia que nos abre la puerta para llegar a la transformación social, la reconstrucción.

Mientras no seamos capaces de asumir el impacto que tienen nuestras decisiones sobre otros, no seremos libres de elegir y rebelarnos contra el patriarcado. Estar conscientes del especismo nos empodera y nos brinda la posibilidad de escoger un camino que nos lleve a un mundo donde la justicia sea universal, no sólo humana. Saber que detrás de todas nuestras elecciones hay una ideología nos da la oportunidad de decidir cómo y cuánto afectamos la vida de alguien. Que no los conozcamos o sepamos de ellos no nos excusa de la responsabilidad que tenemos con otros seres, que por su especie, se encuentran en una posición vulnerable, desprotegida e ignorada. Por ello, con cada acción que tomemos conscientemente, seremos capaces de protestar libremente para defender a todo ser que ha sido oprimido, invisibilizado y lastimado bajo este sistema opresor.

Los animales no pueden empoderarse por sí mismos, pero podemos defenderlos desde nuestro privilegio humano alzando la voz que ellos no tienen.

“Si no llegamos a la raíz del comportamiento opresivo, entonces corremos el riesgo de replicar estos patrones en nuestros propios movimientos de liberación”, Syl Ko.

Con información de:

Facio, A. y Lorena, F. (2005). Feminismo, género y patriarcado. UNAM. Recuperado marzo 22, 2021, de: https://revistas-colaboracion.juridicas.unam.mx/index.php/revista-ensenianza-derecho/article/viewFile/33861/30820

Joy, M. (2019). Powerarchy. Oakland, CA: Berrett-Koehler Publishers, Inc.

Joy, M. (2020). Why we love dogs, eat pigs, and wear cows. An introduction to carnism. Newburyport: Red Wheel.

PeTALATINO. (2019). Recuperado marzo 21, 2021, de: https://www.petalatino.com/campanas/especismo-justicia-social/

Anexo de sitios web.

Beyond Carnism. Sitio web: https://carnism.org/

Peta Latino. Sitio web: https://www.petalatino.com/

Surge activism. Sitio web: https://www.surgeactivism.org/