Micromachismos: una pequeña tiranía

Espacio Feminista

Los micromachismos son sutiles e imperceptibles, pero dañinos y violentos para las mujeres. La escritora Victoria Sau, los define como “un machismo que por su menor intensidad no mata y pasa desapercibido, es cotidiano y por lo tanto aceptado”.

Escrito por: Stephanie Rivas

Fuente: ONU Mujeres

Los micromachismos son pequeñas acciones, de menor intensidad que el gran machismo, pero igual de preocupantes. Al estar tan normalizados ocurren con frecuencia, lo cual perpetúa y fomenta todas las otras violencias ejercidas contra la mujer. Es decir, este terrorismo íntimo es una de las bases en las cuales se sostienen las demás formas de violencia.

De acuerdo con Luis Bonino, el primero en acuñar este término, estos micro-abusos, violencias blandas o pequeñas tiranías, se pueden catalogar dentro de cuatro tipos. En primer lugar, los utilitarios, que consisten en forzar la disponibilidad femenina con tal de obtener beneficios y suelen afectar principalmente el aspecto “doméstico y cuidador”. En segundo lugar se encuentran los encubiertos, los cuales buscan la imposición de las verdades masculinas con el fin de afectar la voluntad de la mujer e invisibilizar sus deseos y decisiones personales.

En tercer lugar, los de crisis, que surgen cuando las mujeres empiezan a romper la balanza de la desigualdad dentro de las relaciones de pareja. Por último están los coercitivos, donde el hombre usa una fuerza psicológica o moral para ejercer poder, modificar la decisión de la mujer y limitar su libertad. Este tipo micromachismos corresponden a situaciones diferentes, pero tienen en común que producen un daño sordo, irrebatible al bienestar, la autonomía y la independencia de la mujer.

Los piropos, el amor romántico, el azul sea para los chicos y el rosa para las niñas, son algunos ejemplos de estas pequeñas acciones, que suelen hacerse de manera inconsciente y sin conocer el daño de ellos. Un reflejo más visual de esto son los juguetes -por ejemplo, las pequeñas lavadoras- que preparan a las mujeres para formarse dentro de el estereotipo de cuidadoras, perpetuar roles y jerarquizarlas dentro del sistema; mientras que los hombres tienen las aventuras, las historias de héroes, la posibilidad de convertirse en guerreros o astronautas. Desde la infancia tienen poder de decisión, mientras que las niñas se acoplan a una estructura para encajar.

Desde que nacemos y se nos designa un género basado en nuestros genitales empieza esta clasificación mediante estereotipos que afecta tanto a mujeres como a hombres. Sin embargo, a las mujeres nos perjudica en mayor medida. El poder, violencia y miedos que se ejerce, generan pérdida de autonomía, así como traumas, inseguridades y a nos orilla aguardar entre silencios agonizantes, totalmente invisibilizadas.

Al perpetuar esta violencia suave, también se reproduce la idea de que las mujeres tienen que estar divididas, lo cual impide construir redes de apoyo que fomenten el crecimiento personal y sumen al bienestar. Los micromachismos no matan ni violan directamente, pero se encuentran en la base de un sistema de opresión, por lo que no son menos importantes.