La contribución de las nuevas masculinidades a la lucha feminista

Espacio Feminista

“Si algo es indiscutible para las personas, es el significado de ser mujer o ser hombre, los contenidos de las relaciones entre mujeres y hombres y los deberes y las prohibiciones para las mujeres por ser mujeres y para los hombres por ser hombres.” (Lagarde, 1996)

Escrito por: Karin Dilge

Es indiscutible que la sociedad ha creado normas y comportamientos de identidad a partir del sexo en el que se nace y que así se asocia a un género. Pocas veces las regalas de identidad de la masculinidad y su función en la lucha feminista han sido cuestionadas. Sin embargo, buscar la redefinición de la masculinidad puede resultar imperante para la deconstrucción de una identidad opresora y hegemónica. Así me pregunto ¿quién es el verdadero macho alfa?

Lo que pretendo es denunciar y cuestionar a la masculinidad “tradicional” como cómplice y contribuyente a la inequidad de género, y buscar su redefinición.

Empiezo por decir que la deconstrucción del patriarcado no es una lucha meramente correspondiente a las mujeres, sino que los hombres también pueden y deben contribuir a ella (hago énfasis en contribuir). Por medio de una nueva masculinidad, que contribuya tanto al beneficio de expresarse libremente a través del género que cada quién decida tener como para acabar con la inequidad entre hombres y mujeres.

Rodrigo Rosesi realiza un estudio y encuentra que cuando le preguntas a los hombres ¿qué es ser hombre? La mayoría contestan: trabajar, poder mantener a tu familia, ser honesto y ser la “cabeza” de la familia. Entonces, “se genera casi un orden de equivalencias: masculinidad igual a trabajo, a familia, a responsabilidad. Casi como si uno fuera lo otro.” Sin embargo, la masculinidad, al ser un constructo social, es modificable. Además, las características asociadas a lo que es ser un hombre, las puede hacer una mujer de igual manera. Es curioso que la cuarta ola feminista es la que busca la expansión de una definición de una nueva masculinidad, y no los hombres oprimidos por su propia masculinidad. Quitar el típico estereotipo erróneo de lo que es ser un hombre: el que tiene que trabajar y mantener a la familia, tomara tiempo y más sin la ayuda de instituciones y de los hombres.

Cuando el hombre es el que trae todo el dinero a la casa y mantiene a la familia, en la mayoría de los casos, se les adjudica el poder o ellos mismos sienten el derecho a la dominación sobre todos los miembros de la familia, por ser los que cubren sus necesidades básicas para vivir. Este tipo de comportamientos contribuye a la creación de una identidad masculina hegemónica que impide a la mujer desarrollarse dentro de sus propias capacidades fuera de las tareas del hogar, lo que provoca una supremacía masculina en los ámbitos: políticos, económicos y sociales. Es aceptable cuando una mujer por decisión propia, no impuesta, decide quedarse en el hogar y ser ama de casa, lo que se debate aquí es que tenga también la posibilidad de crecer fuera de estas tareas si así lo desea. Esto también se debe considerar de manera opuesta, si un hombre no quiere trabajar y ser el que mantiene económicamente a la familia, lo pueda hacer sin ser visto como un “flojo” o un “bueno para nada” y se quede como padre de casa, sin afectar su masculinidad. Para lograr combatir la desvalorización de las características supuestamente “femeninas” se debe desarrollar y propagar la deconstrucción de la masculinidad hegemónica.

Los estudios de género que se han hecho a partir de la lucha feminista han contribuido a la definición e identificación de diversos tipos de masculinidades, menciono tres.

El primer tipo de masculinidad es aquella que pretende mantener su dominio sobre las mujeres y se considera causa de la violencia en contra de ellas. Es imperativo saber que la socialización de la violencia les ocurre también a las niñas. Gracias a los medios de comunicación masivos, en donde todos los días se aprenden roles de género de manera sútil, el deseo hacia hombres dentro de esta categoría ha sido socializado. Por ejemplo, en las películas en las que el hombre que logra la satisfacción sexual de la mujer es aquel que mata a gente y no aquel que se queda en casa ayudandoii.

Luego están las masculinidades tradicionales oprimidas dentro de las que se encuentran los así llamados “niños buenos”, a los que se les enseña a no ser agresivos, no sexistas y a realizar deberes del hogar. Algunos suelen imitar las actitudes de los “niños malos” al darse cuenta que las mujeres los desean y prefieren a ellos, así se crean ciertos complejos que les provocan inseguridad, y terminan comportándose como “niños malos.” Muchas veces, esta masculinidad es confundida, ya que “el modelo de hombre igualitario ha sido vinculado a aquellos hombres que realizan tareas del hogar,”iii mientras que el lenguaje de deseo y la capacidad de atracción no ha sido modificados, es por eso mismo que la masculinidad oprimida no ayuda a eliminar el modelo tradicional dominante sino que lo refuerza.

Totalmente contrarias a estas dos masculinidades se encuentran las nuevas masculinidades alternativas, representadas por hombres que combinan atracción e igualdad, es decir, no hacen uso de violencia, lenguaje o actitudes que impongan superioridad para conquistar y atraer a las mujeres. Estos hombres “usan su fuerza y coraje como estrategia clave para combatir e incluso ridiculizar las actitudes negativas que proceden de hombres de masculinidad tradicional dominante, como el sexismo o el racismo.”iv Las nuevas masculinidades entienden por fuerza no el poder físico, sino lo opuesto, lograr una fuerza emocional para así poder luchar contra la masculinidad tradicional y todo lo que gira en torno a la superación de esta.

El modelo de masculinidad dominante tiene consecuencias negativas, por el simple hecho de que el hombre tiene que ser el más fuerte y no demostrar sus emociones. Además de la represión de las emociones, el estoicismo, la dominación, la agresividad, la competitividad o el sexismo como algunas consecuencias de dicha masculinidad, otra muy importante es que “los altos índices de criminalidad, victimización y suicidio masculinos se vinculan al llamado silencio emocional que los hace sentir débiles y aislados.”v Para lograr terminar con la desigualdad, dominación y violencia se necesita modificar, implementar y desarrollar las nuevas masculinidades alternativas en espacios sociales.

Es cierto que la necesidad de identidad de las personas es básica para la construcción personal y para una construcción social en armonía con la alteridad, sin embargo, continuar con la perpetuación de una identidad masculina hegemónica supone un atentado en contra de la satisfacción de otras necesidades. Una identidad masculina hegemónica, establecida por un grupo con mentalidad obsoleta y tradicional, satisface las necesidades de identidad y protección, pero niega y representa un obstáculo para el pleno desarrollo de otras necesidades, como la del entendimiento y la libertad.

Cuando la identidad personal de cada uno se desarrolla en un ambiente rodeado de estereotipos que se aprenden socioculturalmente, con relaciones intersubjetivas poco espontáneas y comunicativas, mayor es la posibilidad de aumento del potencial misógino, racista, xenófobo y homófobo, ya que el “Otro” representa una amenaza para la propia identidad, cuando en realidad es parte del proceso de creación de la misma y del fin de un egocentrismo y de una identidad masculina hegemónicavi.

La identidad masculina hegemónica que se reproduce hasta el día de hoy no sólo representa una barrera para la superación de la equidad de género, sino que también para el desarrollo íntegro de la identidad de los hombres.

Los nuevos modelos de masculinidades alternativas pretenden conectar el atractivo con igualdad y no con violencia, es por eso, que en mi opinión, el macho alfa es aquel que no sigue las reglas de la masculinidad inventadas por la sociedad sino aquel que las cuestiona y actúa de acuerdo a su personalidad igualitaria, sin obedecer la que se le adjudica. Los hombres que intentan demostrar su “superioridad” a través de la fuerza, demuestran lo poco hombres que realmente son, ya que toman ventaja de su complexión física para no sentirse “inferiores” frente a las mujeres y ocultar todo sentimiento de vulnerabilidad.