Glorieta de las Mujeres que Luchan y la apropiación del espacio público

Espacio Feminista

Madres de mujeres desaparecidas y víctimas de feminicidio, instalaron una antimonumenta, en el espacio que antes ocupaba la estatua de Cristóbal Colón, renombrando el lugar como Glorieta de las Mujeres que Luchan

Escrito por: María Fernanda Sandoval

Foto: Sáshenka Gutiérrez Valerio (@sashe)

Madres de mujeres desaparecidas y víctimas de feminicidio, y colectivos feministas instalaron una antimonumenta, en el espacio que antes ocupaba la estatua de Cristóbal Colón, renombrando el lugar como Glorieta de las Mujeres que Luchan

El pasado 25 de septiembre, en la antigua glorieta de Colón en Paseo de la Reforma, se instaló una escultura de madera de una mujer con el puño levantado de casi dos metros de altura. Para las personas que hicieron la intervención “este lugar es desde ahora la Glorieta de las Mujeres que Luchan y está dedicada a aquellas que en todo el país han sufrido y enfrentado violencias, represión y revictimización por luchar contra las injusticias […] la Glorieta es de todas las mujeres que con sus luchas han construido nuestra historia, las que sostienen este país con dignidad”.  

Al día siguiente, las autoridades de la Ciudad de México cubrieron la intervención con pintura blanca. Sin embargo, ese mismo día grupos de feministas y familiares de mujeres desaparecidas volvieron a intervenir las vallas. Claudia Sheinbaum,  jefa de gobierno de la Ciudad de México, dijo que la antimonumenta sería retirada, pues se mantiene el objetivo de que ese espacio sea dedicado a las mujeres indígenas. 

Cabe señalar que esto ocurre después de la polémica obra “Tlali” de Pedro Reyes. Esta escultura, que representaba la imagen de una mujer indígena, fue cancelada después de que más de 350 personas relacionadas al medio, entre ellas numerosas artistas, firmarán una carta en contra de la participación de Reyes en el proyecto. “Nos parece inadmisible la elección de Pedro Reyes, un artista hombre que no se autoidentifica como indígena, para representar a ‘la mujer indígena’: así, generalizada, negando con ello la particularidad y diversidad de las mujeres que se autoidentifican como miembros de pueblos y naciones originarias, y poniendo su imagen en manos de la mirada de un hombre blanco-mestizo” expone la carta.

Durante distintas manifestaciones, la estatua de Cristóbal Colón ya había sido grafiteada y hasta intentaron derribarla. Lo anterior también ha ocurrido en otros países con monumentos a figuras históricas relacionadas con el pasado colonial y esclavista. Este año, la conmemoración de los 500 años de la caída de Tenochtitlan, avivó el debate.

Ante la respuesta de Sheinbaum, el colectivo Antimonumenta Vivas nos queremos respondió en su perfil de instagram recordando que la Glorieta es de todas las mujeres que luchan y han luchado a lo largo de la historia y reiteraron su respeto hacia las mujeres indígenas. “Sea cual sea su decisión, que confiamos sea la más sensata debido al grupo de mujeres que cuidará de ello, este lugar es desde ahora la Glorieta de las Mujeres que Luchan y estará dedicada a aquellas que en todo el país han enfrentado las violencias, la represión, y la revictimización por luchar contra las injusticias”, se lee en la publicación de Facebook.

La intervención de espacios públicos por colectivas feministas no es nueva. La primera Antimonumenta se construyó frente al Palacio de Bellas Artes en la Ciudad de México durante la marcha en conmemoración del Día Internacional de la Mujer, el 8 de marzo de 2019. Activistas y colectivas feministas pagaron la construcción, levantamiento y protección de la escultura.

La Antimonumenta es un símbolo de memoria colectiva a las víctimas de feminicidio en México, así como la impunidad que azota a sus familias. En la placa de la escultura se lee En México 9 mujeres son asesinadas al día, ni una más. A esta Antimonumenta se le suman otras en el Estado de México, Jalisco, Chiapas y Quintana Roo. 

Para la arquitecta, Susana Torre, el espacio público y los monumentos se han construido como lugares que cuentan una​ historia, que tiende a ser identificada con la historia oficial. Sin embargo, en el contexto de extrema violencia que se vive en México, el espacio se convierte en un amplio espacio doliente compartido, en donde ocurre la violencia, pero también se reflexiona y se protesta contra ella.

De esta manera, los anti-monumentos se configuran como una estrategia para reconstruir la historia desde un punto de vista diferente: el de las disidencias. En este sentido, la ahora Glorieta de las Mujeres que Luchan se convierte entonces en un recordatorio de la historia y vida de miles de mujeres  que los discursos oficiales buscan ignorar.