El peligro de legislar sin perspectiva de género

Espacio Feminista
Foto: ISBAELPAVIA

Escrito por: María Fernanda Sandoval

El gobierno de la Ciudad de México prohibió la comercialización de productos de plástico, entre ellos los tampones. Esta medida pone en jaque a miles de mujeres que ahora se ven obligadas a buscar alternativas para la gestión menstrual.

El 1 de enero de 2021 entró en vigor la ley de prohibición de plásticos de un solo uso en la Ciudad de México (CDMX). Productos como cubiertos de plástico, platos, charolas, popotes, bastoncillos y tampones de aplicador desechable dejaron de comercializarse. Este último, siendo un producto de gestión menstrual, es imposible de encontrar en las 16 alcaldías de la CDMX. Aunque existen distintas alternativas para estos productos, la gran mayoría no se encuentran al alcance de miles de mujeres y personas menstruantes.

La secretaria de ambiente de la CDMX, Mariana Robles, señaló que los tampones “no son realmente indispensables”, mientras que varias senadoras llamaron a utilizar la copa menstrual. Esta alternativa, además de tener un costo promedio de entre 300 y 600 MXN, se encuentra en venta principalmente en tiendas línea, lo que dificulta su compra en un país como México, en donde el 30% de la población no tiene acceso a internet. Asimismo, el uso de este producto requiere de un lavado y sanitización que, para los más de 260.000 hogares en la CDMX sin agua corriente, resulta imposible.

Por su parte, la legisladora Alessandra Rojo de la Vega, señaló que es necesario promover el uso de este producto y exigir al Estado que “reconozca la menstruación como un tema de salud pública, que debe ser atendido y que deben entregar de manera gratuita productos para la gestión menstrual”. No obstante, prohibir productos como los tapones, previo a garantizar un acceso gratuito a sus

alternativas, resulta perjudicial para miles de mujeres, particularmente a aquellas que se encuentran en situaciones más vulnerables.

Anahí Rodríguez, portavoz de la asociación Menstruación Digna México, asegura que el gobierno capitalino no tomó esta decisión con una perspectiva de género. De acuerdo con Rodríguez, al eliminar una de los principales productos de gestión menstrual de los supermercados, sin establecer estrategias para el fácil acceso a sus alternativas, limita las decisiones que pueden tomar las mujeres y personas menstruantes. De la misma forma, advierte de las consecuencias que podría traer esta prohibición, como el ausentismo escolar y laboral. De acuerdo con la Unicef, se estima que en Latinoamérica el 43% de las estudiantes en periodo menstrual prefieren no asistir a la escuela. Estas ausencias, una o dos por mes, al final acumulan un importante rezago educativo.

Por otro lado, las bolsas de plástico, platos, charolas, popotes y vasos continúan siendo distribuidos y comercializados en mercados populares de la ciudad, tiendas de servicio y algunos supermercados. En este sentido, la ley es mucho más estricta con los productos de gestión menstrual, mientras que otros productos de salud, como los condones y jeringas, quedaron excluidos. La realidad es que la gestión menstrual es una primera necesidad para miles de mujeres y personas menstruantes, y no proveer alternativas para ellas evidencia que para el gobierno capitalino no es un asunto de salud pública.

Para Archana Patkar, Coordinadora de Género y Derechos Humanos en UNAIDS, exigir que las mujeres adopten estas medidas, mientras se continúa estigmatizando la menstruación, es discriminatorio.“Ahora se supone que debemos decirles [a las mujeres] que tienen que pensar en el medio ambiente y los Objetivos de Desarrollo Sostenible… ¿Por qué? ¿Las mujeres siempre tienen que asumir la responsabilidad, la doble carga de todo? ¡Por el medio ambiente, los niños, las familias, todo!” argumenta Patkar.

Además, es importante recordar la negativa de la cámara de diputados para eliminar el IVA a productos de higiene menstrual el año pasado. Lo anterior, aunado a la brecha salarial en México, pone en una situación de desventaja enorme a las

mujeres y personas menstruantes, particularmente aquellas sin cuentas bancarias ni acceso a agua corriente.

Las mujeres y personas menstruantes requieren de productos de higiene menstrual por 40 años de su vida, y se estima que adquirir estos productos asciende 34 mil pesos. Así mismo, la desinformación y estigmatización de la menstruación continúa siendo el común. En México, se estima que solo el 5% de los niñas y niños cuentan con información precisa sobre la menstruación .

En definitiva, es urgente que la menstruación deje de ser considerada un asunto privado y se convierta en parte de la salud pública. La carga de reducir el impacto medioambiental no debería recaer únicamente en las mujeres.