¿Está lista la legalización del Cannabis en México?

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foto: meridiano.mx

El 10 de marzo se aprobó el dictamen que expide la Ley Federal para la Regulación del Cannabis pero, ¿qué consecuencias podría tener?

El pasado 10 de marzo, con 316 votos a favor, 129 votos en contra y 23 abstenciones, la Cámara de Diputadxs aprobó en lo general el dictamen que expide la Ley Federal para la Regulación del Cannabis, así como reformas a la Ley General de Salud y al Código Penal federal en temas relacionados con la cannabis. Si bien esto no implica que la marihuana ya esté despenalizada, pues falta la ratificación del Senado de la República, sí representa un avance en la iniciativa que se ha tenido para usos recreacionales. Este esfuerzo ya había conseguido la aprobación de la marihuana para uso medicinal y una sentencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación que señalaba la prohibición del uso lúdico de la marihuana como algo inconstitucional en el 2017.

De aprobarse, las personas en México podrían portar hasta 28 gramos de marihuana y tener hasta 6 plantas de marihuana en casa. De la misma manera, lxs adultxs podrían comprar cannabis en negocios autorizados. Así mismo, se permitiría la producción en mayor escala para grupos autorizados y un sistema de licencias para la siembra, el cultivo, la cosecha y la venta de marihuana y derivados con cannabis no psicoactivo en México, las cuales estarán a cargo de la Comisión Nacional contra las adicciones. Con estas medidas, México se convertiría en el tercer país del continente americano, después de Canadá y Uruguay, con un mercado de Cannabis de uso lúdico legal a nivel nacional y, potencialmente, en uno de los mercados más grandes de marihuana.

Esta noticia trae a la conversación muchos temas de particular relevancia en nuestro país, considerando sobre todo aquellos relacionados con la violencia originada por el crimen organizado, además de los macroeconómicos, de salud y seguridad social y, en cierta medida, del fortalecimiento del tejido social mexicano.

¿Estamos cerca de responder a todas inquietudes que aquejan a la población mexicana?  En términos honestos, poco.

Recientes declaraciones sobre el mercado y el aumento creciente de nuevas drogas nos permiten asegurar que la marihuana no es uno de los mercados más rentables del narcotráfico en México, reconociendo además la fuerte demanda de cocaína en los Estados Unidos, y la relación de nuestro país en la satisfacción de esta demanda. 

Esto quiere decir que la marihuana no representa la principal fuente de ganancias de muchas de las asociaciones delictivas que se dedican a traficar ilegalmente hacia el otro lado de la frontera, lo que se traduce en que las actividades ilícitas de estos cárteles no se vean considerablemente reducidas. A esto podemos agregar que la marihuana es legal en 15 estados de nuestro vecino del norte, lo cual reduce comparativamente el incentivo de estos para adquirirla de manera ilegal a través de ellos, mientras el beneficio y la necesidad de las sustancias prohibidas, permanece. En este tenor, es importante considerar que, mientras la demanda de estos narcóticos no disminuya en los Estados Unidos de América y su gobierno no tome responsabilidad de su parte, es poco probable que la violencia del crimen organizado relacionada con el tráfico de drogas disminuya.

En esta misma línea, es probable que las organizaciones delictivas busquen alternativas con las cuales compensar las ganancias que se tenían a partir de la comercialización de la marihuana. Esto normalmente se puede materializar en secuestros, extorsiones, migrar a otras actividades como el robo de combustibles o huachicoleo,robos, violencia, etcétera. Es posible entonces, que esto necesite de medidas más profundas y que se vuelva un problema constante, incluso aunque se legalizara el uso recreativo de todas las drogas en nuestro país, siempre tomando en consideración todas las implicaciones que puede tener la implementación de una política pública.

En términos de productores locales, algunas plantaciones se encuentran en zonas que son consideradas marrones, las cuales no pueden ser sujetas ni siquiera al control de las propias entidades federativas. Esto permea en la capacidad que tienen lxs productorxs locales para materializar los beneficios de las reformas, pues es poco probable que las estructuras delictivas de su contexto les permitan comercializar de manera libre sus productos.

Ahora, sobre la persona que consumiría el producto al final, la situación tampoco es tan favorable. La asociación México Unido Contra la Delincuencia señala que la penalización se mantiene, solo que ahora a partir de los 28 gramos. Este límite en la posesión implica que la criminalización, la politización, las extorsiones y todos aquellos problemas a los que se enfrentaban antes lxs condumidorxs siguen existiendo sin mencionar que, dadas las estructuras racistas y clasistas del sistema, esta criminalización termine por afectar a los sectores más vulnerables de nuestro país.

¿Esto implica que todo está perdido? Tampoco.

Desde el lado positivo, esto nos permite entender dos cosas. La primera es una reducción en la estigmatización – al menos parcial – de las personas que consumen esta sustancia, lo cual es positivo en medida en que permite un mayor acercamiento a las autoridades y a otras personas, que a su vez, implica que haya menos juicios y por lo tanto, más posibilidades de tratar problemas de adicción; también nos permite tener mercados mucho más regulados que garanticen la seguridad de las personas que consumen, en medida en que la sustancias pueden ser mejores y el control de calidad aumenta.

Potencialmente, esto también permitiría al gobierno mexicano tener una sistematización de datos relacionados con el consumo que, de ser utilizados de la manera correcta, pueden acercarnos a mejoras en temas de adicciones, “drogas de entrada”, focalización de zonas de consumo y potencial violencia. Tener visibilidad de estos datos, al menos provee información que puede ser utilizada en el fortalecimiento de nuestras políticas públicas.

Aunque personas han intentado puntualizar que los efectos de esta medida en realidad no pueden ser tan benéficos, algo que queda en la parte trasera de nuestras mentes es el aprovechamiento económico neto que tiene. Este argumento sostiene que, dada la cantidad de personas que viven en México, el tamaño del mercado es lo suficientemente grande como para ser muy atractivo, lo cual se traduce en inversión y generación de empleo en todos los sectores que ahora estarían involucrados en la comercialización de cannabis.

A este argumento podemos responder que en realidad solo se concentrarán en ciertos grupos privilegiados las ganancias y que en verdad no existirá una democratización del mercado, sin embargo, eso es un problema de fondo en el panorama económico de nuestro país que poco tiene que ver con la regulación de la marihuana. Podemos afirmar entonces que existen beneficios marginales en términos económicos para la población mexicana derivada de un mercado que se vuelve comparativamente más competitivo, del cual el gobierno puede generar ingresos a través de la tributación. 

La carrera en contra de la delincuencia, a favor del desarrollo de la juventud y en contra de la rapaz violencia que azota nuestro país es maratónica. El problema de las drogas en nuestro país no se reduce exclusivamente al consumo de sustancias; cuestiones como la geografía, la imposibilidad de lxs campesinxs para competir en un mercado acaparado por las grandes empresas, las lógicas culturales de consumo y el abandono del aparato estatal de muchos sectores de la población muchas veces orillan a las personas a recurrir a este esquema como alternativa. Si estos esquemas no se modifican, es poco probable que el mero consumo de marihuana regule todo lo demás. Incluso aunque lo hiciera, si las políticas vienen de un lugar con poco conocimiento del panorama del país y un mal entendimiento de las consecuencias de la implementación de nuestras políticas, hace que nuestro camino para alcanzar el país que queremos se vea más obstaculizado.

Legalizar la marihuana – y hacerlo en la manera en que se está haciendo – probablemente no nos permita ganar la carrera en un tiempo en un tiempo récord, incluso acarrea consigo perjuicios considerables, pero al menos nos permite dar el primer paso, y una vez tomando vuelo, los cambios se pueden dar de mejor manera.