El simbolismo de la toma de la CNDH alrededor del país

Nacional
Ilustración por @anacecipreciat

Escrito por: Anahí Lima e Indra Morales

El pasado miércoles 2 de septiembre, se reunieron en la sede de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) la titular Rosario Piedra e integrantes del Colectivo 10 de marzo, después de meses de exigencias al organismo por un trato digno y atención a sus casos. Marcela Alemán, originaria de San Luis Potosí y madre de una niña víctima de abuso sexual, decidió amarrarse a una silla después de que Piedra le dijera que las carpetas estaban mal integradas y que tendría que regresar a San Luis. Al día siguiente, grupos de mujeres y colectivas feministas se acercaron a las oficinas a demostrar apoyo ante la protesta de este grupo.

El viernes 4 de septiembre, la sede fue ocupada por el Frente Nacional Ni Una Menos y Aquus, Promoción y Defensa de los Derechos, de acuerdo con un comunicado de la CNDH, en el que también se pide el diálogo con estos grupos. Con el paso de los días, se unieron más colectivos como Aquelarre Violeta, Crianza Feminista y Movimiento Estudiantil Feminista, entre otros.

En la mañanera del martes 8 de septiembre, se habló de la toma de las instalaciones y la comentarios del presidente López Obrador no hicieron más que aumentar la inconformidad de las colectivas al adjudicar este hecho al conservadurismo y concentrarse en la intervención que se le hizo a una pintura de Francisco I. Madero. Mencionó la intervención de la pintura tres veces, diciendo que eso solo lo haría una persona que no conoce la historia del país o un porfirista y, aunque aseguró que detrás de estas acciones hay una demanda importante, lo minimizó al ligar la acción al conservadurismo y a la oposición, asegurando que se trata de una campaña específica contra Rosario Piedra, organizada por sus opositores. También mencionó que no “caerían en la tentación” de caer en acciones violentas para desalojarlas, considerando que esa era la intención de estas colectivas.

Ese mismo día, Yesenia Zamudio, madre de Marichuy, víctima de feminicidio en 2016 y cuyo caso todavía no tiene justicia, respondió a los comentarios del presidente diciendo que consideraba ridícula la comparación ya que “no es una lucha contra el porfiriato, es una lucha de mujeres por una vida libre de violencia” y mencionó que lo que a ella no le parece es que hayan matado a su hija y que por 5 años no haya tenido respuesta de la autoridades mientras su feminicidas siguen con sus vidas. Érika Martínez, cuya hija fue agredida sexualmente a los 4 años, declaró que lo que se está haciendo no cabe en la palabra “conservador”.

Por otro lado, Yesenia también anunció que esa ya no era una toma, era una “okupa” y que esas instalaciones se convertirían en un refugio, “Casa de Refugio Ni Una Menos”, para las familias y las víctimas de violencia, por lo que sacaron todos los papeles de la Comisión y pidieron que fueran por ellos. Además, están subastando los cuadros intervenidos de figuras históricas (Miguel Hidalgo, José María Morelos, Benito Juárez y Francisco I. Madero) para la manutención del refugio y para financiar la atención psicológica, médica y asesorías legales para las personas que acudan a este refugio. También repartieron las despensas que encontraron en las instalaciones y exhibieron todos los cortes finos de carne que tenían.

A raíz de la toma de la CDMX y en solidaridad con el colectivo Ni Una Menos, otras colectivas feministas han tomado las instalaciones de la CNDH en diferentes estados del país, e incluso se han unido colectivos LGBT+.

El jueves 10 de septiembre, feministas intervinieron las instalaciones de la CNDH en Morelia, Michoacán. Colgaron una cinta de “prohibido el paso” alrededor de las instalaciones y también exhibieron imágenes intervenidas del presidente López Obrador y Francisco I. Madero. En las paredes escribieron la consigna de “Nilda Presente”, recordando a Nilda Rosario Francisco, víctima de feminicidio a manos de su pareja sentimental que todavía no ha sido juzgado por feminicidio.

Ese mismo día se tomaron las sedes de la CNDH de Aguascalientes, Veracruz y Ecatepec, Estado de México. En Aguascalientes colgaron una cartulina que dice “clausurado” en las puertas de la institución. El Observatorio de Violencia Social y de Género de Aguascalientes apoyó la toma y se reunió afuera de las instalaciones para exigir justicia. En Veracruz colgaron mantas en las que se leía “en apoyo a nuestras hermanas del refugio, ni una más”. También colgaron fotos de mujeres reportadas como desaparecidas y víctimas de feminicidios, así como imágenes rayadas de políticos locales.

En Ecatepec la historia fue diferente ya que tomaron las instalaciones de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de México el jueves 10 de septiembre pero en la madrugada del viernes 11, la Fiscalía del Estado de México ingresó a las instalaciones de la CODHEM en Ecatepec y desalojó a las mujeres que habían tomado la visitaduría. El proceso se llevó a cabo de manera violenta, las mujeres fueron golpeadas, arrastradas y separadas de sus acompañantes. Estuvieron retenidas dentro de la Fiscalía por varias horas, sin posibilidad de comunicación ni ayuda. El grupo incluía a una mujer embarazada que también fue golpeada y varios menores de edad que permanecieron detenidos en las instalaciones. Finalmente, alrededor de las 10 a.m. fueron liberadas. Los videos y testimonios grabados por testigos y algunas de las víctimas quedan como prueba contundente de la brutal represión por parte del gobierno estatal. Como respuesta ante lo sucedido, horas más tarde regresaron algunos grupos feministas para prender fuego a las instalaciones.

De igual manera, amanecieron tomadas las instalaciones de la CNDH en Puebla. Intervinieron en la fachada del edificio escribiendo “ni una asesinada más” y colgando cartulinas con los nombres de algunas víctimas como Mara Castilla. Las mujeres señalaron que estaban ahí para mostrar su indignación frente a la incompetencia de las autoridades y para solidarizarse con las compañeras violentadas en la toma de Ecatepec.

Poco después fueron también tomadas las instalaciones en Villahermosa, Tabasco, en las que colocaron fichas técnicas de desaparecidas y pancartas que denuncian un estado feminicida. Hasta el momento esta ha sido la última, pero con esta ya son 7 sedes tomadas por grupos feministas.

Históricamente, las mujeres hemos sido relegadas del espacio público. La división social, a través de la imposición del género y sus respectivos roles, designa lo considerado como “femenino” dentro del espacio privado. A su vez, el espacio público representa un lugar de dominación, de interés, de acción y por lo tanto de remuneración para aquellos que lo controlan. La salida al espacio público para la mujer no ha sido sencilla, a más de 60 años de que se le otorgó el voto en México —acto que implica un involucramiento directo en la esfera pública y política del país— las mujeres mexicanas se siguen enfrentando a obstáculos cada vez se posicionan en un espacio público.

Sea a través del cuerpo o de su voz, una o más de 100 mil, la violencia se manifiesta desde un acto de acoso callejero, hasta un feminicidio o represión por parte de las autoridades. Dichos hechos envían un mensaje claro: aquella mujer que pretenda salir a la calle, lugar que no fue creado para ella, vivirá las consecuencias. Las mujeres seguimos siendo consideradas intrusas dentro de la vida pública. La apropiación de los espacios públicos, por cualquier medio, simboliza una manifestación de presencia por parte de las mujeres y de rechazo ante la violencia estructural que se maneja mediante un sistema de “castigos y recompensas” (Dworkin, 1976).

Solicitar el uso de “vías institucionales” para la solución de estos conflictos, suele venir acompañado de la invisibilización de los antecedentes de todas las víctimas a quienes el Estado les ha fallado. Al mismo tiempo, se pretende premiar a las mujeres que actúen conforme a las reglas que ha impuesto el mismo sistema que las oprime; se reafirma su silencio y se desprestigia el fuerte simbolismo que tiene la toma de espacios, por ser un acto que rompe con las expectativas y resiste ante los mecanismos de dicho sistema.

La toma de las sedes de las Comisiones de Derechos Humanos alrededor del país es más que una protesta por la incompetencia de las autoridades: refleja que las mujeres ya no nos quedaremos calladas y estáticas ante las injusticias. Aun cuando no nos quieren ver en los espacios públicos, haremos lo que sea para que no tengan opción más que escucharnos, vernos y ponernos atención, no tendrán nuestro silencio ni nuestra sumisión.

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