El (mal)trato de la obesidad infantil desde el gobierno

Nacional Opiniones

Con la adhesión del Artículo 20 Bis a la Ley de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes que prohíbe el suministro de alimentos y bebidas de alto contenido calórico a menores de edad en el estado de Oaxaca, se retoma el discurso acerca de la importancia de combatir las altas cifras de obesidad infantil que se han registrado en México durante los últimos años. No obstante, el problema de obesidad en el país requiere de soluciones estructurales profundas.

Imagen de Steve Bussinne, de Pixabay

Escrito por: Anahí Lima

En marzo de este año, UNICEF advirtió que el estado de salud de los infantes mexicanos en cuestión de obesidad es una emergencia que requiere cambios inmediatos. De la misma forma, el Subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell, ha declarado en diversas ocasiones la criticidad del deterioro alimentario en la población joven mexicana; sin embargo, no se trata de un nuevo descubrimiento, ni es la primera vez que se habla de ello.

La Secretaría de Salud declaró en 2016 una emergencia epidemiológica a nivel nacional a razón de la magnitud de las tasas de diabetes y obesidad. En ese año, las cifras por muertes relacionadas a la diabetes estaban en 98,521 mientras que en la actualidad ya se superan las 100,000 muertes al año; además, también ha sido relacionada como un importante factor de riesgo en las muertes por la COVID-19.

En aquel entonces, el doctor José Narro –ex Secretario de Salud– delimitó entre las acciones fundamentales para atacar el problema darle visibilidad, alegar por la participación de la sociedad, y la detección temprana de la enfermedad para su tratamiento. Medidas que más allá de ser preventivas, o de procurar poner un freno a las prácticas que llevan al desarrollo de la enfermedad, entrarían en acción demasiado tarde.

La obesidad, lejos de ser una cuestión estética, se considera una «enfermedad crónica, compleja y multifactorial» que puede generar otras comorbilidades que reducen significativamente la calidad de vida de las personas. En México, de acuerdo con un estudio difundido por la revista científica Nutrición Hospitalaria, se asocia la enfermedad por una variedad de factores genéticos, ambientales y de estilo de vida. Existe una falta de actividad física en las niñas y los niños mexicanos, además de la ingesta de muchos alimentos procesados.

Resulta imperativo preguntarnos cómo es que, siendo uno de los países más ricos en recursos naturales, con una gran diversidad de cereales, legumbres, frutas y verduras, además de un fuerte y reconocido desarrollo gastronómico, los alimentos procesados y altos en contenido calórico sean los más consumidos. El acceso a estos productos ha sido denominado como «occidentalización de la dieta» debido al bajo costo y el acceso a comida preparada de manera rápida y fuera de casa, que facilita la distribución del tiempo para realizar otras tareas.

El gobierno ya ha implementado algunas medidas, como el impuesto a bebidas azucaradas en 2014 y ahora la NOM-051 para el nuevo etiquetado. No obstante, se sigue centrando la atención en un nivel secundario, que lejos de solucionar el problema desde una de sus raíces más fuertes, dificulta las condiciones de la población mexicana.

La condición económica en México es la fuente principal de muchos de nuestros problemas, entre ellos, la desnutrición y obesidad. Resulta más sencillo para un trabajador, que está expuesto a muy largas jornadas de trabajo, gastar 30 pesos en un refresco y un pan dulce, cuyas calorías le brindarán un fuerte golpe energético para continuar trabajando, en vez de sentarse a tener una comida completa. De la misma manera, para los padres y madres de familia es más sencillo acceder a la comida rápida, porque la preparación de alimentos para sus menores requiere de tiempo que puede ser invertido en más trabajo, por ende, más ingresos.

La comida procesada de manera inmediata parece la solución inmediata de la falta de recursos y de tiempo, sin embargo, el precio a pagar a largo plazo es mucho más alto. Lejos de pedir la «participación de la población», es deber del Estado mexicano brindar a sus habitantes las condiciones necesarias para desarrollarse plena y saludablemente, así como procurar el futuro del país. Como lo indicó el estado de Oaxaca, la salud es un derechode las y los niños, que el Estado debe garantizar para que pueda ser gozado.

Se debe celebrar la decisión del Congreso de Oaxaca, así como las medidas a nivel nacional, sin embargo, se debe denunciar la importancia de atacar el problema desde su origen, para lo cual es necesario coordinar todas la instancias a nivel público.

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