Del dicho al hecho hay mucho trecho

Nacional

Escrito por: Juan Fernando Milne

Partamos desde lo básico, dejemos atrás el discurso simplista de que Andrés Manuel López Obrador fue un títere de Donald Trump y que este lo utilizó a su antojo. No fue así, esta reunión fue beneficiosa para ambos. Cada uno, tanto Andrés Manuel como Trump, sumaron réditos de esta junta.

El mandatario estadounidense logró meterse en una fracción votante de la cual estaba excluido, el voto hispano izquierdoso (posible simpatizante de AMLO) ahora ve en Trump a un “amigo”, y el votante latino más inclinado a la derecha vio en el presidente Trump a una especie de “domador” que consiguió, a pesar de los problemáticos antecedentes, que el representante mexicano lo aplaudiese y se portara de manera dócil en el jardín de la Casa Blanca.

Por otro lado, López Obrador consiguió subirse en el tren de la reconstrucción económica que él espera, comande Estados Unidos, el mandatario mexicano entiende muy bien que, si ese tren lo deja, su sexenio estaría en grave peligro. Además, los dos tenían un objetivo común: sacar de la agenda, al menos por un momento, el tema de la pandemia, un dolor de cabeza para ambos, ya que ninguno ha estado exento de críticas por su gestión de la crisis del Covid-19.  

Como amante del derecho internacional, de las relaciones internacionales y de la diplomacia, no puedo estar en contra de este encuentro, de hecho, debo rescatar el excelente trabajo de la cancillería mexicana, como se notan las pinceladas del Secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, quien es, a mi criterio, el personaje con más capacidades en el gabinete de AMLO. Si bien la necesidad de la sesión binacional es totalmente debatible, derivado del contexto actual, no se pueden negar los resultados positivos obtenidos.

Fue muy inteligente por parte de ambas delegaciones no permitir ruedas de prensa ni ninguno otro tipo de agentes externos que pudiesen detonar una situación incómoda. En todo momento tuvieron el control… ¿se imaginan ustedes a un periodista preguntado por los Dreamers o por DACA (Acción Diferida para los Llegados en la Infancia)? o incluso, ¿a alguien haciendo mención sobre la supervisión de Trump del muro fronterizo días antes del encuentro? Por supuesto que no. Se buscaba que Donald Trump nadara en aguas tranquilas y que Andrés Manuel no se saliera de su guion que, por cierto, bien aprendido lo tenía. No es de extrañarse que dio uno de sus mejores discursos, hablando a un ritmo más rápido y con más elocuencia de lo habitual.

Entonces, ustedes dirán ¿por qué tantas críticas? Simple, el AMLO del presente, una vez más, fue víctima del AMLO del pasado.

El Andrés Manuel benevolente que aplaudía a Trump mientras le decía “pero lo que más aprecio es que usted nunca ha buscado imponernos nada que viole o vulnere nuestra soberanía” fue víctima del Andrés Manuel desafiante que antes denunció a Donald Trump ante la oficina de las Naciones Unidas acusándolo de violentar derechos humanos y migratorios.

El presidente que de manera sonriente afirmaba que “Nos ha tratado [Trump] como lo que somos: un país y un pueblo digno, libre, democrático y soberano” fue víctima de su libro titulado “Oye Trump”, de 2017, en el cual señalaba los dichos discriminatorios y acusaba de autoritario al mandatario estadounidense.

El AMLO que negó cualquier tipo de reunión con sus connacionales alegando que no había tiempo en su agenda fue víctima del López Obrador que el 12 de febrero del 2017 inició una gira por Estados Unidos para reunirse con migrantes mexicanos afirmando que “vamos a ir Estados Unidos a crear un Frente Cívico en Defensa de los Migrantes, en contra de la xenofobia.”.

En fin, las incongruencias en apenas dos días fueron muchas, ¿se acuerdan del candidato que por años señalo y critico a la “mafia del poder” (Televisa, Hank González, Grupo Salinas, Grupo Ángeles etc…)? Pues ellos fueron los invitados de lujo a la cena, buscando, de alguna forma u otra, una salida de la crisis económica venidera para al país; inclusive hasta el tema del avión dejo para hablar. En una austeridad absurda, Andrés Manuel se trasladó a Washington en vuelo comercial -haciendo escala en Atlanta- mientras la mayor parte de su comitiva viajó en un avión de uso oficial. Incongruencias por aquí, incongruencias por allá.

Durante su larga campaña electoral, Andrés Manuel López Obrador habló de más y, ahora, durante su gobierno, sufre las consecuencias. Es muy sencillo ser oposición, es fácil prometer cielo y estrellas, pero… del dicho al hecho hay mucho trecho.

Esto debe servir como lección para Andrés Manuel. Que de una vez por todas comprenda que no puede hablar por hablar. Que lastimosamente el ser humano como individuo es preso de sus propias palabras. En dos días erigió la figura de un verdadero diplomático. Como pocas veces, se le vio como un real jefe de Estado pero, en dos días también, tiro abajo el discursito versus Trump que tantos votos le dio. Con el tiempo, al presidente más votado en la historia de México le está costando mucho mantener congruencia en su discurso.

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