De pobreza, desigualdad y un sistema educativo colapsando

Nacional

Escrito por: Mabely Sarahí García Hernández

Nos estamos enfrentando a un momento histórico, una nueva normalidad está por llegar y el cambio no puede evitarse. Es innegable el hecho de que esta pandemia puso en aprietos a todo tipo de sectores e industrias y claramente después de por pasar esto, se crearán protocolos más fuertes en caso de que vuelva a ocurrir una situación parecida.

Se habla de la reapertura de autocines, trajes especiales para festivales, aumento de puestos de home office dentro de las empresas, en fin; existe una infinidad de dinámicas sociales que pueden adaptarse a una realidad a distancia. Pero, en México el sector educativo parece no poder anteponerse a esta situación debido a la desigualdad socioeconómica que se vive.

Cuando la pandemia llegó a México, los diferentes organismos educativos tomaron acciones para continuar con sus actividades, en ese momento fueron visibles las distintas realidades que se viven en el país. Por un lado, se encuentran aquellas personas privilegiadas, principalmente en instituciones privadas, que cuentan con las posibilidades de tomar clases en línea; por el otro tenemos a miles de estudiantes y docentes que cada día planean una manera de seguir aprendiendo y enseñando, pero no lo están logrando.

Esta situación es preocupante, primeramente, porque el sistema educativo no tenía un plan para actuar en un suceso como este, y la analfabetización digital por parte de los docentes es un gran obstáculo; las acciones se han implementado durante la marcha, pero lo cierto es que por ahora no hay forma de saber si los estudiantes están teniendo un aprendizaje real o qué tan significativo será el retroceso en términos de calidad educativa.

Aún más, porque viviendo el 41.9% de la población en condiciones de pobreza y el 7.4%, lo equivalente a casi 10 millones de mexicanos, viviendo en pobreza extrema, es inviable la posibilidad de continuar con clases remotas, tomando en cuenta que gran parte de las personas dentro de estos porcentajes no cuentan con dispositivos electrónicos, señal de internet ni conocimientos sobre el uso de la tecnología que les permita acceder a la educación en línea.

Además, recordemos que la educación gratuita y obligatoria es un derecho de todos los mexicanos y, pensando en que el periodo de confinamiento podría aún durar muchos meses, es hora de pensar en cómo garantizar que cada individuo tenga acceso a esta; según un informe del 2019 del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación en México, solamente el 53.5% de la población entre 20 y 24 años cuenta con estudios de media superior concluidos, siendo la falta de recursos económicos el principal factor de abandono escolar. Ahora, con la crisis económica  que se avecina mundialmente, y con ciclos escolares detenidos por causa de la pandemia, estas cifras pueden incrementar, dejando a nuestro país en una situación educativa más deplorable de la que ya se encuentra.

La vida en su nueva normalidad debe continuar, lentamente se irán reabriendo los espacios públicos y los estudiantes podrán asistir a clases, sin embargo, las consecuencias de este periodo en el que millones de jóvenes y niños no han podido tener acceso a la educación, serán muy graves. Probablemente la Secretaría de Educación Pública comience a desarrollar un modelo educativo digital en caso de requerirse en un futuro próximo o lejano, pero ninguna acción servirá del todo ni será completamente eficaz si antes no se resuelve el problema del que México ha sido víctima durante siglos: la pobreza y desigualdad social.

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