Consumimos ropa y consumimos mujeres

Espacio Feminista Nacional
Imagen: https://www.revistaarcadia.com

Escrito por: Carolina Nava Estrada

A pesar de que la industria textil y del fast fashion lleva muchos años en el mundo, hoy en día las repercusiones que estas dos industrias generan en la sociedad y en el ambiente son innumerables; se han perdido vidas y a diario miles de mujeres sufren explotación laboral solo para satisfacer las necesidades consumistas de unos pocos.

Es necesario de hablar de género y de la industria textil en conjunto, ya que a lo largo de la historia se ha demostrado la intrínseca relación que existe entre ambas; muchas mujeres alrededor del mundo sobreviven trabajando en esta industria, siendo que estas representan al menos el 80% de las trabajadoras y que además se encuentran entre los 18 y los 24 años de edad. Son estas mujeres quienes más padecen de las carentes instalaciones, los ambientes laborales hostiles y las malas condiciones. Hablar de género no implica solamente hablar de las vidas individuales de las mujeres, también implica entender que las relaciones están basadas en las diferencias que distinguen a los sexos y las dinámicas de poder generadas de estas.

            Dichas dinámicas son observadas claramente en la industria de la moda y la industria textil, el ejemplo histórico más memorable es el incendio en la fábrica “Triangle Shirtwaist”, el cual sucedió un 25 de marzo de 1911 en la ciudad de Nueva York, donde murieron 146 trabajadoras, en su mayoría mujeres jóvenes e inmigrantes. Ese día las víctimas del incendio encontraban encerradas con llave y fuera del alcance de las escaleras de bomberos. La mayoría las jóvenes que se encontraban cosiendo blusas murieron quemadas o bajo el noveno piso de la fábrica que se derramó sobre ellas. Esta tragedia se recuerda hoy en día como la conmemoración del Día Internacional de la Mujer.

            Pero a pesar de que han pasado los años, las condiciones laborales de las mujeres en esta industria no han mejorado. Las mujeres se ven forzadas a trabajar en condiciones inhumanas, con salarios deplorables y en instalaciones que ponen en riesgo su vida día con día. Sobran los ejemplos de esta catastrófica combinación, pero uno de los más conocidos en los últimos años fue el derrumbe del Rana Plaza. Esta tragedia acontece en las afueras de la capital de Bangladesh el 24 de abril del 2013, donde alrededor de 1130 personas perdieron la vida, la mayoría mujeres; y dónde 2000 personas más sufrieron heridas que hoy en día siguen sin sanar. Este desastre generó que por primera vez en mucho tiempo se pusiera en la mira internacional las terribles condiciones en las que trabajan las personas que proveen a las grandes marcas del fast fashion.

            Es claro que las grandes empresas de la moda prefieren contratar mano de obra en países como Bangladesh, Taiwán, China y Vietnam para reducir sus costos y para satisfacer las exigencias de los consumidores que son cada vez más insaciables; además de que los acuerdos de libre comercio han facilitado que las grandes corporaciones puedan fabricar sus productos en países con una mano de obra barata. Todo esto genera que la demanda crezca a un ritmo tan acelerado que obliga a millones de mujeres alrededor del mundo a aceptar trabajos en fábricas donde se ignoran las leyes laborales, pero también los riesgos y las medidas de seguridad.

            A pesar de que pueda parecer que como individuos son pocas las cosas que podemos hacer para evitar que las mujeres sigan aceptando estos tratos inhumanos, sí hay algunas medidas que podemos tomar, entre las que se encuentran: medir nuestro consumo (¿qué es lo que realmente necesitas?), seguir exigiendo a las empresas trasnacionales a tomar medidas para asegurar un lugar de trabajo digno y apoyar a bazares de segunda mano.