¿Cómo alucinar con hongos legalmente sin salir del país?

Nacional Opiniones

Estaba en un hostal de Chiapas platicando con un argentino cuando le dije “¿sabes a dónde quiero ir? A Denver, ahí son legales los hongos.” “¿Para qué te querés ir hasta allá?” me contestó, “si aquí en Oaxaca hay un pueblo que se llama San José de Pacífico donde podés comprar los hongos que vos quieras”. Estaba impactada, no podía creer que a solo unos cuantos kilómetros había un pueblo donde los hongos eran legales y que un extranjero sabía de ello y yo ni siquiera me lo imaginaba.

Fotografía tomada por Eduardo Santiago Ruiz

Escrito por: Michelle Díaz

En todo el mundo existen 230 especies de hongos psilocibios de los cuales 150 son alucinógenos y por lo menos 54 se encuentran en México. El resto están repartidos entre Europa (16), EEUU (22) y el resto de Latinoamérica (50+). De las 54 especies mexicanas, tres se encuentran en San José de Pacífico: los pajaritos o teonancatl (psilocybe mexicana), los de San Isidro (psilocybe cubensis) y los derrumbes (psilocybe caerulescens).

La posibilidad del cultivo, venta y consumo de psilocibios en la región se debe a la protección de usos y costumbres indígenas por parte del Estado. Fue en ese pueblo que nació María Sabina Magdalena García, una curandera o Chjota Chjine (la que sabe) quien ha sabido defenderse a sí misma y a su cultura, a través del rol primordial en la protección del uso de hongos para fines espirituales.

Después de realizar un ritual con hongos (o niños santos, como ella les llamaba) al banquero estadounidense Robert Gordon Wasson y de que este publicara una nota en 1957 para la revista LIFE narrando su experiencia espiritual con la sacerdotisa, María Sabina alcanzó popularidad mundial; especialmente entre jóvenes que llegarían a formar parte del movimiento hippie de los 60’s y 70’s y personalidades famosas de la época como Jim Morrison y Walt Disney.

Desafortunadamente el turismo que llegó al pueblo desde aquél entonces no fue el esperado. Sabina aseguraba que “los extranjeros nunca entendieron que el poder de los hongos era sagrado”; los cánticos que realizó durante la ceremonia con Wasson fueron grabados y publicados sin su consentimiento. Él terminó siendo recordado como uno de los padres de la etnomicología y ella murió pobre y consternada por la falta de respeto que mostraron los turistas a su cultura que tanto trabajo le costó defender.

Hoy en día su casa es uno de los atractivos turísticos del mágico pueblo y sus descendientes continúan compartiendo los conocimientos que llevan varias generaciones dentro de su familia. Si deseas visitar San José y probar sus hongos puedes hacerlo, pero es importante considerarlo dos veces ya que no se trata de un consumo recreativo sino de una práctica que es realizada para curar males desde hace cientos de años por una cultura que cada vez desaparece más y más. Si al final una persona decide hacerlo está bien, solo se debe buscar a curanderos o chamanes que te acompañen en el viaje y tratar de vivir la experiencia con el mayor respeto posible.

Los mejores meses para ir son de junio a septiembre, cuando abundan las lluvias y el hongo tiene oportunidad de crecer a lo largo de la montaña gracias a los altos niveles de humedad que prevalecen durante ese tiempo. En el resto del año pueden encontrarse deshidratados o enmielados pero puede que no cuenten con la misma potencia o sean menos accesibles. Aún así, y aunque no he tenido el placer, creo que visitar San José y participar en un ritual de hongos es una experiencia que debería tenerse al menos una vez en la vida. Los alucinógenos (hongos, peyote, LSD) han resultado útiles para tratar adicciones, depresión y ansiedad y que mejor que sanar estos males que aprendiendo de una cultura ancestral que cuenta con mejor conocimiento y manejo de las plantas sin prejuicio alguno.

Como descendientes de colonizadores no compartimos las mismas raíces ni la misma historia que la comunidad mazateca de la sierra oaxaqueña. Estamos occidentalizados y, aunque no queramos, la falta de respeto a estas comunidades está sumamente arraigada en nuestra cultura; pero eso no significa que no podamos formar parte de la suya. Compartimos las mismas tierras y aprender de ellos es justo lo que nos puede ayudar a construir la interculturalidad que tanta falta nos hace para borrar las líneas que nos dividen y terminan entorpeciendo la lucha de pueblos indígenas en el país.

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