A un año de la primera covid-19 en México, ¿quién es el responsable?

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Foto: Getty Images/BBC

Hace poco más de un año, el 28 de febrero de 2020, el primer caso de covid-19 se confirmaba en el país, un hombre de 35 años que viajó al norte de Italia en los días previos y que llegó a la Ciudad de México. Desde entonces y al 3 de marzo de 2021, más de 2.8millones de personas se han infectado con el virus y al menos 188 mil personas han perdido la vida por él en lo que representa una de las emergencias sanitarias más relevantes en la historia, siendo México, de acuerdo con la Universidad John Hopkins, la tercera nación con más muertes solo por detrás de Estados Unidos y Brasil y la décimo tercera con más casos, y la pregunta que nos hacemos es ¿por qué?

Una conclusión -no tan errada- podría ser la poca capacidad que ha mostrado el gobierno en hacerle frente a la crisis, tanto en el ámbito humanitario como en el económico, sin embargo, es un argumento un tanto simple y la situación merece un análisis más profundo y visto desde otras perspectivas.

¿Culpa de las autoridades?

El 11 de marzo de 2020, día en que la Organización Mundial de la Salud declaró a la emergencia por el nuevo coronavirus como una pandemia, las prioridades de los gobiernos a nivel mundial cambiaron drásticamente y de un momento a otro.

El hasta entonces poco conocido subsecretario de promoción de la salud, Hugo López-Gatell, tomó el liderazgo del plan que llevaría a México a tener, según él en un escenario catastrófico, 60 mil muertos. Un año después sabemos que estas cifras quedaron atrás hace meses, pudiéndoseles calificar de ingenuas o, más bien, factibles pero con una gestión adecuada.

Pie de foto: Gobierno de México/BBC

En primer lugar, desde un punto de vista científico, las críticas a la estrategia contra la emergencia iniciaron con la adopción del llamado modelo centinela de vigilancia epidemiológica, el cual basa sus cálculos en una estimación de casos ocho veces mayor de la reportada y que utiliza como herramienta las encuestas. Otros expertos en el área reprobaron esta decisión por ser una opción poco confiable comparada con la de toma masiva de pruebas adoptada por otros países.

Hay dos indicadores alarmantes en las estadísticas mexicanas comparadas con las de otros países, el primero es la tasa de positividad, la cual ha permanecido como una de las más altas del mundo desde que se iniciaron los conteos y siendo deseable que sea lo más baja posible; la más reciente en México es de 27%, mientras que la de Nueva Zelanda, por ejemplo, el país más exitoso en combatir a la covid-19, es de 01.%, de acuerdo con información de Our World In Data para el 28 de febrero.

El segundo es la tasa de letalidad. En México, los últimos números (del 3 de marzo) arrojan un 8.9% mientras que el promedio global se mantiene en 2.2%, de acuerdo con Our World In Data, ¿por qué tanta diferencia? Las dos razones más aceptadas son, de acuerdo con un artículo de Animal Político publicado en septiembre, la falta de pruebas y, por ende, un mayor porcentaje de fallecidos y la capacidad hospitalaria limitada y la infraestructura disponible para tratar a los infectados.

Ambas mediciones (y los números en sí mismos) son una muestra de la poca eficacia de la estrategia, y todo esto a la par de los problemas económicos por los que está pasando la población en gran parte derivados de la falta de apoyos, hecho visible particularmente en sectores como el restaurantero. Por mencionar un ejemplo, México es el segundo país peor evaluado de un total de 84 en estímulos fiscales en un estudio publicado por el Instituto Internacional de Finanzas en enero pasado, solo detrás de Uganda.

Además del tema científico y del económico, están otros sucesos polémicos de tinte político tanto relacionados con la pandemia, como la decisión del presidente de no usar cubrebocas desde que inició la emergencia, como de temas ajenos a ella, como sus declaraciones recientes con respecto al caso de Félix Salgado Macedonio o el costo de cancelación del aeropuerto de Texcoco, entre muchos otros.

Por otro lado, un punto que podría considerarse a favor de las autoridades es, específicamente, el trabajo de la cancillería encabezada por Marcelo Ebrard, el cual ha sido generalmente bueno con relación a las negociaciones para la compra de vacunas por medio de las mismas farmacéuticas o por el mecanismo COVAX, las cuales empezaron a llegar al país el pasado 23 de diciembre pero que ahora necesitan ser aplicadas en un plan de logística eficiente.

El rol de los mexicanos

En el otro extremo nos encontramos, precisamente, los ciudadanos. La complejidad de la sociedad mexicana hace que adoptar políticas públicas homogéneas como aislamientos o toques de queda como lo han hecho en países muy desarrollados (Alemania, Nueva Zelanda, etcétera) sea poco práctico por lo que, prudente o no, gran parte de la responsabilidad recae en las decisiones individuales de los ciudadanos, ya sea de usar cubrebocas, por ejemplo, o más importante aún, de evitar salir y “quedarse en casa”, frase muy utilizada por López-Gatell y en general por el gobierno del país.

La evidencia radica en que, de acuerdo con diversas fuentes, alrededor del 50% de los contagios que ocurren diariamente en el país son producto de reuniones y, derivado de ello, las infecciones en las semanas posteriores a las fiestas decembrinas crecieron al nivel más alto desde que inició la pandemia.

Pie de foto: Miguel Dimayuga/Proceso

Lo cierto es que, aunque parezca una razón simple, el modo de actuar de los ciudadanos es la causa directa de los contagios, sin dejar de recordar claro que muchos también ocurren por la necesidad de salir y trabajar tomando en cuenta, por ejemplo, que en junio de 2020, el 51% de la población mexicana estaba integrada en el sector informal de la economía, o por otras causas de fuerza mayor.

Al final, si se juntan un gobierno con un representante que se rehúsa a acatar una de las medidas sanitarias más básicas (cubrebocas) y que ha tomado distintas decisiones cuestionables a lo largo de la emergencia, y una ciudadanía en la que, entre ciertos grupos, impera un pensamiento de despreocupación por la situación, por decirlo de manera muy vaga, entonces tenemos una epidemia poco controlable por las malas decisiones de ciertos sectores de ambos bandos.

¿Qué vendrá después?

            La vacunación masiva ya inició en varios países alrededor del mundo; Israel lleva la delantera con más del 41% de su población completamente inmunizada y lo que debemos esperar (y exigir) es, como ya se mencionó antes, un plan logístico que permita inocular a la mayor cantidad de población en el menor tiempo posible, y así evitar más muertes y casos de esta enfermedad que, a nivel global, ha arrasado con la vida de millones de personas y con las economías de prácticamente todos los países del mundo.

            Como lo dijo Marcelo Ebrard el día que llegó el primer cargamento de vacunas de Pfizer al país, este es “el principio del fin”, pero aún queda un largo camino por recorrer y, como ya se ha repetido muchas veces, es esencial tanto un trabajo eficaz por parte de las autoridades en apresurar la aplicación de las dosis, como una coordinación con los ciudadanos principalmente bajo la idea de empatizar y entender que, aún ya siendo inmunizados, la emergencia continúa.

Usar cubrebocas, lavarse las manos y quedarse en casa son algunas de las frases que más hemos escuchado en este último año y así debe seguir, todo bajo la idea de que podremos volver a reunirnos y acercarnos a nuestros seres queridos en el futuro, sin saber exactamente cuándo pero estando seguros de que así será.

#QuedateEnCasa