Yemen: invisible para el mundo

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Escrito por: Daniela Jocelyn Tovar Hernández

Durante los últimos siete meses hemos visto al mundo colapsar ante el COVID-19; el brote inicial en Wuhan, China, el crecimiento del índice de contagios en Estados Unidos, los toques de queda en España e Italia. Sin embargo, hemos enfocado nuestra atención y apoyo a países de occidente y a grandes potencias, ignorando por completo que países como Yemen, están viviendo su peor crisis humanitaria de los últimos cien años. No solamente sufre la rápida propagación del virus, sino que además se encuentra severamente perjudicada por un conflicto armado, una epidemia de cólera, una crisis de hambruna, entre otras adversidades.

Desde el 2015, Yemen se ha enfrentado a una guerra civil iniciada por Arabia Saudita, país que buscaba restaurar el gobierno de Abd Rabbuh Mansur al-Hadi, quien fue exiliado por el golpe de Estado en Saná, la capital de Yemen, a manos de la comunidad huti, a razón de disconformidad hacia su gestión por corrupción, inestabilidad alimentaria, entre otros aspectos más. Según el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR), la guerra ha obligado a 3.6 millones de personas a desplazarse de sus viviendas (e incluso separarse de sus familias), además de que esta ha provocado aproximadamente 100 mil muertes. Por supuesto, los daños que ha producido este enfrentamiento no permiten una base sólida para que el país pueda enfrentarse a otras dificultades.

Los bombardeos surgidos de este conflicto han destrozado los centros hospitalarios y la guerra per se ha debilitado la estructura económica del país, así que, antes de la llegada del COVID-19, los yemeníes ya contaban con un sistema de salud severamente agrietado. Tan solo unos días antes del conocimiento del primer caso en Yemen, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) suspendió su apoyo financiero a los trabajadores médicos por escasez de fondos, lo que dejó a más de 10 mil personas sin empleo y a los hospitales sin personal ni equipo de protección; muchos de estos están en peligro de ser clausurados por la misma razón. Al día de hoy, existen oficialmente 885 casos confirmados, sin embargo, la Organización Mundial de la Salud (OMS), estima que hay más casos de los estipulados.

Además, varios programas de purificación de agua han sido cerrados, por lo que el 50% de los habitantes de este país no tienen acceso a agua potable, lo que vuelve más precarias las condiciones sanitarias. Por otro lado, los cortes de financiamiento del Programa Mundial de Alimentos también han afectado a miles de yemeníes que dependen de la ayuda alimentaria. Estos factores no solo han asegurado mucha menor protección ante el contagio del COVID-19, sino que también ha intensificado el brote de cólera ya presente desde 2017; tan solo en este año, se han registrado 110 mil nuevos casos. Gracias al alcance de las redes sociales es que hemos podido conocer la crisis humanitaria por la cual está pasando Yemen, sin embargo, se ha visibilizado desde hace unos pocos días y de una forma sigilosa a pesar de haber atravesado años de destrucción y conflicto, combinado con una crisis económica y sanitaria.

Tenemos un problema de occidentalización en el mundo; creemos que Europa es España, Francia, Italia y Alemania, que Asia es China y Japón, sin embargo, existen varios Estados en conflicto que no obtienen atención y reconocimiento del mundo y, por consiguiente, ayuda en caso de ser necesario. Son utilizados como territorios para resolver conflictos de intereses por grandes potencias, provocando, a su vez, que millones de personas sean abandonadas en condiciones insuficientes. Si bien la comunidad internacional se ha comprometido a contribuir con 1350 millones de dólares para aliviar la crisis humanitaria de Yemen en específico, ahora solo es una promesa, una luz de esperanza, pero no una realidad.

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