¿Y la democracia en dónde queda?

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Análisis de las acciones de Donald Trump ante las protestas en Estados Unidos.

Escrito por: Fortuna Osorio

Por democracia, entendemos un sistema político en el cual el pueblo tiene la libertad de escoger a sus gobernantes y hay un fuerte respeto hacia los derechos humanos, civiles, políticos y económicos de los ciudadanos. A lo largo de la historia y de nuestras vidas, se nos ha planteado a Estados Unidos como la “primer democracia moderna” del mundo y como un ejemplo a seguir. Por lo mismo, puede resultar descabellado entender que en este país modelo hay fuertes mecanismos de opresión sistemática hacia aquellos ciudadanos que son considerados de “segunda categoría”; por su raza, su condición de migrante, su clase social, etc. También, es difícil entender cómo es que en “democracias modernas” las instituciones policiacas resultan ser uno de los principales medios por los cuales se da dicha opresión.

A raíz del asesinato de George Floyd y el resurgimiento del movimiento “Black Lives Matter”, se vuelve relevante buscar respuesta a las siguientes preguntas: ¿Qué tan representativas son las acciones de Donald Trump, de un gobierno “democrático” ?, ¿Por qué la policía se vuelve una institución tan relevante en situaciones de este tipo? El uso de la policía como instrumento de represión social es algo que vemos a menudo, lo hemos visto en las marchas por la exigencia de los derechos de las mujeres en México, lo vimos el año pasado en las protestas de Hong Kong y lo observamos a diario en países latinoamericanos donde la policía genera miedo, en vez de seguridad.

Para contestar la primera pregunta que se plantea, hay que hacer un pequeño y general recuento que cuáles han sido las actitudes de Donald Trump, a raíz del surgimiento de las protestas. Desde una conferencia de prensa justificando las acciones de la policía, hasta tweets prometiendo desplegar las fuerzas armadas en contra de la población. El discurso de Trump ha polarizado la lucha y ha convertido a los ciudadanos en el enemigo.

En un gobierno democrático, más allá del sistema electoral, es importante recordar que la protección de lo derechos humanos y las libertades individuales, son pilares esenciales. Como es de esperarse, los Estados implementan instituciones y mecanismos para el cumplimiento de las libertades y la protección de los ciudadanos, uno de ellos es la policía. Entonces, resulta bastante problemático cuando el ejecutivo de una nación democrática promueve un discurso donde la policía tiene el uso legítimo de la fuerza en contra de los civiles en las protestas, pero también que convierte a los ciudadanos como el foco del problema.  Se puede concluir que la respuesta para la primera pregunta es que, en efecto, las acciones de Trump no son representativas de un gobierno democrático porque las instituciones de seguridad están vulnerando a los ciudadanos y no respetando su derecho, garantizado en la Constitución, de libertad de expresión.

Ahora, la policía se convierte en una institución sumamente relevante en este tipo de situaciones porque su función es asegurar la protección civil y ejercer la ley.  Entonces, si la misma ley plantea que los ciudadanos en Estados Unidos tienen el derecho de tomar las calles y demandar justicia y la actitud de la policía, ya sea por órdenes propias o del ejecutivo, activamente reprime las protestas, no está cumpliendo su función principal. Esto, al igual que la actitud de Trump, representa un problema porque justamente lo que se busca eliminar es el uso excesivo de la fuerza por parte de los policías ¿Como se va a poder solucionar la brutalidad policial en Estados Unidos si la misma policía no obedece los principios que rigen al país y si el ejecutivo legitima el uso de la violencia en contra de los mismos ciudadanos? ¿Qué tan democrático puede ser un país que rompe el contrato social y no se hace cargo de los daños?

A pesar de que las protestas se han vuelto “violentas”, tenemos que comprender que la violencia por parte de los ciudadanos y el movimiento está legitimada. Los ciudadanos han sido víctimas de opresiones sistemáticas que rompen el contrato social con el Estado, ya que este no está garantizando el cumplimiento mínimo de protección de derechos ni de seguridad. Si quien debiera de protegernos nos violenta, si quien debiera de fungir como el líder de nuestra nación participa en un discurso que vulnera a la población, las protestas solo son una forma de ejercer la justicia que el Estado no garantiza. ¿A quién o a dónde acudimos si quien debiera de cuidarnos, no lo hace? Las calles son el escape de vivir en constante miedo y de tener que luchar por nuestra vida.

Cuando un país, que se considera de los más democráticos del mundo y que busca ser el salvador de aquellos países que no siguen un régimen del tipo, activamente decide reprimir a su propia población, a través del uso de la fuerza y de las instituciones de seguridad, queda claro que hay una pérdida de la democracia. No solo la acción de la sociedad queda legitimada, sino que se da a entender que la fuerza del Estado es más importante que las vidas de las personas.

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