Violencia y presunta opacidad en las elecciones de Uganda

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Después de un turbulento proceso electoral, la lucha entre Yoweri Museveni –presidente de Uganda desde 1986–, Bobi Wine –nombre artístico del político y candidato, ex artista de reggae– y otras y otros candidatos a la presidencia, se dio por finalizada la semana pasada. 

Yoweri Musevini, presidente electo de Uganda.
Fuente: El Periódico

Escrito por: Mariana González Correa

El 16 de enero, Museveni se declaró ganador de las elecciones presidenciales de 2021, consiguiendo su sexto periodo consecutivo en el puesto.  Sin embargo, los arrestos a personas de la oposición del régimen, las muertes y la violencia ejercida por el Estado, y el bloqueo del Internet durante la jornada electoral, plantean dudas sobre su credibilidad. Esto cobra especial trascendencia por los impactos potenciales de dicha elección, tanto en Uganda como en el continente africano.

Desde el año pasado, se dio inicio al proceso electoral en Uganda para las elecciones presidenciales de 2021, en las que se enfrentaban once candidatas y candidatos. Sin embargo, los dos principales eran Yoweri Museveni, presidente del país desde hace 35 años, y Robert Kyagulanyi Ssentamu, artista de reggae y político, mejor conocido por su nombre artístico Bobi Wine.

Desde las campañas, el proceso ha sido turbulento por varios incidentes, como el arresto de todas y todos los candidatos de oposición, las más de 50 muertes durante protestas, y el bloqueo del Internet y de las redes sociales previo a las elecciones. Un par de días después de la jornada electoral del jueves pasado, el presidente de la comisión electoral indicó que Museveni había obtenido el 57% de los votos, por lo tanto, se ha declarado el presidente electo de Uganda por sexta ocasión. No obstante, la presunta opacidad y la violencia han sido características de todo el proceso electoral y, ahora, ponen en duda la legitimidad de los resultados.

Para empezar, es necesario hablar de Yoweri Museveni y por qué se alega que el proceso no ha sido transparente. Museveni es un político de 76 años, que ha estado en el poder desde 1986, poco después de pertenecer al movimiento que derrocó al régimen militar de Idi Amin y de su sucesor, Milton Obote. Sus cinco periodos presidenciales no han sido en vano, pues ha traído paz y crecimiento económico en el país, especialmente en las regiones norte y este de Uganda, donde el conflicto armado era predominante.

Empero, en 2004, cuando ya debía retirarse de la presidencia al siguiente año, cambió la Constitución para poder reelegirse. A partir de ese momento, ha reformado el texto constitucional en múltiples ocasiones para mantenerse en el poder hasta el día de hoy, aunado a que ha debilitado los contrapesos del sistema político, al corromper el poder judicial, y al arrestar y reprimir al periodismo independiente. Por ello, estas elecciones han sido de suma relevancia, ya que Bobi Wine ha sido el primer candidato que ha representado una amenaza real de vencer a Museveni.

Ahora bien, la transparencia de las elecciones ha sido cuestionada desde el inicio, especialmente por la oposición. Para Nicholas Opiyo, defensor ugandés de derechos humanos arrestado en varias ocasiones por criticar al gobierno, estas han sido “las peores elecciones que Uganda ha visto en mucho tiempo”, por la alta presencia de las fuerzas del Estado en las calles, la violencia contra las y los periodistas y los arrestos de las personas de la oposición, como Bobi Wine. Desde el año pasado, el candidato ha sido detenido en más de tres ocasiones, siendo una de estas en noviembre, por supuestamente violar las medidas de no aglomeraciones, por el COVID-19. Su arresto fue la flama que motivó dos días seguidos de manifestaciones en las calles de Uganda, en los que fueron asesinadas más de 50 personas y decenas fueron violentadas por la policía y el ejército. En redes sociales, se compartieron imágenes de la policía disparando arbitrariamente a personas que no eran parte de las protestas.

Otro asunto que expone la opacidad del proceso es que, el 13 de enero, la Comisión de Comunicaciones de Uganda ordenó a las empresas proveedoras de telecomunicaciones el bloqueo de servicios de acceso a Internet, de acuerdo con información de algunas de estas empresas –como Africell y MTN Uganda–, consultada por el Comité para la Protección de Periodistas (CPJ). Además, redes sociales como Facebook, Instagram y WhatsApp sufrieron perturbaciones en su acceso a partir del 11 de enero, según informes de los medios e informes de la Colaboración para la Política de Internet en África Oriental y Meridional (CIPESA). Para Muthoki Mumo, representante del CPJ para África subsahariana, “este ha sido el último intento de mantener a la ciudadanía ugandesa en la oscuridad sobre las elecciones, y de evitar que las y los periodistas informen sobre los eventos que rodean la votación”.

En este contexto, es menester mencionar que, actualmente, Bobi Wine está detenido en su casa, pues militares han rodeado su propiedad y no permiten que nadie entre ni salga de esta. A pesar de que las fuerzas de seguridad alegan que es para proteger la seguridad del candidato, Wine denunció en su cuenta de Twitter, y en entrevista con la BBC, que violentaron a su esposa al tratar de salir por comida al jardín y que no permiten el paso a periodistas locales e internacionales.

Teniendo en mente esta situación de violencia y represión, cabe destacar que no es la primera vez que se cuestiona la legitimidad de los resultados de las elecciones presidenciales en Uganda. En las elecciones de 2016, en las que Museveni venció con el 60.7% de los votos, el político igualmente decidió bloquear el Internet, e inclusive lo reconoció. Además, en esas mismas elecciones, las y los observadores de la Unión Africana y la Unión Europea observaron irregularidades y constante intimidación hacia las personas votantes. A pesar de ello, en esta ocasión, el proceso electoral fue poco monitoreado internacionalmente, dado que Estados Unidos, las Naciones Unidas y la Unión Europea denunciaron que se negó la acreditación a su personal para poder realizarlo

Asimismo se ha especulado que el sexto periodo presidencial de Museveni podría significar la perpetuación y continuación de violaciones a derechos humanos y otras atrocidades, como ha sucedido en los últimos treinta años, según Iddi Ssessanga, periodista de DW.

Fuera de Uganda, se estima que impacte en el contexto político del continente africano, de acuerdo con Wole Soyinka, ganador nigeriano del Premio Nobel de Literatura de 1986 y activista pro democracia. Para Soyinka, la candidatura de Bobi Wine, un hombre de 38 años proveniente del contexto de los guetos ha inspirado a las generaciones jóvenes alrededor de todo el continente. No obstante, la posibilidad (y ahora, aparentemente realidad) de victoria de Museveni afecta a otros países, pues hace historia al reelegirse por quinta ocasión. El escritor ha afirmado que es “la historia completa de un paso adelante, varios pasos atrás” para estos países, debido a que ha habido una tendencia de cambiar las constituciones para mantenerse en el poder. Un ejemplo es Costa de Marfil, donde el año pasado, Alassane Ouattara, el presidente actual, ganó un tercer periodo presidencial que causó controversia, por prometer que no lo haría.

Si bien la comisión electoral rectificó el triunfo de Yoweri Museveni sobre Bobi Wine, no todo está escrito. Mathias Mpuuga, del partido de Wine, dijo en conferencia de prensa que cuentan con evidencia de relleno de boletas y otras formas de negligencia electoral, por lo que, después de recopilarlas, tomarán las medidas legales para desafiar el presunto fraude. De igual manera, algo derivado de las elecciones fue la derrota de al menos nueve de las y los ministros propuestos del gabinete de Museveni, por personas candidatas del partido de Wine, Plataforma de Unidad Nacional. Aunque puede debatirse si lo anterior cambiará el resultado final de la elección y sus posibles impactos, todavía es una historia sin punto final.