No son héroes: el derrumbe de símbolos racistas

Mundo

Escrito por: Daniela Jocelyn Tovar Hernández

Durante las últimas semanas han emergido distintas protestas sociales en torno a la muerte de George Floyd y otras personas negras por actos de brutalidad policiaca. Recientemente se ha tomado un paso más alrededor del mundo para desmantelar el sistema histórico-racista que ha segregado a dicha comunidad. En este sentido, manifestantes antirracistas de distintos países, han vandalizado o destruido estatuas de sujetos que, a pesar de haber originado y perpetuado actividades racistas y/o colonialistas en su respectiva coyuntura, han sido enaltecidos por la sociedad como figuras históricas honorables. 

Los actos de destrucción de las estatuas comenzaron con las figuras de los militares confederados. Por ejemplo, en Richmond, Virginia, manifestantes ataron y tumbaron la estatua del general confederado, Williams Cater Wickham, además de rociarla de pintura, e incluso de orina. A raíz de este episodio, el alcalde de la ciudad, Levar Stoney, anunció que los demás monumentos a sujetos confederados, serían retirados de las avenidas.

Una de las figuras más reconocidas, en relación con lo anterior, es el navegante Cristóbal Colón. A este se le atribuye el “descubrimiento de América”, sin embargo, fue este quien dio pie a la colonización y, por consiguiente, a siglos de devastación cultural en dicho continente. A tal efecto, el pasado 9 de junio, la estatua de este sujeto ubicada en un parque con el nombre del mismo en Boston, Estados Unidos fue decapitada. Al día siguiente, un grupo de personas en Minnesota le ataron una soga al cuello al monumento de este sujeto, que se encontraba en el Capitolio Estatal, y fue lanzado a un lago. Actos similares fueron reproducidos también en los estados de Florida y Virginia.

No obstante, esta práctica no se ha limitado a las fronteras estadounidenses; de igual forma, en Europa, activistas han derribado estatuas de figuras esclavistas. En Bristol, Inglaterra, la estatua del político Edward Colston fue derribada y lanzada a un río, ya que es conocido que en vida transportó aproximadamente 80 mil adultos y niños desde África hasta América para transformarlos en esclavos. Además, se ha buscado tirar el monumento del primer ministro Winston Churchill, quien es considerado un personaje racista, sin embargo, las autoridades británicas procedieron a blindar la figura como medida de protección ante posibles daños. Igualmente, miles de manifestantes se reunieron frente al Oriel College a exigir el retiro de la estatua del empresario supremacista, Cecil Rhodes, ubicada en dicha universidad. Este sujeto, se volvió millonario al explotar minas de diamantes en Sudáfrica.

De igual manera, en Bruselas, la capital de Bélgica, la estatua del rey Leopoldo II fue atacada y vandalizada ya que este gestionó un genocidio contra la población del Congo en las últimas dos décadas del siglo XIX. Habitantes de dicho municipio han recabado una petición con 20 mil firmas para exigir el retiro de toda figura que divinice al monarca.

Si bien muchas personas romantizan los monumentos porque son considerados como símbolos históricos, e incluso como figuras heroicas, muchas veces no se conoce o activamente se decide ignorar, el trasfondo violento que los individuos plasmados en estos representan. Destruir estas figuras implica un gran paso para abrir puertas a un futuro más justo para las minorías del mundo; provoca el cuestionamiento de la historia que nos antecede y nos vuelve críticos hacia nuestros actos de perpetuación de segregación racial. Permitir que las autoridades gubernamentales de nuestros países protejan estas estatuas es permitir que solo velen por la protección de las personas blancas, y no de todas las comunidades por igual. ¿Qué clase de personas somos si glorificamos a sujetos que asumieron un sentido de supremacía sobre otros por sus condiciones físicas y culturales?

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