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Marruecos: amenazan a activista y a la libertad de expresión

Fouad Abdelmoumni, activista y miembro de la junta directiva de Transparency Maroc, el pasado 3 de febrero en la región de Siddi Bettach, al norte de Marruecos.
Fuente: Información Center

Escrito por: Andrea Tinoco

El activista Foud Abdelmoumni sufrió ataques y amenazas de lo que él llama “cuerpos mafiosos vinculados al Estado Marroquí”. Este activista es de las pocas voces críticas de Marruecos.

Fouad Abdelmoumni, activista y miembro de la organización no gubernamental (ONG) Transparency Maroc, alzó la voz en contra de las amenazas que ha recibido por parte de—lo que él cree ser—“cuerpos mafiosos vinculados al Estado Marroquí”. Esta declaración, sin embargo, resulta coincidente con las reclamaciones que organizaciones como Amnistía Internacional, Human Rights Watch, e inclusive centenares de periodistas, han llevado a cabo en los últimos años acerca de la represión a la libertad de expresión que han sufrido aquellos que, de alguna manera, llegan a ofender al régimen.

Abdelmoumni es una de las pocas personas que critican abiertamente al gobierno marroquí. Comentó que, desde el año pasado, justo antes de casarse, sus suegros y personas cercanas a él, recibieron una serie de videos en los que aparecía teniendo relaciones sexuales con su pareja—en las leyes marroquíes, mantener relaciones sexuales fuera del matrimonio se castiga penalmente—videos que, comenta, fueron tomados con una cámara clandestina colocada al interior de una casa en la que solían vacacionar.

Según Abdelmoumni, la manera en que se obtuvieron tales grabaciones fue demasiado especializada, pues para esto es necesario un equipo tecnológico avanzado, y otra serie de recursos, como para irrumpir en una casa sin dejar huellas, además de llevar a cabo toda la instalación. Igualmente, declara que su teléfono contenía instalado un software israelí de espionaje, al que solo agentes gubernamentales tienen acceso, conocido como Pegasus.

A raíz de esto, Abdelmumni decidió permanecer en silencio durante un tiempo, ya que las amenazas se iban intensificando con el tiempo y temía por su seguridad y la de sus allegados. A pesar de esto, decidió romper el silencio en octubre del año pasado cuando salió a la defensa del historiador Maati Monyib frente a las acusaciones en su contra por un supuesto proceso de blanqueo de dinero. Monyib, desde 2015, coordinaba un proyecto financiado por la ONG holandesa Free Press Unlimited para fomentar el uso de la aplicación de teléfono Story Maker, que permite ejercer el periodismo ciudadano de manera anónima.

Desde entonces, Abdelmumni ha sostenido que las amenazas y chantajes con revelar su intimidad, y la de personas cercanas a él, no ha cesado, por lo que este febrero se estaría cumpliendo un año de acoso hacia él con motivo de silenciarlo. 

Represión a la crítica

El informe de 2021 de la ONG Human Rights Watch (HRW), sobre Marruecos, declara que el país ha intensificado la represión contra los comentaristas de redes sociales, artistas y periodistas que expresan críticas hacia la monarquía. Indica que, entre septiembre de 2019 y enero de 2020, al menos 10 activistas, artistas y ciudadanos fueron detenidos por criticar a las autoridades en redes sociales como Facebook, YouTube o incluso bajo letras de canciones.

Un caso reciente y conocido es el del periodista y activista de derechos humanos, Omar Radi, quien fue arrestado el 29 de julio de 2020 bajo cargos de supuesto espionaje, seguridad externa e interna del Estado, intoxicación pública y evasión fiscal, además de una denuncia por abuso sexual de parte de una colega suya. No obstante, referente a los primeros cargos, se sostiene que se tienen pruebas muy tenues, además, una investigación de Amnistía Internacional reveló que el teléfono celular de Radi había sido previamente infectado con un software espía (Pegasus) al que solo los gobiernos pueden acceder. Ahora bien, respecto a la denuncia de violación, HRW declaró que ambos (denunciante y denunciado) tienen derecho a un juicio justo, por lo que el caso no ha llegado a una conclusión.

El caso de Radi no ha sido el único en el que el gobierno marroquí ejerce arbitrariamente la fuerza; durante 2019 se ejercieron detenciones a artistas que publicaron canciones con contenido de denuncia a las condiciones socioeconómicas, corrupción, tortura y de derecho en el país, al igual que criticas a los gobernantes, incluido el rey. En julio de 2020, 110 periodistas firmaron un manifiesto contra la proliferación de medios que “insultan, calumnian y difaman” a profesionales y activistas cuyas voces molestan a personas “próximas al poder”.

El derecho de opinión dentro del país africano se encuentra en una situación  de sometimiento, tan es así que Amnistía Internacional suscribió una redacción en la que evidencia hasta qué punto el gobierno no tolera el escrutinio ni las críticas legítimas a su historial en materia de derechos humanos, pues a raíz de su investigación para el caso de Omar Radi, el gobierno Marroquí atacó la credibilidad de la ONG. Por su parte, esta expuso que no es la primera vez que Marruecos obstaculiza alguno de sus trabajos, pues en 2015 dos miembros de los equipos de investigación, que estaban examinando la situación de las personas migrantes y refugiadas, fueron expulsados del país pese a haber tenido aprobación del gobierno para ingresar a él. Igualmente, en 2014, las autoridades incluyeron en una lista negra a un miembro del personal que había firmado un informe sobre la tortura en el país.