Los Uigures: la nueva pieza en el conflicto de Estados Unidos vs. China

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Escrito por: Mariana González Correa

        La relación entre Estados Unidos y China ha sido tensa desde hace años y esto se debe a demasiados acontecimientos como para ser nombrados en esta publicación, puesto que el énfasis de esta es hacer hincapié en unos de los choques más recientes entre estos países: la creación de la Ley de Política de Derechos Humanos Uigur de 2020 (en inglés, Uyghur Human Rights Policy Act of 2020). Si bien estaba en proceso desde 2019, este tema vuelve a ser prioritario, dado que el 17 de junio del presente año, fue firmada por el presidente estadounidense Donald Trump. Ahora bien, ¿qué representa esta ley en la relación entre ambos países?

        Para poder responder a esta pregunta, hay que abordar quiénes son los Uigures. De manera general, la etnia uigur es una comunidad musulmana de origen turco que reside en Xinjiang, una región autónoma en China, quien ha acusado a las autoridades del país de persecución desde los años 90 hasta la actualidad. El gobierno chino sostiene que los Uigures promueven el terrorismo para crear un Estado independiente, dichas acusaciones se han magnificado desde el ataque a las Torres Gemelas en 2001, pues China señala que los Uigures separatistas trabajan con a Al-Qaeda y que recibieron entrenamiento en Afganistán, pese a que no hay pruebas contundentes de esto.

        Aunque China ha sostenido que en esta región se respeta la libertad religiosa, en 2018, la Organización de las Naciones Unidas mediante su Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial, mostró preocupación por la situación actual de los Uigures y por la existencia de centros en los que se detienen y desaparecen a miembros de esta etnia. China, después de negarlo por un tiempo, aceptó que existen dichos centros, pero insistió en que son de “reeducación” con el objetivo de combatir el terrorismo y el extremismo religioso. No obstante, en noviembre de 2019, una investigación liderada por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación, en conjunción con BBC Panorama, The Guardian, El País, entre otros medios, filtró unos documentos del gobierno chino en los que se revelan las diversas violaciones de derechos humanos a los Uigures en dichos centros. Estos documentos, llamados “Los cables de China”, fueron emitidos en 2017 por Zhu Hailun, ex vicesecretario del Partido Comunista de Xinjiang, los cuales son manuales de operación de los centros, donde se instruye al personal cómo prevenir escapes, cómo mantener en secreto la existencia de estos, los métodos de adoctrinamiento, etcétera.

        Ante estas revelaciones, en 2019, Estados Unidos incluyó en su lista negra a varias empresas chinas que considera responsables de ayudar a la represión en Xinjiang. En este sentido, el Departamento de Comercio de EE. UU. ha impuesto restricciones comerciales a más de 30 entidades acusadas de estar involucradas en abusos contra los derechos humanos de los Uigures. Aunado a lo anterior, se aceleró el proceso de creación de la Ley de Política de Derechos Humanos Uigur de 2020, la cual fue introducida en enero de ese año. Para mayo de 2020, ambas Cámaras del Congreso la aprobaron, faltando únicamente que Trump la firmara, sin embargo, debido a que el miércoles de la semana pasada el presidente la aprobó, surge ahora la cuestión de qué es lo que le espera a la relación de Estados Unidos y China. 

        En el marco de la Ley Global de Magnitsky sobre Responsabilidad de Derechos Humanos –cuya función es imponer sanciones, como prohibiciones de visa y congelación de activos a las personas extranjeras responsables de violaciones graves de los derechos humanos–, la Ley de Política de Derechos Humanos Uigur de 2020 busca que el presidente pueda sancionar a funcionarios chinos responsables de la detención y persecución de Uigures, además de que se ordena la identificación de estos mediante investigaciones estadounidenses en Xinjiang.

        Desde que la ley estaba en discusión, China la había reprobado ya que continúa afirmando que únicamente se trata de centros de reeducación. En diciembre de 2019, el gobierno chino también comenzó a tomar acciones en contra de EE. UU., como prohibir que barcos y aviones militares estadounidenses visitaran Hong Kong. Además, China podría prohibir a los titulares de pasaportes diplomáticos estadounidenses ingresar a Xinjiang, según Hu Xijin, editor del periódico China’s Global Times. En este mismo sentido, en un comunicado, el ministro de Relaciones Exteriores de China exhortó a Estados Unidos a corregir sus errores y dejar de usar esta ley para perjudicar los intereses de este país al entrometerse en sus asuntos internos. En caso de que no lo hiciera, China tomará medidas y la responsabilidad de todas las consecuencias que se deriven de estas deberá ser asumida por Estados Unidos.

        La aprobación de esta ley ha sido celebrada por defensores de derechos humanos, sin embargo, nos podemos cuestionar si EE.UU. verdaderamente intenta proteger a los Uigures o si tiene intereses políticos de por medio, como presume John Bolton, ex asesor de Seguridad Nacional de la administración de Trump, en su libro por publicar. En fragmentos de este, Bolton menciona que Trump pidió ayuda a Xi Jinping, presidente de China, para su reelección, además de que el presidente estadounidense apoyó los “centros de reeducación”, afirmando que era exactamente lo que se tenía que hacer. Pese a que Trump ha negado rotundamente dichas acusaciones, deben de tenerse en cuenta para comprender qué puede significar la ley.

Sin importar las razones detrás de la creación de esta ley, es un hecho que esta ha creado aun más tensiones en la relación de China y Estados Unidos, lo que representa un desafío en el contexto actual de la pandemia global por COVID-19. Como ha afirmado en diversas ocasiones el director de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus, ahora más que nunca, importa la cooperación internacional, por lo que los Uigures son una nueva pieza de suma importancia en el conflicto entre estos dos países que tan solo durante esta pandemia, ya han tenido alrededor de cinco disputas en diversos ámbitos.

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