La pandemia llegó… de una forma u otra

Mundo

La crisis sanitaria causada por Covid-19, que empezó en diciembre de 2019, ha llegado a todas partes del mundo, sin embargo, existen países que presumen no haber tenido casos hasta el momento, entre ellos están Corea del Norte y Turkmenistán. La crisis económica no ha tenido excepciones y ha golpeado hasta a los Estados más pequeños. 

Desde finales de diciembre del 2019, cuando médicos chinos empezaron a reportar personas infectadas con una enfermedad respiratoria desconocida “parecida a la neumonía” en la ciudad de Wuhan, la afección provocada por el Sars-CoV-2 se ha esparcido prácticamente a todo el mundo. Casi todos los gobiernos han tenido que lidiar con la crisis tanto sanitaria como económica provocada por las medidas para mitigar la infección en sus territorios y que, nueve meses después, ya ha dejado 26 millones de casos y más de 860 mil muertes.

Más de 180 países están pasando por una situación sin precedentes, marcada por contracciones en las economías nacionales, desempleo, cuarentenas y políticas públicas basadas en estudios epidemiológicos, como el uso obligatorio de cubrebocas y el distanciamiento social, sin embargo, aún hay una pequeña lista de naciones soberanas que, hasta inicios de septiembre, seguían sin reportar ni un solo caso de la enfermedad.

Tal es el caso de Corea del Norte, país que es conocido por su régimen constitucionalmente socialista a cargo de Kim Jong-un y sus allegados, y cuya característica más destacada es su gobierno altamente totalitario y cerrado con el exterior. Este país comparte fronteras con China y Corea del Sur, los cuales son dos de los países más afectados por la transmisión del virus y por lo que, para distintos especialistas, sería bastante difícil lograr mantener a la enfermedad fuera de su territorio.

Desde que inició la pandemia, el gobierno norcoreano ha tomado medidas bastante rigurosas para hacerle frente a la crisis, como el cierre prácticamente total de sus fronteras terrestres y marítimas. Sin embargo, no fue hasta finales de julio que se declaró la “alerta máxima” en la que el gobierno decidió poner en aislamiento total a la ciudad de Kaesong, por un hombre que entró supuestamente de manera ilegal por la frontera sur, quien mostraba síntomas y cuyas pruebas médicas posteriores tuvieron “resultados inciertos”. Estas medidas, aunque para otros podrían ser extremas, dadas las condiciones de la economía y de la infraestructura médica norcoreana, son las esperadas, ya que en caso de un brote, colapsarían en poco tiempo debido a las limitaciones de su sistema de salud.

Otro caso parecido es el de Turkmenistán, donde al igual que en el de Corea del Norte, el régimen del presidente Gurbanguly Berdimuhamedow se caracteriza por ser autoritario y estar casi totalmente aislado del exterior. La República de Turkmenistán se encuentra situada en Asia Central, donde uno de los países con los que comparte frontera es Irán, país densamente afectado por la pandemia, por lo que también su estatus libre de Covid-19, es debatido.

Desde que inició la pandemia, el gobierno turcomano ha tratado de mantener la crisis al margen de la sociedad, y más que intentar mitigarla directamente, el control gubernamental está sobre la sociedad civil, llegando a prohibir mencionar la palabra “coronavirus” en la vía pública y en los medios.

Ambos países se encuentran en el continente asiático, y a nivel internacional son cuestionados por su estatus respecto a la enfermedad, muchos creyendo que ocultan los números o que simplemente los desconocen. Diversos medios y especialistas extranjeros afirman que la infección ya está en estos países, incluso una nota de El País afirma que el cuñado del presidente turcomano falleció de covid-19, sin embargo, la falta de transparencia y el elevado control que ejercen sus regímenes sobre la población y sobre los medios, han hecho que la información disponible relativa al estado epidemiológico y relacionada a la dinámica social en general, sea muy escasa, incluso más que antes de que iniciara la crisis sanitaria.

Por otro lado, el Océano Pacífico es una región caracterizada por su aislamiento generalizado del panorama internacional, tanto por su ubicación geográfica como por su presencia en la economía global, con excepción de los dos países más grandes, Australia y Nueva Zelanda. La lista de las 12 naciones sin casos registrados de covid-19 la completan 10 pequeños Estados insulares de esta región: Palaos, Micronesia, las Islas Marshall, Nauru, Kiribati, las Islas Salomón, Tuvalu, Samoa, Tonga y Vanuatu.

La lejanía con respecto a otros y su relativamente pequeña economía impulsó a estos países a tomar la medida más simple y rápida posible para hacerle frente a la pandemia: cerrar sus fronteras y cortar la mayoría de las líneas de transporte internacional, tanto aéreas como marítimas.

Esta estrategia, aunque efectiva para contener la amenaza, ha dejado grandes efectos negativos en las islas, principalmente en lo que respecta a sus economías. Gran parte de los ingresos de las naciones insulares del continente oceánico provienen del sector turístico, países como Palaos han visto un estancamiento casi total de actividades relacionadas a este ámbito, indispensable para su economía, teniendo una muy baja afluencia de turistas que provienen solo de otras partes de los mismos territorios.

Así mismo, en el área de exportaciones e importaciones, el cierre casi total de puertos ha dejado a gran parte de los sectores productores ya sea sin insumos para trabajar o subsistir, o con una demanda reducida a las transacciones locales. En las Islas Marshall las exportaciones de peces de acuario y de atún se han reducido en un 50%, derivado de las restricciones en el comercio, de acuerdo con BBC.

Desde una perspectiva estadística el contraste también es evidente, la Organización Mundial de la Salud agrupa a los países y territorios en regiones para facilitar su gestión, coordinación y estudio, y la del Pacífico Occidental es la menos golpeada de todas. La región incluye a países de Asia Oriental y del Sudeste Asiático como China y Filipinas, y en total (a las 10:00 hrs GMT+8 del 3 de septiembre del año en curso) reporta 505,847 casos, sin embargo, si solo te toma en cuenta a las naciones que comúnmente se asocian al continente oceánico, el total es de 30,025, poco menos del 6% del total.

¿Qué nos deja toda esta información?

La crisis de la Covid-19 es una situación sin precedentes en la sociedad actual. El surgimiento tan repentino de un virus completamente desconocido y con capacidad de terminar con la vida humana tan rápido y a gran escala, provocó una respuesta pobremente premeditada desde todos los sectores: los gobiernos tuvieron que adecuar de manera precipitada sus políticas a la situación emergente, el estilo de vida de las comunidades a nivel global cambió radicalmente de enfoque, y las metas y proyectos a futuro tanto nacionales como globales se vieron forzados a reconsiderarse.

En términos absolutos, podemos hablar del éxito que han tenido estas naciones en el combate al “nuevo coronavirus”, sin embargo, los efectos negativos no han sido pocos en ningún lugar del mundo. Cada gobierno de cada nación adapta sus modelos político-económicos a sus necesidades específicas, y la complejidad de las sociedades hace que sea completamente ilógico comparar las medidas tomadas en Estados Unidos y en Vanuatu, o en Alemania y en Corea del Norte.

Al final, solo el tiempo y el futuro dirán quiénes actuaron de mejor manera, de acuerdo con sus propias capacidades, características e ideales como países que transitan sobre un camino casi completamente desconocido, y ni la OMS, ni ningún gobierno, o científico, tienen la respuesta absoluta de cómo enfrentar lo que estamos viviendo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *