“La pandemia de la brutalidad policiaca. Para João Pedro, en Brasil”

Mundo

Por Karen Maldonado

La libertad siempre ha sido un anhelo humano, una esperanza hacia la rendición de nuestra alienación sistémica cotidiana. Todo aquel sabido vivo, desea procurarse para conseguirla, pero, en la actualidad los limitantes hacia este fin son múltiples, entre ellos; la violencia, segregación, opresión e indiferencia en contra de los derechos supuestamente inalienables y esenciales del ser humano. Ejemplo de ello, es la brutalidad policial expuesta y normalizada en el espectro internacional hacia minorías étnicas –con especial atención hacia la comunidad afrodescendiente–, socavando la tolerancia colectiva y permeando esta neutralidad hasta concebir el manifiesto de la bruma enardecida en coraje, cansados de esta reclusión de la justicia.

Si bien, últimamente se ha visto el actuar multitudinario entorno a este tipo de episodios –en especial a raíz de lo acontecido en el caso de George Floyd–, esta situación ha sido réplica en otros países, de los cuales destaca Brasil, debido a la constante perpetuación hacia las libertades de sus ciudadanos a manos de la crueldad de los cuerpos policiales. En este caso, ultimando la vida de João Pedro Matos Pinto, el pasado 18 de mayo del año en curso.

João Pedro Matos Pinto, afrodescendiente de 14 años, residía al momento del hecho en São Gonçalo, Brasil, en una propiedad metropolitana perteneciente a su tío, en donde por última vez, compartiría una tarde con sus primos, sin embargo, se vio abatido por un disparo letal proveniente de un arma policiaca que atravesó de manera diagonal su pulmón derecho y causó lesiones cardiacas que lo condujeron a la muerte.

Esto sucedió debido a una riña entre un grupo narco–delictivo y elementos de la policía Civil y Militar, la cual provocó alrededor de 72 orificios de bala calibre 5.56 y 7.62 mm, en casa del familiar del fallecido. Ahora bien, uno de los agravantes en el hecho, fue que, una vez ocurrido el percance, el menor de edad fue movilizado por un helicóptero de la policía civil sin consentimiento de sus padres, encontrando el cuerpo de su hijo aproximadamente 17 horas después en el IML, (Instituto Médico Legal), gracias a la presión ejercida por el hashtagprocurajoaopedro” en redes sociales.

Consecuente a esto, la autopsia declarada menciona que el deceso de João Pedro fue a causa de una bala que originalmente cruzaba su estómago, liquidándolo a su ingreso en el centro de operaciones aéreas de los bomberos. No obstante, esta declaración fue desmentida más tarde por la versión oficial que declaró que su fallecimiento fue incluso mucho antes del arribo y por un disparo en la espalda.

Aunado a ello, testigos del hecho mencionan que contrario a las declaratorias policiales, ningún miembro delincuencial traspasó los confines del hogar en el que João se encontraba. Señalando dicho acto como una mera opresión de voluntad racial de la vida de un joven ajeno de mérito, en el altercado ya mencionado. Esto fue respaldado por ambos padres del menor y Blaz, –uno de sus primos–, al mencionar que la fuerza policial detonó a su ingreso al menos dos granadas dentro del complejo y reiteradamente accionó sus armas de fuego sin motivo aparente.

Debido a esta oclusión en la veracidad de los hechos, manifestantes se aglomeraron frente a la sede gubernamental en Río de Janeiro, exigiendo libertad, respeto a la vida y justicia ante este suceso. Pese a ello, alrededor de 500 personas fueron abatidas por los elementos judiciales con balas de goma y bombas de estruendo que tenían como finalidad la conclusión de la manifestación. En respuesta a lo acontecido, elementos policiales declararon que lo suscitado era responsiva a la petición internacional con respecto al distanciamiento social, negando así, cualquier acto de violencia o discriminación racial y/o social.

Sin embargo, Rede Globo, cadena televisiva brasileña, reportó haber visto el encause de una de estas armas dirigida a la cabeza de un manifestante desarmado y con los brazos en alto denotando vulnerabilidad. Amparando a recientes estudios por el Observatorio de Seguridad Pública de Río de Janeiro y otros medios digitales, que han señalado el aumento en la letalidad judicial durante el mes de mayo, con un crecimiento aproximado del 16,7%.

En el imaginario poblacional, existe esta dicotomía entre la libertad y la opresión y se puede observar cómo, gradualmente, esta primera se ve erosionada por factores como el racismo o el coaccionar policiaco que impone la jerarquización social a manos de una violencia sistémica representada por quienes deberían cuidar del pueblo y no amenazarlo de muerte, poniendo entre las cuerdas al sistema jurídico en contra de ciudadanos inocentes como lo fue, João Pedro Matos Pinto hasta aquel lunes 18 de mayo del 2020.

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