La pandemia de la brutalidad policiaca. Para Anderson Arboleda, en Colombia.

Mundo
Créditos: @danidsanjuan

Escrito por: Daniela Tovar

En la última semana hemos logrado conocer y empatizar con la historia de George Floyd y la trágica, e inhumana, forma en la que perdió la vida. Comenzamos a comprender también que, no solo en Estados Unidos, sino alrededor de todo el mundo hay una creciente manifestación de prácticas racistas por parte de los cuerpos policiacos, hasta el punto de decidir por la vida de unos y por la muerte de otros. Abandonan su puesto de protección a los ciudadanos para convertirse en seres indiferentes y agresivos, soberbios y prepotentes. No procuran por el bien común, sino por sus inclinaciones propias; ahora existe el miedo de quienes deberían cuidar. En Colombia, esto no fue la excepción.

            Anderson Arboleda era un joven afrodescendiente de 21 años que residía, junto con sus padres, en el municipio Puerto Tejada del estado de Cauca en Colombia. De acuerdo con las declaraciones de los últimos, Anderson no era una persona agresiva; era responsable y no tenía antecedentes penales. Además, estaba a dos meses de concluir su servicio militar.

            Un día previo a su fallecimiento, el 22 de mayo del presente año, Arboleda partió de su vivienda hacia la de uno de sus familiares para dejar ahí a uno de sus hermanos. Al efectuar el recorrido de regreso, aproximadamente a las 10:30 p.m., se halló ante dos uniformados de la policía de su localidad a unos metros de su casa. Estos lo confrontaron a razón de que se hallaba tarde fuera de casa durante el periodo de cuarentena por el COVID-19. El joven les indicó pacíficamente que solamente estaba esperando a que sus padres abrieran la puerta de su casa para entrar y continuar el confinamiento, sin embargo estos no titubearon en comenzar a atacarlo repetidamente en la cabeza con un “bolillo”, que en Colombia, según la RAE (s.f), es una especie de utensilio cilíndrico que los policías utilizan como elemento de fuerza. 

            Con relación a lo anterior, Arboleda padeció una serie de mareos aparentemente inofensivos después del ataque, a pesar de esto, logró acudir a la estación de policía municipal ese mismo día a reportar lo sucedido, en donde el oficial que lo atendió solo lo calificó como mentiroso, gracias a su aparente bienestar físico y argumentó que los miembros del cuerpo policial eran sujetos íntegros. No obstante, al día siguiente, 23 de mayo, el joven comenzó a experimentar fuertes dolores en la cabeza, por lo que fue trasladado de emergencia al hospital, donde, lamentablemente, los doctores dictaminaron que este había sufrido muerte cerebral gracias a los golpes. 

            El día del entierro, manifestantes de la localidad de Puerto Tejada protestaron una disconformidad a las autoridades nacionales y exigieron medidas severas, de manera que casos como este no se vuelvan a repetir, puesto que ya se había reportado uno algunas semanas antes, en el que miembros del mismo cuerpo policial asesinaron mediante disparos a un joven

            Es deplorable presenciar la internacionalización de las prácticas racistas, sobre todo de los sistemas a los que inicialmente les concedemos nuestra protección y nuestra seguridad. El poder que tienen estos órganos como herramienta de abuso se presenta diariamente y es evidente que solo se da hacia personas inocentes no blancas, no privilegiadas. ¿En qué momento el resguardo de los cuerpos se volvió dependiente de su color?

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