La otra pandemia, la era de la desinformación

Mundo

El siglo XXI, según diferentes autores, estaría caracterizado por ser la era de la información debido al fácil acceso que se tiene al conocimiento a través de herramientas, como el Internet. No obstante, esta ventaja se ha transformado en lo opuesto.

Gracias a la globalización, se desarrollaron diversas plataformas, como las redes sociales, cuyo principal objetivo sería el acercamiento de la gente alrededor del mundo, que las fronteras ya no fungieran como limitantes para la conexión entre personas y así fue, propició la conexión de miles de millones de usuarios. Fue debido a esto que diferentes industrias tuvieron que transformarse y mudarse a lo digital para no volverse obsoletas. Fue así cómo las redes sociales se fusionaron y se empezaron a convertir en aquellas que difunden de manera masiva diferente tipo de contenido, así como información de manera veloz.

Esta transición también facilitó la libre expresión de los usuarios alrededor del mundo, teniendo así la posibilidad de ser los generadores de contenido sin ninguna limitante ni regulación. –Hasta este punto parece ser una ventaja–. Sin embargo, el problema aparece cuando se viraliza cierto tipo de contenido no veraz o mejor conocido como “Fake News”.

A lo largo de esta cuarentena y desde que inició la pandemia por Covid-19, se han difundido mediante redes sociales una serie de noticias falsas respecto a esta enfermedad, las cuales están basadas en teorías conspirativas, parodia de noticias, manipulación y/o propaganda. Estas Fake News toman importancia cuando son viralizadas y consumidas por usuarios alrededor del mundo.

La repetición masificada de estos discursos se convierte en la nueva realidad de los usuarios cuando no contrastan información o no existe proceso de análisis y reflexión de datos. A esta nueva realidad se le conoce como posverdad, la cual se amplifica y se convierte en un hecho verídico, aunque no lo sea.

El problema de la desinformación aumenta aún más cuando el contenido es producido por figuras públicas que suponen cierto poder. Tal es el caso del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que sin información verificada le dijo a su población que inyectarse desinfectante podría funcionar como cura para el coronavirus.

Otro ejemplo de Fake News viralizadas fueron aquellas notas que se difundieron sobre el robo del líquido de las rodillas en pacientes hospitalizados por coronavirus, líquido que supuestamente se vendería en el mercado negro. Ahora, la pregunta es, ¿cómo inician estas narrativas? En este caso empezó con la viralización de un meme que hacía referencia a esta situación, era un chiste hasta que dejó de serlo y se convirtió en parte de la realidad de muchos mexicanos que creían fervientemente en esta teoría.

Así como estos casos existen otros tantos que promueven la desinformación y desconfianza en la población, sin embargo, no se puede culpabilizar únicamente a los creadores de este contenido, sino también, a quien lo difunde sin tener la certeza de que es real, aún más teniendo la posibilidad de acceder a contenidos certeros y fuentes confiables a través del Internet.

La era de la información se convierte en la era de la desinformación con la velocidad de un “click”. La pandemia de la desinformación comparte características con el coronavirus, ambas son virales, ambas se propagan rápidamente y ambas tienen millones de víctimas contagiadas alrededor del mundo. “Nunca habíamos sabido tanto de nuestra ignorancia, bien lo dijo hace unas semanas Habermas, dibujando en una frase la síntesis de la otra gran pandemia en la humanidad: la decisión, consciente y libre, de optar por no pensar y por no saber”.

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