La Nueva Constitución de Chile

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Escrito por: Brandon Celaya Torres

Tras las multitudinarias protestas que iniciaron el 18 de octubre de 2019 en Chile, el actual gobierno y la oposición llegaron al acuerdo de llevar a cabo un referéndum que modifique la constitución chilena, heredada de la dictadura de Pinochet y del neoliberalismo. La fecha original del referéndum era el 26 de abril de 2020, no obstante, por la crisis de salud ocasionada por el virus Covid-19 se aplazó hasta octubre de este mismo año.

La herencia neoliberal de Pinochet

La constitución que se modificará fue firmada en 1980, siete años después del golpe de Estado liderado por Pinochet en contra de Salvador Allende. Entre las personas que apoyaron esta constitución se encuentra José Piñera Echenique, hermano del actual mandatario de Chile. José Piñera también fue el creador del actual sistema de pensiones privado de Chile, como ministro de Trabajo y Previsión Social de Pinochet. Mismo sistema de pensiones que fue una de las múltiples causas de protesta durante las manifestaciones de octubre 2019.

En entrevista para AJ+ Español, la doctora Amaya Álvez, profesora de Derecho Público en la Universidad de la Concepción, comentó: “la constitución ve a los ciudadanos como consumidores […], somos consumidores y finalmente resulta que las reglas del juego las fija el mercado. Incluso para nuestros derechos ciudadanos”.

Para este mismo medio informativo, el doctor Fernando Muñoz, profesor de la Universidad Austral, comentó que “el modelo de derechos sociales chileno es un modelo en el cual, lo que se protege constitucionalmente, es la libertad negativa de no ser obligado a acceder a las prestaciones públicas.” Esto significa dejar en el ciudadano la decisión de acceder al sistema de salud con base a su poder adquisitivo, dejando en condiciones precarias los sistemas de salud pública al que acceden las personas más vulnerables y en condiciones de marginalidad.

Terapia de shock.

De acuerdo con la periodista y pensadora Naomi Klein, la herencia neoliberal proviene de la intervención norteamericana junto con la teoría de shock planteada por Milton Friedman, ganador del premio Nobel de economía en 1976, escritor del libro Capitalismo y libertad, y asesor de Pinochet.

En su libro titulado La doctrina del Shock, Naomi Klein nos cuenta que “Friedman creía que cuando la economía estaba muy distorsionada, la única manera de alcanzar el estado previo era infligir deliberadamente dolorosos shocks: sólo una ‘medicina amarga’ podía borrar todas esas distorsiones y pautas perjudiciales. La herramienta que escogió Friedman fue la política, exigiendo que políticos atrevidos de países en dificultades adoptaran la perspectiva del tratamiento de shock”. Así, Friedman vio en Pinochet la oportunidad de probar su teoría económica.

Tras el golpe de estado, la dictadura puso en marcha la maquinaria de shock. A través del comandante Sergio Arellano Stark se formó un escuadrón de la muerte, el cual “en cada ciudad y pueblo escogían a los prisioneros de perfil más alto, a veces hasta veintiséis a la vez, y los ejecutaban. El rastro de sangre que dejaron durante esos cuatro días se conocería como la caravana de la muerte.”

Aunado al shock originado por el escuadrón de la muerte, Friedman le recetó a Pinochet llevar a cabo un shock económico, legitimado a través de los think tanks norteamericanos y los Chicago Boys, estudiantes chilenos becados por la Universidad de Chicago, de la que Friedman formaba parte, y enviados devuelta a su país de origen para poner en práctica las teorías económicas neoliberales.

Los Think Tanks y los Chicago Boys redactaron un documento apodado El Ladrillo, en el cual, “las propuestas que aparecen […] se parecen asombrosamente a las que hace Milton Friedman en Capitalismo y libertad: privatización, desregulación y recorte del gasto social; la santísima trinidad del libre mercado.” El Ladrillo fue redactado con anterioridad al golpe de estado de Pinochet y sirvió como plan económico una vez establecida la dictadura.

Las consecuencias a corto y largo plazo del neoliberalismo y la privatización

Tal como documenta Naomi Klein, en 1974, pocos meses después del triunfo de Pinochet, “la inflación alcanzó el 375%, la tasa más alta en todo el mundo y casi el doble de su punto más alto con Allende. El precio de productos de primera necesidad, como el pan, se pusieron por las nubes. En paralelo, los chilenos perdían su empleo gracias a que el experimento de Pinochet con el ‘libre mercado’ estaba inundando el país de importaciones baratas.” Ocho años después, en 1982, “la economía de Chile se derrumbó: explotó la deuda, se enfrentaba de nuevo la hiperinflación y el desempleo alcanzó el 30%, diez veces más que con Allende”.

A pesar de los datos anteriores, los economistas y políticos cercanos al neoliberalismo llamaron al periodo de Pinochet como “el milagro chileno”. El llamado milagro se dio en 1988, cuando la economía comenzó a estabilizarse y comenzó a crecer. No obstante, las cifras recogidas por Naomi Klein muestran que “el 45% de la población había caído por debajo del umbral de la pobreza. El 10% más rico de los chilenos, sin embargo, había visto crecer sus ingresos en un 83%”.

Históricamente, a partir de las recetas neoliberales de Friedman, Chile ha sido de los países con mayor desigualdad social. Para el 2019, Chile continuó como uno de los países con mayor desigualdad a nivel internacional, pues tan solo el 1% de la población concentró el 25% de la riqueza generada en el país. Actualmente, gracias al sistema privado de pensiones “el 82% de la población recibe pensiones inferiores a un salario mínimo”.

Si todo esto conforma el llamado “milagro chileno” se puede afirmar, junto con Naomi Klein, que “si ese historial hace que Chile sea un milagro para los economistas de la Escuela de Chicago, quizá sea porque el tratamiento de choque nunca tuvo como objetivo devolver la salud a la economía. Quizá se suponía que tenía que hacer exactamente lo que hizo: enviar la riqueza a los de arriba y conmocionar a la clase media hasta borrarla del mapa”.

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