El Sahel: Crisis Humanitaria en tiempos de COVID-19

Mundo

 Escrito por: Mariana González Correa

La pandemia causada por el COVID-19 ha tenido efectos devastadores alrededor del mundo en materia sanitaria, económica, política y social. En el ámbito sanitario, con fecha del 30 de junio de 2020, los contagios acumulados a nivel mundial llegaron a más de 10 millones, mientras que las muertes son más de 500 mil, de acuerdo con el conteo de John Hopkins University. En materia económica, se prevé una grave recesión, según el Fondo Monetario Internacional, pues en su última actualización de Perspectivas de la Economía Mundial, se espera que la economía decrezca un 4.9%, aunque la incertidumbre puede alterar esta predicción. Los medios de comunicación han hablado, mayoritariamente, del aumento en el número de muertes, la caída de la bolsa, la capacidad hospitalaria y la nueva normalidad, sin embargo, se han olvidado de algo de suma importancia: el Sahel. Si la realidad social, política y económica se ha visto transformada gravemente para Europa, Estados Unidos, y otros países potencia, ¿qué está pasando en esta región, donde prevalecen los conflictos armados, la violencia y las consecuencias del cambio climático?

El Sahel es una región en África, conformada por Nigeria, Níger, Senegal, Mauritania, Malí, Burkina Faso, Argelia, Chad, Sudán, Eritrea y Etiopía, que se encuentra entre el desierto del Sahara al norte y la sabana sudanesa al sur. En esta región, se han desencadenado una variedad de sucesos que llevan a una situación de vulnerabilidad ante la pandemia. Aunque el Sahel no tiene límites definidos, se conforma por países con características históricas, económicas, culturales y sociales comunes, sobre todo Mauritania, Malí, Níger, Burkina Faso y Chad, los cuales son parte del G5 Sahel. Si bien el resto de los países tienen un contexto diferente, los acontecimientos en el Sahel afectan a todos. En dicha región, desde antes de la pandemia, existían diversas problemáticas, tales como el conflicto armado por grupos yihadistas, la pobreza extrema y el cambio climático.

En primer lugar, la historia detrás del conflicto armado es compleja, por lo que se tratará brevemente. En los países que forman parte del Sahel, hay una inestabilidad política inherente por su legado postcolonial, pues cuando se volvieron independientes, no encontraron una forma adecuada de administración, generando una falta de gobernanza y, por ende, gran desigualdad social y pobreza extrema. Un ejemplo de esto es Nigeria, la mejor economía de la región, donde están algunas de las personas más ricas de la tierra, así como algunas de las más pobres. En adición a esto, hay presencia de varios grupos yihadistas, como Al-Qaeda en el Magreb Islámico en Argelia, Malí, Mauritania y Níger, y Boko Haram en Nigeria, Níger, Chad y Camerún, al igual que Al Shabaab. Estos no solamente llevan a cabo enfrentamientos y atentados contra civiles y militares, sino que son responsables del tráfico de personas y armas en la región. Estas condiciones precarias de violencia han llevado a migraciones masivas en el Sahel, por ejemplo, solamente en Burkina Faso, en enero de 2019, había 57,000 desplazados internos por el conflicto.

En segundo lugar, las personas del Sahel se ven forzadas a desplazarse igualmente por el cambio climático, pues ha sido de las regiones más afectadas, ya que el aumento de la temperatura va a un ritmo 1.5 veces más rápido que la media mundial, además de que la Organización de las Naciones Unidas, estima que el 80% de las tierras de cultivos se han degradado. Por ende, las sequías e inundaciones se han vuelto más prolongadas y frecuentes, socavando la producción de alimentos. Aunado a lo anterior, alrededor de 50 millones de personas en esta región dependen del ganado y, como la tierra destinada a los pastores ha disminuido por estos efectos y por el constante crecimiento poblacional, la inseguridad alimentaria es una realidad. A partir de la crisis alimentaria en 2012, más de 33 millones de personas en el Sahel han sido afectadas por esta, mientras que 4.7 millones de niños menores a cinco años sufren de malnutrición aguda. La conjunción de estos factores han llevado al desplazamiento de medio millón de personas en Burkina Faso, Níger y Malí en 2019.

Tomando lo anterior, el Sahel se ha visto envuelto una crisis humanitaria que ha afectado a alrededor de 12 millones de personas en Mauritania, Malí, Níger, Burkina Faso y Chad, afirma el Comité Internacional de la Cruz Roja. En este contexto, el COVID-19 ha tenido consecuencias dramáticas. Por un lado, los confinamientos y el cierre de fronteras han paralizado la economía y han disminuido los ingresos de las familias, por lo que el reclutamiento de los grupos yihadistas ha aumentado por los beneficios económicos y de seguridad que pueden adquirir. Como menciona Xavier Creach, responsable de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados en África occidental, la pandemia retroalimenta el conflicto armado, además de que la guerra se volvió más “sucia”, pues los casos documentados de violaciones a los derechos humanos por las fuerzas de seguridad han incrementado. Por otro lado, el Programa Mundial de Alimentos muestra su preocupación, puesto que las predicciones hechas en abril indican que en Burkina Faso, la inseguridad alimentaria aumentaría a más del triple en junio de este año, en comparación con 2019, afectando a más de 2.1 millones de personas. En adición, se estima que, en los meses de junio a septiembre, habrá un aumento del 77%, pasando de 10.8 millones de personas a 19.1 en situación de inseguridad alimentaria. Por lo tanto, una situación extraordinaria, como es la pandemia por el COVID-19, no ha impactado solamente en Europa, Estados Unidos y China, como leemos diariamente en las noticias, sino que ha tenido efectos catastróficos en las regiones más olvidadas del mundo, como lo es el Sahel.

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