El homo-capital; la post-estructuración de la epidemia social.

Mundo

Escrito por: Karen Corona Maldonado

Tras la crisis pandémica generada a causa del Covid-19, sobreviene una nueva realidad a puerta cerrada, donde las desigualdades se hacen presentes y la economía global se ve vulnerada por un sistema financiero lúgubre, tentativo al cambio. 

Autores como Slavoj Žižek o Alejandro Ruiz, economista de CaixaBank Research, han previsto incluso, desde hacía tiempo, un debilitamiento gradual del capitalismo como lo conocemos, ampliando el espectro global hacia un nuevo orden del sistema monetario devenido en lo político y social. Žižek por su parte, advierte el multilateralismo estadista, el surgimiento de una interdependencia y cooperación alusoria a la utopía de un comunismo. Mientras que Ruiz contempla un panorama flagelado del sistema capital ya endeble por crisis previas. 

Pese a ello, la reestructuración económica no podría obligarse a voltear su vista hacia un socialismo y mucho menos, hacia un comunismo –imposible-. Puesto que, los intereses políticos, no permitirían la vulneración de sus privilegios solo para la restauración de un sistema en constante falla. Es decir, el cambio es indiscutible, pero, el porvenir hacia el próximo destino económico-social aún es un enigma para muchos. 

Primeramente, la semiótica que regenta la política mundial ha estado mutando desde tiempo atrás hacia el tecnocentrismo, la audacia burocrática y la sobreexplotación del ser mismo como capital. El sujeto se vuelve parte de una maquinaria social y de trabajo, que sutura la desventaja económica que ha provocado el confinamiento a causa del Covid-19. Se insinúa la integración del humano y su actividad cognitiva como parte de un proceso productivo de un modelo capitalista en evolución, como mencionaría Franco Belardi en su libro “La fábrica de la infelicidad”. Esta epidemia social perpetuaría el antiguo sistema anormal, pero normalizado con el agotamiento de estímulos de felicidad recluidos a la satisfacción y a los apegos inmediatos que encanten al placer. 

Ahora bien, si a esto se le añade miedo y carácter irreflexible, se obtendría la supervivencia del ser, pero no del humano como parte de una sociedad turbada y cabizbaja a las decisiones del Estado ante el panorama caótico de la actual crisis sanitaria. Dicho de otro modo, el totalitarismo político podría verse tolerado si el horizonte próximo es alterado para verse más escabroso. Modelo en el que no se tendría que violentar directamente a la población, sino a sus intereses primarios, coaccionando a los Estados a intervenir masivamente en el sector privado para regularlo. No obstante, el liderazgo económico que hasta ahora había tenido el dólar, como moneda base, se traslada a los intercambios a través de monedas digitales.

Por otra parte, la remoción de muchas actividades presenciales y esenciales que se hayan detenido (para ser ejecutadas desde la distancia, con apoyo de lo digital) convierte al nuevo capital humano en “el intelectual”. Ahora bien, la tecnología acelerará los procesos de producción y restauración económico-financiera, pero liquidará al ser como racional hasta volverlo inmutable hacia los estímulos que su contexto le arroje. 

Esta inmutabilidad fomentará la trascendencia de los intereses políticos, socabando al sujeto hacia una epidemia social de desinterés evolutivo y crítico-racional, que, además, alimentará el manejo colectivo a través de la posverdad; el nuevo manejo de lexemas al placer del poder, esto genera un binomio entre la impotencia y la potencia; el primer término desde la perspectiva de una sociedad sedada, imperturbable y el segundo, desde la hegemonía política que permitirá la post-estructuración social hacia el homo-capital, quien estará alienado hacia la motricidad maquinaria de un modelo económico evolutivo que sustraerá de sí lo necesario para mantenerse vigente. 

El fin del capitalismo puede que sea sustanciosamente posible, pero en el ahora no figura. La reestructuración exculpada por la pandemia delimitará nuevos cambios en el orden hegemónico, siendo el hombre -como generalización de géneros- y como órgano de la epidemia social, el benefactor de la nueva estructura común.  

1 comentario sobre "El homo-capital; la post-estructuración de la epidemia social."

  1. Es un articulo espectacular, la autora logra crear una idea donde logra explicar con gran sencillez que aun para los no conocedores del tema como yo, se vuelve una lectura bastante interesante e enriquecedora.

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