“El grito de ahogado”: la Administración Trump enlista a Cuba entre los Estados patrocinadores del terrorismo

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Pie de foto: Mike Pompeo, secretario de Estado estadounidense, durante una conferencia de prensa en marzo del año pasado (2020). 
Créditos: El País/Nicholas Kamm/AFP

Escrito por: Karen Maldonado

El lunes 11 de enero, mediante declaraciones emitidas por el secretario de Estado, Mike Pompeo, Estados Unidos ha señalado a Cuba como un país que representa riesgos y amenazas hacia la seguridad internacional. Esta acción, así como la inclusión de Cuba a la lista de países patrocinadores del terrorismo, ha significado un posible quiebre en las relaciones entre ambos Estados, así como un retroceso y un reto para el nuevo gobierno de Biden.

A pocos días de la sucesión presidencial y la entrada en vigor de una nueva administración comandada por Joe Biden, Donald Trump anunció, a través del Departamento de Estado, un comunicado en el que se coloca en la lista terrorista estadounidense a Cuba. Esto es debido a que Cuba se le ha acusado de tener supuestos vínculos con el terrorismo, como lo son actualmente para EE. UU. Corea del Norte, Irán y Siria. Según afirma Joe García, exsecretario de Energía de la administración Obama, lo anterior se refiere al “último grito de ahogado” del actual presidente estadounidense. Además, no han habido justificaciones, ni explicaciones claras y comprobables, que respalden dicha medida. 

Ante los hechos sucedidos, la Cancillería de Cuba declaró que las afirmaciones estadounidenses son un “(…) acto soberbio de un Gobierno desprestigiado, deshonesto y en bancarrota moral (…)”. Además de condenar lo dicho como fraudulento, cínico, oportunista y carente de motivación, ya que se considera que la acusación es una medida para restringir vínculos políticos y comerciales entre la futura administración de Joe Biden y La Habana.

“(su verdadero objetivo es) imponer obstáculos adicionales a cualquier perspectiva de recuperación en las relaciones bilaterales entre Cuba y los Estados Unidos”.

Para justificar legalmente las acciones del Estado, Pompeo señaló que Cuba ha sido cómplice de actos que significan amenazas internacionales, como la negativa cubana de extraditar a miembros o ex miembros del Ejército de Liberación Nacional (ELN) en Colombia. Esto a pesar de que Cuba se ha declarado mediador por la paz, negociando en La Habana con los líderes del ELN y procurando respetar los acuerdos internacionales. 

Pie de foto: Cartón político sobre la perspectiva del presidente Trump respecto a Cuba y Venezuela. 
Créditos: Juventud Rebelde; Autor: Linares. 

No obstante, el secretario de Estado estadounidense aseguró que más allá de lo sucedido con su relación con Colombia y la guerrilla, Cuba ha significado por mucho tiempo el “santuario de fugitivos de Estados Unidos”; haciendo referencia a lo sucedido con Joanne Chesimard, militante del Black Power, también conocida como Assata Shakur, involucrada en la muerte de un policía en 1973. Pompeo recordó lo anterior como semblanza a que Cuba se convirtió en el país refugio de la convicta tras haber huido de la prisión en la que cumplía condena. 

Asimismo, el secretario de Estado recalcó las relaciones diplomáticas que Cuba mantiene con Venezuela como un riesgo a la comunidad internacional y, por supuesto, a EE. UU, ya que, según Pompeo, el apoyo de la isla permite al presidente Nicolás Maduro mantenerse en el poder y crear un entorno permisivo para que terroristas internacionales vivan en Venezuela. Como respuesta a las acusaciones, el canciller de Cuba, Bruno Rodríguez, condenó como hipócrita y cínica la calificación hecha por EE. UU mediante un comunicado en Twitter.

De igual manera, el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, se proclamó inconforme con los señalamientos de Pompeo refiriendo lo siguiente: “Denunciamos maniobra unilateral, absurda, hipócrita e injusta del gobierno de EE. UU. para incluir a Cuba en su lista de estados patrocinadores del terrorismo. Ese gobierno acoge a grupos terroristas que actúan contra Cuba”. Díaz-Canel remarcó su compromiso internacional al rechazar en lo absoluto todo acto de terrorismo en cualquiera de sus formas y manifestaciones, además de reiterar que, desde la administración de Barack Obama en el 2015, Cuba fue absuelta de su participación dentro de la lista en la que fue puesta por el gobierno de Ronald Reagan en 1982.

Su nueva adhesión a la lista se debe al seguimiento de un “instrumento de difamación para aplicar medidas económicas coercitivas contra naciones que se resistan a doblegarse a los caprichos del imperialismo estadounidense”. Según el Departamento de Estado, la decisión de haber metido a Cuba a la lista de patrocinio al terrorismo involucra diversas consecuencias como “restricciones a la ayuda exterior de Estados Unidos; una prohibición de las exportaciones y ventas de defensa; ciertos controles sobre las exportaciones de artículos; y diversas restricciones financieras y de otro tipo”.

Expertos en la materia, como Joe García quien fue miembro de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos para el partido Demócrata, han declarado que estas acciones son “el último grito de ahogado” del gobierno de Trump. Por su parte, Carlos Alzugaray, exembajador de Cuba ante la Unión Europea, ha calificado la medida como una complacencia para cierto sector del electorado ya que cumple con “objetivos domésticos para continuar revirtiendo las políticas del expresidente Obama”. 

Alzugaray considera que han sido indebidamente justificadas las declaratorias, puesto que no se han hecho las investigaciones suficientes ni los procedimientos reglamentados, para “ponerle los mayores obstáculos” a cualquier intento del nuevo gobierno por retomar relaciones y alianzas con Cuba. “Sin el menor recato ni probidad política, Trump y [el secretario de Estado] Pompeo toman una medida que seguramente Biden tendrá que revisar, y que de hecho desprestigia aún más una lista que los más importantes especialistas consideran que se ha usado con fines políticos y que no contribuye en nada a la lucha contra el terrorismo”.

Otro ejemplo es el senador demócrata Patrick Leahy, quien ha apoyado en diversas ocasiones el acercamiento estadounidense con Cuba y Venezuela. Condenando, en esta ocasión, la designación a la lista de terroristas que ha hecho el gobierno en turno declarando que es una acción “abiertamente politizada” y que “el terrorismo local en Estados Unidos es una amenaza mucho mayor para los estadounidenses”.

Por su parte, el equipo de Biden no se ha pronunciado oficialmente por el momento, sin embargo, uno de sus miembros se ha citado de manera anónima en The Wall Street Journal para aclarar que el presidente electo revisará y “ofrecerá un veredicto basado exclusivamente en el criterio del interés nacional”.