El 6 de enero los Ads costaron 5 vidas

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El asalto al Capitolio ha sido uno de los episodios más penosos en la historia democrática de los Estados Unidos, entre los culpables: las redes sociales.

slate.com

La irrupción violenta en el Capitolio de Estados Unidos, en Washington, con la que manifestantes, a favor del presidente Donald Trump, impidieron que el Congreso certificara el triunfo electoral del demócrata Joe Biden, resultó en la muerte de 5 personas.  Si bien el presidente Trump, sus colaboradores y medios de comunicación de extrema derecha cargarán con la culpa, no podemos dejar de lado el papel que jugaron las redes sociales Facebook, Twitter, Instagram y Youtube al facilitar desinformación y fomentar discursos de odio.

Es bien sabido que la fórmula millonaria de las grandes empresas de redes sociales se basa en la creación de algoritmos que buscan mantener a los usuarios el mayor tiempo posible dentro de sus plataformas y mostrarles anuncios personalizados.

Uno de los grandes problemas es que estos algoritmos amplifican la desinformación ya que permiten que contenido particularmente atractivo y rentable, pero falso, sea rápidamente difundido.  Es por ello que, las teorías de conspiración y las noticias falsas tienen un alcance tan amplio. Este factor sumado al efecto burbuja que suscita el mismo algoritmo al mostrarle al usuario contenido que simpatice con sus ideologías, promueve comportamientos extremos y provoca opiniones polarizadas.

Según el escritor Ryan Broderick, “lo único que puede satisfacer las demandas imposibles de tiempo en el sitio en plataformas como Facebook, Twitter y YouTube son el odio y el conflicto”. De esta forma el presidente y sus extremistas seguidores actúan de maneras que los recompensan. El 6 de enero ese extremismo cultivado en línea se trasladó al mundo real.

Entre los manifestantes que irrumpieron el Capitolio se identificaron una variedad de grupos de extrema derecha y partidarios de teorías de conspiración, muchos de los cuales han estado activos en línea durante mucho tiempo y en manifestaciones a favor de Trump.  De estos grupos destacan principalmente dos: la organización antiinmigrante Proud Boys, que cuenta con un historial de confrontaciones violentas y que se describen a ellos mismos como un club de hombres políticamente incorrecto para “chovinistas occidentales” (con preferencia excesiva por todo lo nacional) y los seguidores de Qanon, teoría que considera al presidente Donald Trump como un héroe que está librando una guerra secreta contra los pedófilos adoradores de la élite de Satanás en el gobierno, los negocios y los medios de comunicación.

Capitolio de EEUU: ¿Quién es Q-Shaman?: el radical con cabeza de búfalo que  lideró la invasión al Capitolio con 'orcos' | Marca.com
Q Shaman asaltante líder del Capitolio de EE UU. Elpais.com

Una investigación de Facebook reveló que el 64 por ciento de las veces que una persona se une a un grupo extremista de Facebook, lo hace porque la plataforma lo recomienda.  Facebook también ha reconocido que las páginas y grupos asociados con el extremismo de QAnon tenían al menos 3 millones de miembros, lo que significa que el algoritmo de Facebook acercó a 1.5 millones de personas a ser seguidores de esta teoría. 

No es una sorpresa que los miles de partidarios más fieles del presidente Donald Trump, impulsados ​​por teorías de conspiración en redes sociales y motivados tras uno de los discursos más feroces de la vida política del presidente, hayan actuado como lo hicieron.

Después del desastre, esta semana, las principales redes sociales impusieron distintas sanciones a las cuentas del presidente. Mark Zuckerberg anunció el bloqueo de las cuentas de Facebook e Instagram indefinidamente y durante al menos dos semanas; mientras que, el día de ayer 8 de enero, Twitter dio de baja la cuenta oficial del presidente.

Estas medidas han causado un gran impacto mediático, sin embargo, en realidad ninguna de ellas ataca al verdadero problema. Donald Trump como usuario de redes sociales, obviamente no es un sujeto segregado; es, más bien, la figura líder de un movimiento político que, de hecho, se popularizó gracias a estas. Los usuarios violentos y racistas con cientos de miles de seguidores creando contenido compartido millones de veces siguen en línea y los algoritmos que los acercan a ideologías alrededor del Trumpismo siguen trabajando.

Los hechos ocurridos en el Capitolio son un poderoso ejemplo de cómo la desinformación es un arma con la capacidad de remodelar la vida política. Las falsas realidades promovidas en línea pueden mover a las personas y crear nuevas realidades. Las redes sociales tienen un papel esencial en la libertad de expresión y la participación en la cultura democrática, pero antes que responsabilizarse, han elegido el beneficio por encima de la seguridad de sus usuarios.  El 6 de enero los Ads (anuncios publicitarios) costaron 5 vidas: Brian D. Sicknick, Ashli Babbitt, Benjamin Phillips, Kevin Greeson y Rosanne Boyland.

En este momento la conversación que deberíamos tener es: ¿cómo podemos arreglar los algoritmos? y ¿cómo y por qué las redes sociales regulan el discurso en línea?