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Darfur: El necesario compromiso gubernamental de proveer seguridad para volver a casa.

Fuente: OIM
Sudaneses desplazados y apoyados por la Organización Internacional para las Migraciones, en 2017. 

Escrito por: Maryel Sánchez

La emigración de sudaneses continúa ante confrontaciones entre tribus. 250 muertes en la segunda mitad de enero sustentan la inseguridad de la que continúan huyendo mujeres y niñxs, principalmente.

El pasado viernes 29 de enero de 2021, a través de la página oficial de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), se dio a conocer la cifra de que 100,000 sudaneses han sido desplazados de su país de origen como resultado de los incesantes conflictos civiles a lo largo de los años. Dicho movimiento migratorio ha sido retomado dados los 250 decesos registrados en tan solo la segunda mitad del mes de enero.

De acuerdo con Ravina Shamdasani, vocera de la Oficina de la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, entre el 15 y 17 de enero del 2021, en Darfur, Sudán, una serie de enfrentamientos tuvieron lugar entre las comunidades masalit y árabe, que dejaron 160 muertos y 215 heridos. A raíz de ello, alrededor de 3,500 personas, de las cuales la mayoría son mujeres y niños, atravesaron la frontera de su país vecino, Chad, con destino a la provincia de Ouaddaï. Sin embargo, dada la situación pandémica, antes de ser ubicados en refugios deben cumplir con la cuarentena establecida por las autoridades en localidades míseras, apenas protegidas por los árboles.

La rivalidad entre ambas tribus, iniciada tras el asesinato de un líder tribal Dinka, ha perdurado a través del tiempo y traído consigo enfrentamientos armados, incendios a refugios, ataques a aldeas y trágicos asesinatos, destacando un niño de 10 años de la tribu Reizigat, quien fue privado de la vida tras buscar a sus camellos en tierras pertenecientes al clan Falata.

Fuente: France24
Sudaneses desplazados, haciendo fila para registrarse en la Organización Internacional para las Migraciones y el Programa Mundial de Alimentos, en 2016.

Sudán atraviesa por la disparidad étnica desde 2013. Desde entonces, según la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), alrededor de cuatro millones de ciudadanos sudaneses han emigrado en busca de seguridad y protección en una de las más grandes crisis migratorias de África.

A pesar del alto número de desplazamientos, 350,000 sudaneses han vuelto paulatinamente a su territorio desde 2017, a partir de que se asegura que la paz está regresando, aunque lentamente, a Darfur. Shamdasani hizo la petición al gobierno sudanés de asegurar al pueblo el bienestar y la plena aplicación de su plan nacional, así como restablecer el orden público y el Estado de derecho del país, de forma que no solo se promueva la satisfacción de los residentes en su propio país, sino lograr que se detenga el flujo migratorio.

En definitiva, la enemistad de las tribus masalit y árabe ha dejado muertes y temor a su paso, provocando un movimiento a gran escala de los habitantes de Darfur. Pese a que algunos han vuelto, la mayoría continúan en su país o comunidad de refugio, algunos lejos, otros cerca, y unos cuantos cumpliendo incluso con medidas sanitarias de prevención. Al gobierno de Sudán le ha sido encomendada una tarea para poner fin a dos problemas que enfrenta desde hace tiempo.