Ciberguerra: Irán e Israel

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Escrito por: Karen Maldonado

Recientemente, el 2 de julio en Natanz, Irán, un establecimiento nuclear sufrió un ataque cibernético en el que también fueron incendiadas sus instalaciones. Pese a haber sido negado el suceso, el Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, reaccionó con poca inmediatez, aludiendo el hecho a una cuestión que, por razones de seguridad, no sería mencionada ni mucho menos las causas de ella hasta ese momento.

Previo a esto y en varias ocasiones, Irán ha sufrido diversos incidentes que han evidenciado, nuevamente, un panorama de resentimiento directo con las fuerzas de inteligencia en Israel, ya que, este último, declaró haber sido foco de ataques cibernéticos por parte de hostilidades con el anterior actor político al dirigir atención militar y estratégica hacia un sistema acuífero israelí.

Como respuesta a la ofensiva previa, tácticamente se atacó Shahid Rajaae, un eje marítimo al sur de Irán que interconecta su economía en cuanto a la emisión de exportaciones y a la captación de importaciones. A ello, funcionarios estadistas declararon culpable a un reciente corte en la energía local; sin embargo, fuentes externas señalaron el incidente como una represalia por lo ocurrido al sistema acuífero.

En adición a ello, a lo largo de estos últimos tres meses, el aumento en accidentes con relación a sabotajes cibernéticos ha planteado un horizonte hostil entre ambas potencias nucleares (Irán e Israel). Entre ellos, el pasado 26 de junio, Irán registró una explosión en Khojir dentro de un centro de producción de combustible para misiles balísticos. Días más tarde, precisamente el 30 de junio, una explosión en Teherán resultó en el deceso de 19 personas. Mientras que, para el mes siguiente, el 3 de julio, un incendio en Shiraz arremetió el suroeste de Irán sin motivo aparente y consecuente a ello, el día 4, ocurriría en Ahwaz una explosión y un incendio en una planta local de energía, así como el escape de gas de cloro de un recinto petroquímico, en Mahshahr.

El análisis de lo precedente apuntaría, entonces, a una estrategia de Israel para limitar el crecimiento militar y por ende, nuclear de Irán. Al flagelar económicamente sus puertos de comercio, debilitarían su economía y alterarían los recursos con el que este soporta el financiamiento bélico en la frontera de Teherán, remitiendo a control su poder armamentista. Ahora bien, en el aspecto nuclear, a pesar de las regulaciones en su producción de uranio por el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA); internacionalmente, Irán representa riesgos en la seguridad transnacional.

Puesto que tanto Khojir como Parchin, han fungido como centros de producción misíl a pesar de las advertencias de la OIEA sobre sus actividades debido a que Irán niega el acceso a la organización y le limita el conocimiento sobre lo que ahí acontece. Se sospecha que dentro de ambos centros militares se realizan pruebas con misiles y explosivos de alto alcance relacionados a la industria de las armas nucleares.

Dichas acciones han sido igualmente relacionadas con Natanz. Behrouz Kamalvandi, portavoz de la agencia nuclear de Irán, afirmó que estas instalaciones han sido realmente diseñadas para las últimas fases de máquinas centrifugadoras que permitan enriquecer el uranio, sin mencionar los fines para los que este sería utilizado. A pesar de las declaraciones de Irán sobre los objetivos meramente civiles y económicos de su proyecto, se cuestionan las acciones que han sido ocultadas del ojo público y la suspicacia con la que se llevan a cabo este tipo de actividades.

Tras haber sido reprimido, y en varias ocasiones, imputado a sanciones internacionales, Irán aceptó en 2015 someterse a un acuerdo nuclear que recientemente, a raíz del abandono de EE. UU, le sirvió como excusa para evadir sus compromisos y actuar sin la tutela de los organismos mundiales. Así mismo, ha declarado intenciones de responder si es que se comprueba la participación de Israel en los atentados anteriores a sus bases nucleares.

En 2010 se identificó a la inteligencia israelí como responsable de una coalición con EE. UU con el fin de sabotear los planes de crecimiento nuclear en Natanz al desarrollar un virus informático de nombre Stuxnet.

La economía sustentada en la energía nuclear ha ampliado el espectro en su alcance, sin embargo, si no es regulado por organismos internacionales de carácter neutro, podría desencadenar una confrontación entre potencias. Estos ciberataques reflejan, presuntamente, dicho temor de crecimiento nuclear y la incapacidad de las potencias por autorregulación, así como la invalidez con la que la OIEA y los acuerdos nucleares son tomados por Estados en ascenso de poder.

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