Carrera espacial: la nueva frontera

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Escrito por: Karen Maldonado

Países miembros de la OTAN manifestarían su interés por encaminar, si no es que apresurar, sus pasos hacia nuevas fronteras y, sin fijar la suficiencia de sus facultades a la Tierra, el espacio sería su nuevo objetivo. Alentados a una coalición justa entorno a la conquista de este dominio, la desproporcionada simpatía por parte de Rusia revelaría el temor de las demás potencias por una guerra extendida al cosmos.

El pasado 23 de julio del 2020, el Comando Espacial de EE. UU refirió a Rusia como responsable de la creación de un arma antisatélite que circularía en el espacio como parte significativa de una prueba. Pese a no ser una amenaza directa, la potencial escalada a un inminente riesgo bastaría para especular lo siguiente: “la prueba de la semana pasada es un nuevo ejemplo de que las amenazas contra las instalaciones espaciales de Estados Unidos y sus aliados son reales, serias y crecientes”, según indicaría el Comando.

A ello, Serguéi Shoigú, ministro de Defensa en Rusia, aseveró el interés de su nación por llevar a cabo inspecciones a su equipo espacial, por lo que nuevas tecnologías bastarían para llevar el proceso de manera simple y sin complicaciones. Dudoso de ello, a través de Christopher Ford, actual secretario de Estado Adjunto para la Seguridad Internacional y la No Proliferación, el gobierno estadounidense contraindicaría las declaraciones previas al referir como “hipócritas” sus intenciones, así como malintencionadas, ya que, desde su punto de vista, su objetivo sería únicamente el potenciar su programa contra-espacial y reducir la capacidad expansiva de EE. UU.

En sumatoria al anterior choque diplomático, Harvey Smyth, jefe del directorio espacial y vocero del Reino Unido, señaló como amenazantes las diligencias rusas declarando lo siguiente: “Acciones como esta amenazan el uso pacífico del espacio y pueden generar restos que supongan una amenaza a los satélites y los sistemas espaciales de los que depende el mundo”. De esta manera, urgió el compromiso de Moscú ante el convenio entre naciones que indicaría la exploración espacial en colectivo y con el único propósito de preservar en ello la paz.

Jonathan Marcus, corresponsal de la BBC para Asuntos de Defensa, advirtió la expansión a nuevas trincheras de control territorial por comandos militares con la capacidad de lidiar ofensiva, y defensivamente, disputas por un terreno aún sin basta exploración. La preocupación genérica circula entorno al hecho de potencias en vigilia de otras, con intenciones de poner en riesgo las instalaciones de Estados Unidos y sus aliados próximos.

En responsiva, Jens Stoltenberg, secretario general de la OTAN, añadió a la actual narrativa el ímpetu de los Estados por reducir sus intereses a fines pacíficos, advirtiendo presuntos riesgos que apremiarían un conflicto de no ser tomados con seriedad y, sobre todo, con responsabilidad. “…las armas antisatélite pueden inutilizar comunicaciones y servicios de los que depende nuestra sociedad”. Con inmediatez, Vladimir Putin, presidente ruso, afrontó las manifestaciones a sus planes expansivos exponiendo el propósito de su nación por fortalecer la industria espacial sin la necesidad de sistematizar su militarización.

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Sin embargo, Alexandra Stickings, experta en seguridad espacial del Royal United Services Institute (Rusi), sostuvo evidencias que demostrarían, en sí, la militarización del cosmos desde hacia años. Si bien durante el contexto de la Guerra Fría las superpotencias supuestamente luchaban por conseguir el avance tecnológico para el bienestar poblacional, el trasfondo de ello concebía un panorama más siniestro. La obtención de inteligencia aeroespacial era única y exclusivamente para la captación de información enemiga: espionaje.

El GPS como ejemplo a ello, en virtud de la implementación de nuevas técnicas de navegación satelital, EE. UU, en este caso, hubiese obtenido una gran ventaja táctica para adelantarse a futuros escenarios bélicos de haber sido necesario. Se asume que, al no suceder esto, el sistema fue puesto a disposición comercial y, por ende, civil. Esto indica que el sometimiento militar del entorno espacial ha sido utilizado ventajosamente a lo largo de los años y, en un mundo globalizado, las comunicaciones y servicios están sujetos a ello de igual manera.

El futuro es todavía incierto, la apresurada escalada hacia el cosmos avecina muy probablemente una línea de frontera tecnológica hecha para satisfacer anhelos expansionistas. Países miembros de la OTAN presumen unidad respecto a sus intereses de conquista territorial, alegan concordia y bien común. No obstante, la prontitud de Rusia, o cualquier otro actor, enciende las alertas internacionales para iniciar una carrera espacial y delimitar en nuevas trincheras el poderío de cada potencia.

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