#BlackOutDay: el activismo de sillón

Mundo

Escrito por: Sandra Veliz Clara

Antes de comenzar este texto, me gustaría decir que soy una mujer mestiza, por lo que considero que no es mi papel (y tampoco es mi intención) enfocar el discurso sobre el movimiento de Black Lives Matter (BLM) en mí. Soy consciente del cuerpo en el que nací y lo que representa y, justamente por ello, realizo este texto como medio de concienciar a otras personas puesto que no debemos fungir como protagonistas, sino como amplificadores del mensaje.

            Ahora bien, dadas las críticas que han surgido sobre la falta de acciones tangibles en cuanto a los temas sobre los que estos días el mundo ha puesto los ojos, y aunado al uso del hashtag Black Out Day (BOD), resulta interesante saber cómo funciona el activismo que existe desde la creación y el fortalecimiento de las redes sociales, de donde surgió… el activismo de sillón, este es definido como una forma de apoyar causas sociales o políticas con poco esfuerzo y/o sacrificio.

            De acuerdo con Kayleigh Bryant-Greenwell, un estratega que contribuye a la creación de iniciativas locales que propician la equidad e inclusión en museos, cuando se habla de activismo, este se puede clasificar en tres categorías: superficial, performativo y auténtico (está explicado en la figura que se encuentra al final del artículo). Si bien los nombres de estas pueden ser bastante intuitivos, me gustaría abordar la superficial, bajo la que nos han dicho que cualquier tuit, posteo o re-posteo forma una pequeña parte del cambio estructural que se necesita para abordar estas opresiones, por ejemplo, que una foto con un cuadrado negro va a contribuir a la disminución de índices de violencia hacia las personas afrodescendientes.

            Porque si bien es de suma importancia acercarnos a la conversación e incluso abrirla, también es cierto que debemos plantearnos cómo estamos contribuyendo y desde qué posición lo hacemos, es decir, preguntarnos si lo que estamos haciendo está ayudando a las personas que literalmente están poniendo el cuerpo o, si, por el contrario, solo nos hace quedar bien ante nuestras lectoras o lectores. En el caso específico del BOD en redes sociales, ¿qué tanto podría contribuir yo al postear un cuadrado negro cuando a nivel mundial los tópicos en tendencia ya son los relacionados con el movimiento BLM? Por el contrario, ¿no le estamos restando atención a esos hashtags posicionados?

            Un estudio realizado por la Universidad de Oxford demostró empíricamente que el apoyo simbólico, como el del llamado activismo de sillón, no significa apoyo real hacia las causas sociales. La situación con la que clarifican esto es el “pink-washing” que, de acuerdo con varios especialistas, ha quitado del foco la lucha contra el cáncer de mama y ha superpuesto la imagen de individuos y empresas. Y la pregunta es, ¿eso se está volviendo la regla en los movimientos contemporáneos?

Con miras a que este mensaje no sea mal entendido, quiero aclarar que considero que el primer paso puede ser dar una reacción en Facebook, o compartir una publicación, sin embargo, cuando la situación está tan rebasada, como lo es este caso, un caso donde estamos hablando de la opresión sistemática que no permite que las personas afrodescendientes ejerzan sus derechos humanos e incluso, les está causando la muerte.

Hay que cuestionarnos y pensar si valdría la pena reflexionar qué tan al margen nos queremos quedar de una situación que diariamente arrebata vidas y qué tan dispuestos y dispuestas estamos a que critiquen nuestras acciones cuando no sumamos de manera significativa, pues el activismo, el auténtico, se basa en acciones que ponen en riesgo incluso las vidas de las y los activistas, no en la crítica desde un sillón.

Imagen: Mass Action

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