Al filo de la democracia: La caída de Brasil

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Escrito por: Emilio Durán Torres

Un documental de Netflix que nos muestra el proceso democrático en Brasil desde el pasado autoritario hasta la llegada de Bolsonaro. Centrado en el periodo de Lula Da Silva y Dilma Rousseff y lo que parece un ideal sin cumplir: un sueño al que los brasileños no han podido acceder.

Petra Costa, la directora del documental, nos presenta cómo Brasil, al igual que ella, son jóvenes. 30 años de democracia nos muestra una historia contada desde las entrañas del poder, siendo de una familia con un pie en ambas caras de la moneda. Por una parte, son aquellos que se han beneficiado con la construcción material del sueño democrático, así mismo, sus padres, simbolizan la resistencia ante el régimen dictatorial autoritario que hizo matar y desaparecer a muchos o esconder a otros para slavar sus vidas.

Por esta razón, Lula Da Silva era la esperanza de muchos. Tras una lucha con un sindicalista siderúrgico y después de varios intentos, logró llegar a la presidencia con la promesa de dar mayor representación al pueblo y mayor poder adquisitivo y oportunidades, sin embargo, el poder como quimera insaciable, corrompió las buenas intenciones y buscando hacer un cambio real, tuvo que hacer coalición con aquellos que debía derrocar. Esa coalición llevó a la base de la población a un mundo más próspero y tras el termino de su mandato, designó a Dilma Rousseff como sucesora.

Así es como vemos que el pasado histórico continúa, no como monarquías de sangre, sino por designación, ya que esta candidata significaba la esperanza en la continuidad de un proyecto, el de la democracia, que fue votado por la mayoría. Pero así, con la continuidad partidista, las antiguas élites reingresaron al poder por su coalición e intereses externos.

La relación entre Dilma y la madre de la directora del documental, nos indica que ambas fueron apresadas y torturadas en la lucha para obtener el voto directo, la clandestinidad. El hecho de que no te conozcan permite una libertad que, al ser presidente, no ha obtenido.

El desarrollo de Brasil mediante el crecimiento económico constante y la formación de un organismo internacional, como BRICS, no fue suficiente, y mediante un juicio político o, el Lava Jato, comenzó acercando al ocaso una democracia con causas justas pero con un trasfondo de interés económico y político.

Pero, ¿a qué se refería? ¿Acaso en la clandestinidad no hubiera permitido casos como Petrobras u Odebrecht? Así, el pueblo brasileño no se hubiera dividido.

El pensamiento de que “no debes nada a los intereses nacionales e internacionales que el poder atrae”, o dicho por un empresario, “ustedes son los que cambian, derecha, izquierda, nosotros somos lo que siempre estamos”, hace reflexionar qué significa democracia: un sueño, un ideal, algo explicado tras varios siglos, desde las ágoras griegas y el sueño de aquella ya lejana revolución de 1789.

Así, la llegada de Jair Bolsonaro al poder nos hace reflexionar si es posible hacer un cambio con un presidente exmilitar y con ideales de ultraderecha. ¿Será acaso verdad aquél dicho popular que el tiempo es cíclico y no hay forma de cambiarlo? ¿Será entonces que América Latina no puede acceder a la democracia, que no estamos preparados para hacernos responsables de nosotros mismos? Antes de lograrlo, se deben definir límites entre lo político y lo económico, lo teórico y lo práctico y reconocer que el desarrollo no siempre significa que la brecha de desigualdad será acortada para el bien de la mayoría.

Entonces, ¿“Los pueblos no tienen los gobiernos que se merecen, sino que la gente tiene los gobernantes que se le parecen”? O deberíamos cuestionar qué es la democracia: ¿es solo el hecho de votar? O tal vez algo más que todos debemos construir, haciéndonos responsables de en quién depositamos nuestra esperanza.

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