Garza Lagüera, donde los estudiantes estrella son agresores impunes

Espacio Feminista Investigación Especial

En 2021, alumnas de la preparatoria del Tecnológico de Monterrey campus Garza Lagüera protestaron durante su ceremonia de graduación por los casos de acoso, abuso y violencia que se mantienen impunes en la institución educativa. Pico Informativo consiguió una entrevista exclusiva con las alumnas que protestaron para conocer el antes, durante y después de la protesta, así como lo que las motivó a levantar la voz.

A inicios de junio del 2021, los campus a nivel preparatoria y profesional de la universidad que, según el QS Ranking es la institución privada educativa a nivel superior #1 en México, reanudaron una larga tradición que había sido interrumpida por la pandemia: la ceremonia de graduación. 

El 24 de junio, las personas graduadas de la generación mayo 2021 de la PrepaTec Campus Eugenio Garza Lagüera (CGL), uno de los cinco campus de bachillerato ubicado al sur de la ciudad de Monterrey, fueron convocadas en el Estadio Banorte para recibir su diploma de preparatoria.

En medio de una ceremonia con un programa definido, intervenciones musicales a cargo de la orquesta sinfónica del TEC, y un quórum presidido por algunos de los altos mandos en la institución, entre ellos, el presidente de la Región Monterrey, el vicepresidente de PrepaTec y el director de la PrepaTec CGL, dos actos de protesta pacífica llevados a cabo por dos mujeres estudiantes llamaron la atención del público presente. A las pocas horas de haber culminado la ceremonia, ambas protestas que habían quedado registradas en la grabación de transmisión en vivo del evento ya se habían vuelto virales en redes sociales. 

A continuación, se relatan una serie de eventos que datan desde el 2018, cuando Mónica, una de las estudiantes que decidió protestar el día de su graduación y quién pidió proteger su identidad verdadera, apenas comenzaba su trayectoria por la preparatoria. En entrevista con este equipo de investigación,  ella relató cómo a los pocos meses de haber iniciado el segundo semestre ya había detectado un foco rojo de violencia en el campus. Esta, así como otras vivencias la llevaron a organizar con algunas de sus compañeras de generación varios actos de protesta en lo que sería su último ritual como estudiantes del campus Garza Lagüera en contra de una cultura de encubrimiento, silencio e impunidad.

Un «juego» de Instagram 

Era el segundo semestre de Mónica en la preparatoria cuando una story, o historia, en Instagram se apoderó de la atención de todas las personas en el campus. Pero no era una simple story, era una dinámica que cobraba vida si respondías con un punto. Después, el dueño de ese perfil asignaba una categoría y la persona debía contestarle con una captura de pantalla del perfil de quien relacionaran a dicha categoría. Posteriormente, se tomaba una captura de pantalla de ese mensaje, sin el nombre de quien la enviaba y se subía como historia para que cualquier persona pudiera ver quiénes eran mencionadas en cada categoría.

Si bien había categorías inofensivas como «quién es tu crush», algunas de las más repetidas eran: «quién es la más zorra del campus, la más puta de Garza Lagüera». Otras preguntas, recuerda Mónica, incluían «quién es la más indígena, la más naca, la más culera». Inclusive, una categoría sobre quién te cae mal, podía contener lenguaje explícito, agresivo y muchas veces misógino. La dinámica estaba en boca de todos, y nadie en la prepa estaba a salvo.

Este es uno de los mensajes de la actividad. En él se lee por parte del remitente: «persona que te caga», seguido de una respuesta con una imagen (censurada por protección) y el texto «esta pendeja putísima alv»

Esta dinámica fue creada por el perfil de Ricardo C., un estudiante de la misma generación que Mónica y cuya cuenta pública en Instagram contaba en ese momento con más de 2 mil seguidores. La dinámica se dio a conocer más allá del campus, porque muchas de las personas que participaban lo hacían con sus cuentas públicas. No obstante, solo estudiantes de Garza Lagüera participaron en la actividad; algunas mujeres, pero en su mayoría, hombres. 

La denuncia ante las autoridades de la prepa llegó una mañana después de que una estudiante reportara en nombre de otra estudiante afectada: el nombre de ambas había salido en distintas categorías de la dinámica. Fue en ese momento cuando los departamentos de psicología y de disciplina se involucraron. Uno por uno, comenzaron a identificar los perfiles en Instagram que más habían participado en la actividad. Entre los primeros en ser mandados a llamar estaba el creador del mismo. 

Pero Ricardo C. no representaba una matrícula más para el Tec; todo lo contrario, era un deportista estrella del equipo representativo de basquetbol. Antes que estudiante, él portaba el título honorífico que la cultura de esta institución denomina como un «borrego».  Al igual que él, algunos de los otros perfiles que más compartieron la dinámica en sus cuentas eran borregos de otros equipos deportivos. Además, fuera de la institución, Ricardo era jugador de básquetbol en el equipo del Instituto Estatal de Cultura Física y Deporte del Estado de Nuevo León. 

A Mónica todavía le causa impotencia recordar lo sucedido después de que los mandaran a llamar: “A él (Ricardo), que fue el que más chavas publicaba, inclusive sus papás fueron a hablar con alguien del departamento de psicología para defender a su hijo, porque era un niño y no podían tratarlo así”.

A la par de las entrevistas con quienes propiciaron la popularidad de la dinámica, también se había mandando a llamar colectiva e individualmente a las estudiantes afectadas. Mónica recuerda estar sentada en una sala con otras cuatro compañeras; no las conocía, pero sabía que si se encontraban ahí era porque sus nombres también habían sido mencionados en categorías estigmatizantes. “Nos preguntaron si también estábamos involucradas, de qué manera nos había afectado, cómo nos había hecho sentir”. 

El departamento de Psicología y Disciplina entrevistó a los alumnos que participaron en el «juego», posteriormente tuvo una reunión con sus padres y les dieron una llamada de atención en una junta disciplinaria. Finalmente, los estudiantes fueron suspendidos por el resto del día. Al siguiente día, ya se encontraban de regreso en la escuela. 

En los pasillos de la preparatoria, lejos del radar de las autoridades escolares, Ricardo C. buscaba ahora dominar el espacio físico con una nueva dinámica: desprestigiar a las estudiantes que habían sido mandadas a llamar señalándolas como unas dramáticas que se habían tomado el «juego» muy en serio.  

Cheque en blanco a alumnos estrella

En su último año de preparatoria, una compañera de Mónica fue agredida sexualmente por varios estudiantes en una fiesta. Algunos, según le confesó su amiga, eran borregos, mientras que otros participaban en la organización de los días de eventos para grupos estudiantiles, conocidos en la cultura de la PrepaTec como «Congresos». Su amiga le contó que quería activar el protocolo de atención para ver si servía, pues había escuchado, por parte de otras compañeras que habían sufrido algún tipo de violencia por estudiantes del campus, que no funcionaba. Ella describió el proceso como innecesariamente prolongado y no sintió le pusieran atención adecuada, dado que la hacían repetir incontables veces ciertos detalles; cuando ella, así como muchas otras mujeres que denuncian, lo que buscaba era una rendición de cuentas que la ayudara a sanar y seguir adelante

«Es la única amiga que conozco que ha activado el protocolo de género. A más amigas les ha pasado, a mí me ha pasado también que he sufrido una situación de abuso y no lo he activado por miedo, porque es el Tec. Y tú te pones a pensar, con todas las acusaciones que ha habido públicamente y el Tec no hace nada […] el problema es el sistema».

Pero esta no es la única historia de acoso en el campus. Una compañera fue agredida por Ricardo V. dentro de las instalaciones del campus y en pleno día. Cuando intentó defenderse, su agresor la lastimó en una de sus extremidades. Tiempo después cuando la alumna estaba lista para denunciarlo, se acercó a la psicóloga Diana, la cual tuvo un trato revictimizante hacia ella; inclusive le llegó a preguntar: «si ya sabías que eso pasaría, ¿por qué fuiste ahí con él?».

La denuncia de esta estudiante y el posterior expediente que surgió de su denuncia fueron cerrados sin el consentimiento de la alumna y sin que nadie le notificara sobre dicha decisión o el porqué no se procedería con la investigación. Tiempo después, cuando la estudiante llegó a comentar con una tutora sobre la falta de resolución en su proceso, esta le dijo que «era para hacerla más fuerte». 

Mónica también recordó haber visto en su tercer semestre una denuncia hecha en Twitter en contra de otro estudiante de la Prepa TEC Garza Lagüera, pero que pertenencia a una generación arriba de ella.

Mikel D., jugador del equipo de futbol americano, respondió a la publicación de una usuaria en Twitter sobre las marchas feministas. La respuesta de Mikel dice: «Tranquila, a ti nadie te va a violar nunca ntp». Ese mismo día, una alumna respondió al estudiante con una denuncia, alzando la voz por primera vez e identificándolo públicamente como su agresor.

Entre los 108 retweets que tuvo la denuncia, usuarios etiquetaron a las cuentas institucionales del TEC de Monterrey  y Borregos Mty en espera de que se tomaran cartas en el asunto. La cuenta del TEC respondió a la denunciante que activara al protocolo de género para poder darle seguimiento. Sin embargo, con el paso del tiempo nada ocurrió. Mikel D. continuó jugando para el equipo de americano hasta finalizar la preparatoria sin represalia alguna; ni académica o deportiva. Actualmente, su nombre aparece en la alineación del equipo de fútbol americano, solo que ahora como estudiante a nivel profesional en el campus Monterrey. 

Cultura institucional

En el último año escolar de Mónica, mismo que cursó en formato digital debido a los lineamientos de salud por la pandemia del covid-19, miembros del departamento de psicología solicitaron capacitaciones en temas de violencia de género, educación e identidad sexual para poder brindar acompañamiento durante el aislamiento al estudiantado en más áreas que solo la salud mental. Dichas capacitaciones no fueron autorizadas por el Tecnológico de Monterrey, alegando que «estaban enfocándose en mejorar el modelo educativo flexible y que esa era la prioridad de la escuela». Mónica y sus compañeras, quienes estaban pendientes de visibilizar estos temas en la comunidad estudiantil, se disgustaron al conocer la respuesta de la institución. «Sabíamos que tendríamos que seguir batallando con lo mismo, y que las próximas generaciones también iban a sufrir con esto», explicó.  La falta de atención al borde de la indiferencia hacia estos temas no eran una excepción; eran la regla. 

Laura y Carla, compañeras de Mónica y cuyas identidades verdaderas serán protegidas, también hablaron con la redacción de esta investigación sobre su experiencia con tutores, psicólogos y directivos de la prepa TEC Garza Lagüera. 

Ambas estudiantes habían logrado el apoyo del director del campus para abrir uno de los primeros grupos estudiantiles en el que se tratasen temas como el feminismo, educación sexual y además brindara herramientas de concientización sobre la violencia de género hacia la mujer. Si bien existían múltiples motivaciones para organizarse y formar este grupo, la cultura de violencia que habían presenciado, y en ocasiones experimentado en carne propia destacaba como razón principal.  

Laura, por ejemplo, conocía la historia de una amiga suya que había sido puesta en el mismo salón, a solas, con su agresor como parte de una estrategia del personal docente por resolver una problemática que ella había denunciado. La denuncia era contra un estudiante con el que compartía clases y la había tomado de la mano, obligándola a tocarle sus genitales.

***

A pesar del gran logro que habían conseguido las estudiantes por poder conformar el grupo estudiantil, la presión ejercida hacia ellas por parte del personal docente por no hablar «sobre ciertos temas» era una constante. Detrás de esta presión estaban los padres y madres de muchos estudiantes que se quejan de que sus hijos, al ser algunos de ellos menores de edad, «no debían ser sometidos a un adoctrinamiento». Según recuerda Carla, esta fue la explicación que les dio el director de la prepa TEC. La rigurosa vigilancia y cuestionamiento por los contenidos del grupo estudiantil era llevado a cabo, de acuerdo a las estudiantes, sobre todo por la psicóloga Diana. 

«Ella era una de las psicólogas con más influencia en la prepa y era una de las más prominentes a revictimizar a alumnas que fueron a reportar sus casos de abuso. Esos casos nunca tenían seguimiento, […]  siempre las culpabilizaba y en ocasiones llegamos a contarle al director de algunos de estos casos y él decía que no estaba enterado de ellos».

Una de las ocasiones en las cuales las estudiantes mencionaron al director sobre los pocos casos de denuncia que procedían a una investigación sucedió en junio del 2020, un año antes de la protesta en la ceremonia de graduación. 

Esta redacción buscó a Rodrigo Ponce, director del campus Garza Lagüera, para pedir su comentario, pero hasta la fecha del cierre de esta investigación no recibimos una respuesta de su parte.

El equipo también contactó a la psicóloga Diana Cruz para pedir su comentario, tanto en relación a las represalias por el juego de Instagram, como los señalamientos de su participación en la cultura de revictimización a las mujeres del campus. En el correo, ella comentó que ya se había jubilado y que por motivos de confidencialidad no podía emitir comentario alguno al respecto. 

***

Meses después de haber formado el grupo, estaba claro que sus intenciones y motivaciones no eran del todo bienvenidas por ciertos miembros de la comunidad TEC. A pesar de ello, nunca desistieron de planear actividades dentro de la universidad.

Entre los eventos que implicaban más planeación y dedicación para las integrantes del grupo estaba el 8M y 9M, en conmemoración al día de la mujer y el paro nacional de mujeres. Laura recordó que en su último semestre de la preparatoria, los preparativos para una serie de talleres informativos que querían ofrecer les tomaron casi dos meses de planeación. Pero los talleres no estaban contemplados para ser impartidos por el grupo estudiantil, sino por el personal docente de la preparatoria.

Pasadas las fechas, Laura y Carla se enteraron por relatos de sus compañeras y compañeros que no todos los profesores habían facilitado los talleres, a pesar de que las alumnas habían diseñado detalladamente un protocolo para su impartición. En otras ocasiones, se enteraron que el contenido y las reflexiones finales de los talleres habían sido modificados por los mismos profesores. 

Inclusive, algunas personas se acercaron a integrantes del grupo para preguntarles por qué no habían hecho nada en conmemoración por el 8M y el 9M, aún cuando los tutores y otros profesores sí habían hecho actividades. Las alumnas, sorprendidas, cayeron en la cuenta de que les habían borrado intencionalmente las diapositivas de las presentaciones donde se adjudicaba el crédito al grupo estudiantil, para hacerlo pasar como una actividad planeada por la institución.

En esta misma ocasión, las integrantes del grupo crearon un video en el cual hablaban de las distintas formas de violencia hacia la mujer desde un punto de vista interseccional. Este video estaba contemplado para ser proyectado en algunas clases. Al final, el video que incluía, sobre todo, material documental de protestas feministas, no fue proyectado por ser demasiado «gráfico y mostraba violencia». El director, según recuerdan las integrantes del grupo en entrevista, les explicó que no podían obligar a los tutores de la preparatoria a mostrar un video que fuera en contra de los «ideales» que ellos personalmente pudieran tener.  Este recuerdo está plagado de ironía para las estudiantes, quienes en entrevista recordaron que nunca se tuvo el mismo rigor y precaución para no mostrar contenidos gráficos en clases como las de sexualidad y en la cual, según rememoran, los docentes no explicaban temas tan importantes para la edad adolescente con la seriedad que ameritaba. 

Al poco tiempo de estos acontecimientos, en una conversación con algunas de sus compañeras, entre ellas Mónica, las estudiantes llegaron a la conclusión de que habían tenido suficiente. Tras tres años de no haber sido escuchadas en cuanto a la cultura de acoso, abuso, revictimización, silencio e impunidad en el campus, comenzaron a planear una estrategia donde se aseguraran que esta vez nadie en la comunidad pudiera ignorar una problemática estructural. 

“No pueden pasar con eso, esto es una graduación”

Aproximadamente una semana antes de la graduación, Mónica ya tenía claro que quería hacer un acto de protesta durante la ceremonia. Para llamar más la atención, buscó apoyo de sus compañeras candidatas a graduarse. La primera en contactar fue a Carla, a quien había conocido tras el incidente de Instagram cuando el departamento de disciplina y psicología las había mandando a llamar. Desde entonces eran amigas. 

Carla invitó a sus compañeras del grupo estudiantil. Mónica, por su parte, invitó a algunas estudiantes que anteriormente habían protestado en las clases de Zoom mediante un fondo de pantalla popularizado por las alumnas de grado profesional tras el caso Montemayor1

El día de la graduación, Mónica y otra de las compañeras (a quien se identificará como Claudia para proteger su identidad, pues llegó a recibir amenazas en relación a su participación en la protesta) se juntaron desde temprano para pensar las frases que irían en los carteles. «No nos conocíamos mucho y nos hicimos súper amigas durante ese día».

Carteles de protesta creados por las alumnas de la Prepa Tec Garza Lagüera

El jueves por la tarde, quienes habían decidido apoyar en la protesta se vieron en un punto fuera del estadio Banorte, donde se llevó a cabo la graduación. Algunas se ataron un listón morado en la muñeca, mientras otras se repartían los carteles. Cuando Mónica comenzó a caminar por fuera del estadio buscando a sus compañeras, se percató que algunas personas, supervisando las entradas del evento, se habían dado cuenta de los carteles e inmediatamente se comenzaron a comunicar por los radios. 

En una llamada, Carla le dijo a Mónica que ella y Claudia, tras haber ingresado al estadio, habían sido llevadas a un rincón. Cuando Mónica llegó al mismo lugar, pudo observar a sus compañeras hablando con tres adultos, dos hombres y una mujer, personas encargadas de organizar eventos para el TEC de Monterrey. Al ver que Mónica también cargaba un cartel, le dieron la instrucción de que se dirigiera donde se encontraban Carla y Claudia. Uno de los hombres enunciaba con un tono de voz firme y autoritario: «¡No puedes pasar! La mujer, por su parte, les explicaba que no podían ingresar porque no la dejaban ver sus carteles».

«Les enseñamos los carteles, uno de los que yo traía solo se los mostré de un lado, pero continuaron diciendo lo mismo: “no puedes pasar.” Carla, quien estaba familiarizada con el reglamento decidió intervenir señalando que en ningún lugar se hacía mención a limitantes para realizar manifestaciones en eventos ni en cualquier tipo de actividades de la escuela», narró Mónica-

En efecto, el Reglamento General de Estudiantes en su versión 2021 no hace referencia en ningún capítulo al ejercicio del derecho a la manifestación pública.

A pesar de ello y tras varias negativas por parte de los organizadores, las estudiantes preguntaron una vez más por qué no podían pasar, a lo que la mujer contestó «estarían infringiendo las normas de salud, porque no pueden pasar con nada». Esto a pesar de que las demás personas asistiendo al evento entraban con sus bolsas, sus celulares y no se les indicaban lo mismo. Con cada vez más personas pasando a tomar sus asientos, en espera del inicio de la ceremonia, los organizadores continuaban reacios a dejar ingresar a las tres graduadas si no les entregaban sus carteles. 

«La graduación ya había empezado, entonces se los entregamos [los carteles] y fue cuando yo saqué mi celular y comencé a grabar a la señora, le dije que era para acordarme de quién se estaba quedando con ellos y que supiéramos a quién buscar al terminar el evento para recogerlos. Ahí fue cuando me dijo que no la grabara», relató Mónica. 

Momento en que a las alumnas se les prohíbe la entrada a su graduación por traer carteles de protesta. Audio editado para proteger la identidad de las personas involucradas.

Mónica explicó que la organizadora se alejó un poco de donde se encontraban las estudiantes para poder comunicarse por radio. Cuando regresó, les entregó sus carteles de vuelta. Finalmente las estaban dejando pasar. 

Antes de incorporarse a la ceremonia, se dividieron y pegaron los otros carteles que habían hecho en diferentes puntos del estadio, para que así más personas los pudieran ver. 

Carteles de protesta pegados en diferentes puntos del Estadio Banorte, sede de la graduación.

A medida que iba avanzando la ceremonia, algunas de las compañeras portando el listón morado les mandaron un mensaje de texto a Claudia, Carla y Mónica. El mensaje advertía que tuvieran cuidado pues antes de subir al escenario había una maestra que las estaba cuestionando por portar los listones, para que estuvieran alerta. 

***

«Cuando terminó la ceremonia varias chavas que yo no conocía se me acercaron y me dieron las gracias por lo que había hecho, decían que había significado mucho para ellas. Otras compañeras dijeron que se sentían representadas con el acto […] esa respuesta fue lo que valió la pena, porque no nos estamos quedando calladas y esperamos que las próximas generaciones tampoco lo hagan».

Al día siguiente de la protesta, Mónica comenzó a recibir mensajes de texto de amistades fuera de la preparatoria. Según recuerda algunos decían: «te hiciste viral». Mónica no tenía idea que  a 1, 180 kilómetros de distancia, una estudiante, también en su último año de PrepaTec, pero del Campus Córdoba, curiosa de saber que tan similar iba a ser su ceremonia de graduación en medio de una pandemia, había decidido ver el video del evento en Monterrey. Tras ver a Mónica subir al escenario, sosteniendo frente a ella su cartel, la chica, quien también pidió se identificara bajo un seudónimo (Sara), hizo un tweet que llegó a ser visto alrededor de 1 millón de veces, según cuenta Sara al revisar las estadísticas del mismo. 

Tweet que se volvió viral en el que se ve a las alumnas protestando

«Las otras compañeras que protestaron y yo no lo podíamos creer. ¡En qué momento se había hecho tan grande! Pero el momento de euforia duró poco. Sobre todo Claudia y Mónica comenzaron a temer por la viralidad del asunto; que las llegaran a identificar. Los papás de Mónica inclusive llegaron a pedirle que no saliera por un tiempo».

Pero entre el recuerdo del temor, a Mónica le brota un recuerdo significativo. Sara, la chica del tweet, la contactó para agradecerle por su valentía. «Me dijo que significó muchísimo para ella y sus compañeras, porque en su campus también viven situaciones muy similares y no habían podido hacer nada al respecto, no habían podido llamar la atención de la manera en que nosotras lo hicimos y que por eso estaban muy agradecidas». 

Sara tenía historias que contar de su campus. Estas son prueba de que los sucesos que habían llevado a las alumnas de Garza Lagüera a protestar no son hechos aislados; de fondo, la violencia de género hacia las mujeres estudiantes es una violencia sistémica. 

Tan solo un ejemplo de ello es un experiencia que Sara relató a la redacción. Cuando surgió un tendedero virtual de acosadores de su campus, abierto a que cualquiera denunciara. Sara formaba parte del grupo de Carnero —un grupo estudiantil para líderes destacados— del cual uno de sus integrantes había sido señalado en el tendedero por una joven externa al Tecnológico de Monterrey. Sara y sus compañeras pidieron sacar al estudiante pues no se sentían cómodas sabiendo que él también estaba en el grupo. La petición fue llevada al Departamento de Grupos Estudiantiles. Tiempo después fueron convocadas a varias juntas con una psicóloga para tratar el tema. En una de las juntas, Sara recuerda a la psicóloga decirles que el denunciado «era un amigo y no se le daba la espalda a los amigos».  

Sara también relató un encuentro en zoom que tuvieron con el alumno señalado, en el cual le preguntaron si eran ciertos los señalamientos hacia su persona. El estudiante contestó que sí: él había solicitado en repetidas ocasiones fotografías íntimas de una chica después de una fiesta, una acción que él explicó consideraba un tabú. 

«Nos sentíamos muy incómodas sabiendo que había alguien en el grupo que hacía ese tipo de comentarios. Hasta llegamos a crear otro grupo de Whatsapp porque ya no nos sentíamos seguras.. […] y aunque estaba siendo señalado por alguien fuera de la escuela, a nosotras dentro no nos hizo sentir seguras, y eso no lo tomaron en cuenta».

El estudiante señalado sí terminó saliendo de Carnero, no por una decisión del profesor encargado o la psicóloga que llegó a involucrarse, sino por el presidente del grupo después de que las integrantes le notificaron que se verían en la necesidad de deja el grupo si el estudiante señalado no lo hacía. 

“Igual te vas a graduar” 

Mónica no vio a su agresor graduarse con ella. Jair S., con quien en años anteriores había mantenido una relación de noviazgo, era estudiante de una generación arriba de ella. Él llegó a violentarla física, psicológica y sexualmente cuando eran novios e, inclusive, ya habiendo terminado la relación él continuó acosándola. 

«Esto fue un trauma para mí muy difícil de superar, todavía sigue siendo muy difícil de superar […] A mí me tomó mucho tiempo darme cuenta de que eso era abuso».

Tiempo después, cuando Mónica le contó su historia a su red de apoyo, se sorprendió al escuchar que sus amigas también tenían su propia historia que contar. Sin embargo, lo más desconcertante era que varias de esas historias habían sido llevadas hasta el departamento de psicología y el posteriormente creado de Centro de Reconocimiento a la Dignidad Humana, pero ninguna denunciante había quedado satisfecha con cómo se habian llevado sus casos. 

Uno de los agresores de Mónica se encuentra actualmente matriculado como estudiante a nivel profesional en Campus Monterrey. 

Ricardo C., quien inició la dinámica de Instagram, a pesar de no haber asistido a la ceremonia de graduación del 24 de junio, aparece como graduado de la generación mayo 2021.

Por otro lado, en una grabación que data del 8 de abril de 2021, se observa a Ricardo V. — señalado de agredir física y sexualmente a una alumna— como acreedor de una distinción por parte del Tecnológico de Monterrey en la categoría atlética y deportiva.  

Ambos ex-jugadores del equipo de basquetbol del campus EGL se encuentran actualmente matriculados como estudiantes de nivel profesional en el campus Monterrey. 

 


 1. Estudiante a nivel profesional del Tec, Campus Monterrey, activo en grupos estudiantiles y con múltiples denuncias por violencia sexual a estudiantes. Las primeras denuncias se dieron a conocer en Twitter. Puedes consultarlas, aquí ​https://twitter.com/VERA1698/status/1237920489743568896​