Violencia en el TEC de Monterrey, completamente normalizada

Espacio Feminista Investigación Especial

“Solo sé que nunca se hace nada, nunca pasa nada”. Esta conclusión fue compartida por una de las personas encuestadas por el equipo de Pico Informativo al preguntarle por la violencia de género que se vive al interior del Tecnológico de Monterrey y las acciones que toma la universidad para combatirla y prevenirla.

Durante una manifestación por el 8M en la Ciudad de México, mujeres protestaron por la violencia en el ITESM. «TEC de Monterrey encubre violadores» podía leerse en una pinta

La encuesta se llevó a cabo en 8 campus y a más de un centenar de mujeres. El 74% de las encuestadas consideró que el Tecnológico de Monterrey no protege a las victimas de violencia sexual y/o de género. 7 de cada 10 personas encuestadas afirmó haber presenciado o conocido algún caso de violencia de género dentro de la comunidad estudiantil. 

Impunidad en el 98% de los casos de violencia en el Tecnológico de Monterrey: Alianza Grito Violeta

La Alianza Grito Violeta es una colectiva independiente que se dedica a estudiar el panorama de violencia de género en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM). La Alianza, como se le conoce coloquialmente, realizó un sondeo sobre la violencia en la universidad. La muestra del sondeo se conforma de 2 mil 408 personas de 26 campus del TEC de Monterrey. El sondeo destaca que 38% de las mujeres han sufrido violencia de género por parte de otro miembro de la comunidad; 32% de los encuestados sufrió otro tipo de violencia y de estos 93% son mujeres.

De los resultados del sondeo destaca que más de la mitad de las mujeres han escuchado comentarios machistas de sus profesores y una de cada diez ha vivido hostigamiento sexual por parte de algún miembro del personal docente.

El sondeo también arrojó que solamente se reporta el 3% de los casos de violencia sexual. Las razones principales para no denunciar son: desconfianza en el proceso, desconocimiento del mismo y miedo a represalias contra la denunciante

Las cifras oficiales

Los casos de «vulneración a la dignidad humana» reconocidos por el ITESM en el Informe de Transparencia 2020 son 223, de los cuales el 69% se concentra en Monterrey y Ciudad de México. De estos 223 casos; 79 son de violencia sexual, 61 se catalogan como «falta a la dignidad humana», 51 son de violencia de género, 29 se nombran simplemente como «faltas disciplinarias», dos casos son por discriminación de género y uno es catalogado como “violencia en general”.

Si tomamos como válida la estimación de la Alianza Grito Violeta de que solo un 3% de los casos se reportan, esto dejaría un estimado de 2 mil 633 casos tan solo de violencia sexual en el Tecnológico de Monterrey, con base en las cifras que la institución educativa reconoce.

El Informe de Transparencia 2020 del Centro de Reconocimiento de la Dignidad Humana publicado por el ITESM reporta que solo existen 14 puntos de atención para atender casos de violencia de género en los 26 campus del Tecnológico de Monterrey. En estos centros hay coordinadores que deben atender a más de cinco campus a la vez, por ejemplo la única coordinadora de la región Centro-Sur da servicio a: Querétaro, Puebla, Toluca, San Luis Potosí, Chiapas, Hidalgo, Cuernavaca, Irapuato y Veracruz.

Puntos de Atención de violencia de género en el ITESM. Fuente: Informe de Transparencia 2020.

El sondeo arrojó también que ocho de cada diez personas sienten que el TEC no hace suficiente para prevenir la violencia de género. Además, 85% de las mujeres no se sienten protegidas por el Protocolo de Actuación para la Prevención y Atención de la Violencia de Género del TEC de Monterrey. En el campus Monterrey esta cifra aumentó a 95%.

Según el ITESM, el protocolo «contempla las siguientes fases, misma que incluyeron un promedio de 5 entrevistas:

  1. Recepción del reporte
  2. Notificación y respuesta
  3. Investigación
  4. Audiencia
  5. Presentación
  6. Resolución
  7. Seguimiento y cierre.

De los 223 casos de «vulneración a la dignidad humana» reconocidos por la universidad, tan solo 57 ameritaron la activación del protocolo. Dentro de estos casos se documentaron seis violaciones y un intento de violación, sin embargo, en el mismo informe de Transparencia se menciona que ningún caso derivó en la baja definitiva del acusado.

Sobre la experiencia de las víctimas de violencia en el TEC de Monterrey, el sondeo de la Alianza mostró que 60% de las denunciantes reportaron no haber recibido ningún apoyo psicológico o emocional. Asimismo, más de la mitad de las denunciantes se sintió revictimizada durante el proceso. Además, 28% de las víctimas sigue siendo violentada por el agresor denunciado.

El sondeo concluye que, si se consideran todos los casos, incluyendo los no reportados, la impunidad sería del 98.85%.

Campus Santa Fe, donde se protegen abusadores

Renata Vargas, exalumna de la preparatoria del TEC campus Santa Fe compartió con Pico Informativo la historia de Sebastián H., quien gracias a la desidia de la escuela dejó por lo menos cinco víctimas de abuso sexual. La historia comienza el 2 de marzo de 2018. Durante una fiesta, Sebastián aprovechó el estado de ebriedad de una amiga de Renata para abusar de ella. La amiga para cuestiones de este reportaje y para proteger su identidad se llamará Melissa. Del abuso en aquella fiesta de marzo hay varios testigos.

Al lunes siguiente de la fiesta, testigos del abuso enviaron mensajes de enojo a Sebastián. Melisa, por su parte, denunció el abuso en las oficinas de Liderazgo y Formación Estudiantil (LiFE) de su campus. El Tecnológico de Monterrey se puso del lado de Sebastián, según Renata, pues él aprovechó los mensajes que le enviaron para «hacerse la víctima y desviar la atención del abuso que cometió».

Renata comenta que el caso comenzó a captar la atención de la comunidad estudiantil y causó tanto revuelo que los papás de Sebastián tuvieron que involucrarse. Melissa fue revictimizada por el Tec de Monterrey durante su proceso de denuncia, según le conto ella a Renata. Las autoridades de la universidad le dijeron a Melissa que lo que ella y sus amigos estaban haciendo era acoso escolar (bullying) en contra de Sebastián y que debería desistir de las denuncias que hacían. A los exhortos del TEC se unieron varios compañeros de Sebastián que comenzaron a molestar a Melissa por denunciar y la acusaron de querer acabar con la reputación de él.

«La presión para mi amiga fue tal que tuvo que desaparecer. Se dio de baja. Somos pocas personas las que sabemos dónde está actualmente» comentó en entrevista Renata. «Por el lado de Sebastián, la universidad hizo un anuncio público de que él había decidido regresar a Colombia. Pero esto fue mentira del TEC. Lo que pasó es que simplemente lo transfirieron al campus Zona Esmeralda, ubicado en el Estado de México.

» En 2021 fue que volví a saber de él. Un hermano de un amigo mío me dijo: “lo volvió a hacer” y me contó que Sebastián había abusado de una niña de 17 años. Yo la busqué para darle apoyo y me topé con que en ese campus Sebastián ya había dejado a un total de cinco víctimas de abuso

»Hice un grupo con las sobrevivientes de Sebastián y recabé sus testimonios en un Google Docs. Poco después me enteré que ahora él es estudiante activo del campus Santa Fe. Finalmente, organicé con las sobrevivientes una campaña en redes sociales para alertar a las personas sobre Sebastián»

La campaña de denuncia le valió múltiples amenazas a Renata, por lo que la colectiva feminista Alianza Grito Violeta emitió un comunicado para solidarizarse con la alumna.

Tec de Monterrey, donde se denuncia y no pasa nada.

Mariana, quien será llamada así por seguridad, vivió violencia de género durante su paso en la preparatoria del Tecnológico de Monterrey. Uno de sus profesores se negó a calificar una presentación que entregó como tarea para una clase porque consideró que el tema que escogió «no iba con la personalidad de la alumna». Cuando Mariana le pidió que le aclarara a qué se refería, el profesor comentó que «era demasiado guapa para el tema» y por lo mismo «debería de hablar de moda o algo así». La alumna comentó la situación con su directora de carrera, quién logró cambiarla de salón por el resto del semestre. Sin embargo, Mariana nunca fue  contactada  por  el Centro de Reconocimiento de la Dignidad Humana como ameritaría el caso. 

Otra alumna entrevistada, que hizo una denuncia por violencia en el Centro de Reconocimiento a la Dignidad Humana, la oficina dedicada a recibir denuncias de violencia en la universidad, comentó que fue revictimizada y el proceso de investigación y denuncia fue desgastante. Al iniciar el proceso le comentaron que la investigación duraría un mes, sin embargo, terminó mucho después de eso.  

«Es un proceso muy revictimizante, te piden que repitas lo que pasó varias veces, y al final la única sanción que tuvo el chavo  fue no entrenar con el equipo de americano dentro de las instalaciones, porque afuera sí podía; pero nunca se le impuso una sanción disciplinaria o de otro tipo más. No tuve ningún tipo de atención psicológica; me sentí muy mal todo el tiempo. Para empezar, me dijeron que el proceso de investigación duraba de tres semanas a un mes. Al final, como la verdad es que la gente no hace su trabajo y no hacen bien la investigación, terminó durando poco más de cinco meses: todo el semestre pasado y hasta que regresé de vacaciones este semestre

» Fui al departamento (Centro de Reconocimiento de la Dignidad Humana) y me atendió la maestra Rosario, la psicóloga del Departamento de Consejería y Bienestar. Ella me preguntó¿Qué necesitas?” y le dije que levantar una denuncia. En ese momento no me preguntó qué había pasado, solo me dijo “ah bueno, ok.  Esto es con Karina Melo”. Fui a buscarla y resultó que Karina Melo no estaba. Me sorprendió que no estuviera alguien para atender estos casos de violencia de género. Me pregunté a mí misma “¿En dónde está la persona y por qué solo hay una a cargo?

» Después me dijo Rosario que me pasaba el correo de Melo. Yo le dije que afortunadamente lo mío no era nada urgente, pero que si se presentara un caso así con quién me comunico y me dice “pues con ella, por correo”. Me acuerdo que pensé: “¿es neta?”Me sorprendió que no hubiera nadie que siquiera te preguntara cómo estabas o qué había pasado, porque si llegas a ese lugar que se dice ser Centro de Reconocimiento de la Dignidad Humana, aunque no esté la persona  que se dedica a levantar el reporte, esperarías que las personas que estén ahí te preguntarán algo, lo que sea. Lo mío fue una mensaje obsceno escrito en mi carro, pero puede ser una violación, algo extremo y ¿cómo vas a llegar y que te digan “no pues envía un correo”?

» Le comenté a Rosario que prefería comunicarme con Karina personalmente, pero me contestó “pues quién sabe cuando esté aquí porque ella viene y va”. Busqué a Karina dos días después y no la encontré. Rosario le llamó y unas horas después pude hablar con ella. Fue muy profesional y levantó la denuncia, pero no me volvió a contactar, ni siquiera para que me instalaran la aplicación del botón de emergencia. 

»Yo estaba muy frustrada, llegaba llorando a mi casa. Me preocupan mis compañeras. ¿Qué va a pasar cuando sea algo muy grave?»

Al igual que ella, otras alumnas cuentan que el proceso de seguimiento a una denuncia es muy pobre. María, quien pidió se cambiara su nombre real por miedo a los directivos del TEC, relata sobre su proceso de denuncia: «no me volvieron a contactar para informarme qué estaba pasando. Si el proceso continuó fue porque yo iba a preguntar qué estaba pasando». Otra alumna nos mostró que cuando ella empezó su denuncia, al poco tiempo, su agresor logró sacar sus papeles del Tec e irse a otro país.