Impunidad, el sello del Tecnológico de Monterrey

Espacio Feminista Investigación Especial

En el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM) existen historias de acoso, violencia y discriminación que llevan años en la impunidad. Hasta la fecha, la institución educativa ha querido negar la existencia de casos emblemáticos como el de Elisa González , uno de los episodios más brutales de violencia en la universidad.

El caso de Elisa González, una década de impunidad

Elisa González, doctora en Historia del Arte, fue despedida injustificadamente tras denunciar a su presunto acosador: el exdirector de Bienestar Integral del Campus Estado de México, Miguel Chávez Hugues, quien tras ser denunciado se mantuvo en su puesto por años hasta pensionarse.

Elisa entró al TEC de Monterrey un 20 de enero de 1997 como profesora.  Diez años después, abrió la carrera de Animación Digital en el campus Estado de México. En aquel entonces, Elisa no esperaba que la institución que la cobijó tantos años sería la misma que la despediría para proteger a quien señaló como su acosador. 

El presunto acoso inició en 2010, cuando Chávez Hugues se encargaba de coordinar las actividades deportivas del campus, así como el gimnasio. Elisa formaba parte del equipo representativo de natación, por lo que regularmente usaba la alberca de la universidad y el gimnasio. «Miguel se metía a donde está la alberca para verme y me hacía comentarios sobre el uniforme: ‘te ves muy bien’, me decía. Yo lo ignoraba, él en esas fechas estaba casado»,  relató Elisa en entrevista.  

Después siguieron los correos. En varios mensajes electrónicos enviados desde el correo institucional del Tecnológico de Monterrey, Chávez Hugues insistía a Elisa en salir a cenar. Fueron múltiples los correos que Miguel envió a la profesora con mensajes sugerentes. Elisa no respondió a las invitaciones de Miguel Ángel, pues según cuenta la Doctora, ella sabía que él era casado. En una comunicación enviada desde su correo institucional, Chávez Hugues le escribe a Elisa: «Ya ni me contestaste el viernes y me quedé esperando a ver si querías hacer algo o salir a algún lugar… Que mala onda eres, nunca puedes o no quieres… Miguel’». 

Miguel fue escalando. En agosto de 2010 Elisa vivía en Tec Suites, un conjunto de viviendas dedicadas a la comunidad del Tecnológico de Monterrey que están divididas entre hombres y mujeres. 

«Miguel se hacía pasar por entrenador de los del equipo de futbol americano para entrar a la vivienda y de ahí ir a buscar donde vivía. Yo hablé con un guardia de Tec Suites para que le prohibiera la entrada. Un día que no lo dejaron pasar me mandó un mensaje a mi celular diciendo que estaba afuera y que si no bajaba con él». Tras esto la profesora decidió denunciar el acoso del entonces coordinador de Bienestar Integral.

La lista de directivos y rectores que recibieron las quejas y denuncias por parte de Elisa es la siguiente: Verónica Pedrero, actual directora del Campus Estado de México; Pedro Grasa, antiguo Vicepresidente de PrepaTec y Desarrollo Regional del Tecnológico de Monterrey y que se retiró con honores por la universidad; David Noel Ramírez Padilla, exrector del Tecnológico de Monterrey quien prometió a Elisa revisar y solucionar el caso; Fernando Gutiérrez,  director de la División de Humanidades y Educación del Tecnológico de Monterrey, Campus Estado de México; Silvia Vega, quien hasta el 2016 fue Directora de la Escuela de Ciencias Sociales y Humanidades. 

En diciembre de 2010, Elisa presentó una queja con Fernando Gutiérrez, misma que ratificó en enero de 2011. «Ahí me quisieron voltear la historia y decir que era yo quien buscaba a Miguel. Él hasta borró las llamadas que me hacía de su celular», recordó Elisa. 

En marzo de 2011, Verónica Pedrero era directora académica del campus Estado de México. Como tal recibió la denuncia de Elisa, quien incluso llevó impresos los correos que Miguel le enviaba. «Pedrero me dijo que con mi queja sumaban tres denuncias en contra de Miguel. Me dio un abrazo y me dijo que me apoyaría en lo posible», narró Elisa en entrevista

Durante todo el proceso de denuncia, Elisa sufrió acoso laboral y hostigamiento por parte de su entonces jefa, Silvia Vega. «Ella y Miguel eran muy cercanos. Incluso un día Pedrero me comentó: ‘Silvia dice que tocaste a su gente’»

El 27 de mayo de 2011 marcó la vida de Elisa. Aquel día se encontraba apunto de firmar la contratación de una nueva casa. Aquel día, con presiones y violencia, directivos del TEC quisieron forzarla a firmar su renuncia. 

El miércoles anterior, Miguel Chávez Hugues se encontró en los pasillos de la universidad a Elisa. «Tienes los días contados» le dijo a la profesora el excoordinador de Bienestar Integral

 «El 27 de mayo llegué a las 10 a.m. y fue hasta las 12 que pasé a la sala de profesores. Me quitaron el celular, no me dejaron meter nada que me dejara grabar o dejar prueba de lo que sucedió ahí dentro. Silvia Vega y otra persona más me encerraron en un cuarto de la sala de maestros, querían obligarme a firmar mi renuncia. Silvia Vega se burlaba de mí diciendo: “Espero que no estés embarazada, porque si es así tu bebé se va a morir de hambre”. Yo me rehusé a firmar y después de mucho me pude ir»

El 16 de junio del 2011, Elisa entró al campus por algunas cosas de su oficina. Su lugar de estacionamiento estaba detrás del edificio conocido como Aulas II, en el que se concentran las oficinas relacionadas a los profesores y directivos de las áreas de humanidades, ciencias políticas y diseño. Cuando Elisa iba de camino a su oficina cinco policías internos encabezados por el entonces jefe de seguridad interna, Hubaldo Infante, le cerraron el paso y comenzaron a empujarla de regreso a su coche. Uno de los policías era un viejo amigo de Elisa, él, en voz baja, le dijo a la profesora: «Tengo órdenes de meterle algo al carro si regresa y de ahí acusarla de robo y hacer que la metan a Barrientos». 

A partir de ese día, Elisa no pudo entrar a su oficina. Fue despedida sin justificación alguna. Todas su pertenencias y materiales de trabajo, con un valor que supera los cien mil pesos, se quedaron en su oficina y hasta la fecha se desconoce su paradero. Fue hasta el 2020 que la universidad, a través de Karla Elizabeth Urriola Gonzalez, líder de la Oficina Nacional de Género y Comunidad Segura del Centro de Reconocimiento de la Dignidad Humana, reconoció que las pertenencias de Elisa se quedaron en el campus, no obstante, Karla concluyó que no podía hacer nada para recuperarlas. 

Tras ser sacada con violencia del campus en 2011, Elisa González inició varios procesos legales en contra del Tecnológico de Monterrey. Estos duraron más de diez años durante los cuales hubo amenazas en contra de Elisa, hostigamiento a sus familiares, boletinaje en otras universidades promovido por el TEC, violencia procesal e incluso comportamientos y declaraciones del TEC de Monterrey que apuntan a un probable fraude procesal e influyentísimo por parte de la institución educativa

La batalla legal de Elisa terminó en 2020. Ella ahora se desempeña como profesora de la Universidad Anáhuac, tiene un espacio en redes dedicado a la promoción de la cultura y mantiene activismo en defensa de los derechos de las mujeres sobrevivientes de violencia de género. Para que su caso no sea olvidado, alumnas del TEC y ella se organizaron en un movimiento llamado #JusticiaParaElisa. 

Para conocer a detalle la pelea legal emprendida por Elisa González contra el Tecnológico de Monterrey recomendamos ver la siguiente entrevista.

La mayoría de las personas involucradas en el caso de Elisa fueron ascendidas de los puestos que ocupaban en el momento en que ella fue acosada y comenzó a denunciar. Miguel siguió como coordinador de Bienestar del Campus; Pedro Grasa, que en ese entonces era director del campus y compadre de Miguel llegó a ser vicerrector y ambos se pensionaron cómodamente; Verónica Pedrero pasó de directora académica a directora de todo el campus Estado de México. 

Al recordar lo vivido en el TEC de Monterrey, Elisa todavía se estremece, pero se mantiene fuerte al dar todos los detalles de la violencia sufrida. Decidió dejar atrás la pelea legal en contra de la universidad. «Salí adelante a pesar del TEC, ya no merecen más mi tiempo» concluye Elisa a más de diez años. 

Residencias TEC: espacio para el acoso 

Martha, así se llamará en este reportaje,  tiene miedo de hablar. Aceptó compartir su historia bajo anonimato. En el TEC las represalias por denunciar a tu acosador son frecuentes.

Martha fue acosada dos veces durante sus funciones como prefecta de las residencias del Tecnológico de Monterrey. Según relata, uno de sus agresores es William A., quien fue compañero suyo de trabajo y ahora funge como Especialista de Conducta Estudiantil en la universidad.

 «Él era una persona muy cerrada, le gustaba que las cosas se hicieran a su forma y si no se hacían así, las cosas no estaban bien hechas»”, relató Martha para PICO Informativo.  «Los prefectos no nos llevábamos bien con él».

Durante una de las juntas semanales que los prefectos tenían con el coordinador, Aníbal comenzó a hacerle preguntas cada vez más íntimas a Martha. Según el relato de ella, uno de los intercambios ocurrió de la siguiente manera: 

William:  te vi con tu novio pero se me hizo raro que no lo agarraras de la mano ¿por que no lo tomas de la mano?

Martha: no me gusta

William: ¿por qué?

Martha: no me gusta el contacto físico ni con mi familia

William:  ¿No tienes sexo con tu novio?

No quedó ahí. Conforme avanzó el semestre,  William comenzó a controlar los tiempos de ella con extrema severidad

«No había un reglamento que me obligara a estar siempre en mi cuarto, pero él veía mis horarios y si notaba que, por ejemplo, salía un viernes en la noche y regresaba hasta el lunes en la madrugada, me empezaba a mandar mensajes”»

Los mensajes enviados por William estaban llenas de insinuaciones sexuales:

«¿Dónde estabas? ¿Qué hiciste en la noche? Tú tienes novio y sabes lo que hacen las personas con novio, ya admítelo» dice uno de los mensajes. 

«Yo no le contestaba para no darle importancia, pero él era cada vez más insistente. Nunca se detuvo. Todo terminó por la pandemia, porque tuve que irme de las residencias del TEC»

Este no es el único caso de acoso en las residencias del Tec de Monterrey

Cuando Martha recién llegó a las residencias como prefecta ya había recibido advertencias de un muchacho problemático de nombre Óscar. 

Desde el edificio de residencias del TEC donde vivía Óscar se alcanzaba a ver el edificio residencial de mujeres, en especial el cuarto de Martha. Entre 2018 y 2019, Óscar comenzó a enviar mensajes sugestivos a Martha. Uno de ellos dice: 

«Me acabo de dar cuenta que retiraron las persianas de tu cuarto. Qué bueno, mi cuarto tiene vista a tu habitación. Imagínate cuando te estés cambiando»

Al inicio Martha decidió ignorar los mensajes y dejarlos pasar, con la ilusión de que así Óscar dejara de molestarla. No obstante, el antiguo estudiante del TEC no se detuvo. Al contrario, el acoso escaló

«En algunas fiestas él se me acercaba y me decía ‘mi sueño es andar con una prefecta’. En una ocasión me agarró del brazo y me forzó a besarlo.

»Después una chica de la residencia se acercó a platicar conmigo. Me comentó que Óscar había llegado borracho y se metió a la caseta del guardia de seguridad de las residencias. La chica me comentó que hablaron de mí. Ambos entre gritos decían: ‘¡quiero cogerme a la prefecta!’

»Con eso decidí ir con el coordinador Fidel Tena. Él rápidamente quiso tomar represalias y me pidió elaborar una carta donde relatara los hechos. La hice y él me dijo que la mandáramos a Asuntos Disciplinarios. Yo no quise mandarla, no quería arruinarle la vida a nadie, solo quería que cambiaran a Óscar de residencia. Fidel insistió, pero nunca acepté.

»Semanas después, un viernes a las 3 de la madrugada, llegó Óscar a las residencias completamente borracho. Llegó gritando por mí. “¿Qué pasa?” le pregunté y él comenzó a reclamarme: “Ayer me citaron en asuntos disciplinarios. Me enseñaron una carta con acciones y mensajes que envié. Yo escribí los mensajes siendo buena persona. Yo quería ser amable. Cuando hice lo del beso entendí que tú querías que te besara”.

» Básicamente gritó todo lo que venía en la carta que yo le había escrito a Fidel. Pero Óscar no debería saber todo eso. Yo no mandé nada. Solo el coordinador debía saberlo y él me prometió que no escalaría la situación. Después concluí que el coordinador mandó la carta a mis espaldas y en asuntos disciplinarios le leyeron todo a Óscar. Me sentí traicionada.

» Esa madrugada estaba triste. No sabía si decirle a alguien. Finalmente le marqué a una amiga que me calmó y me dijo que si algo malo le pasaba a Óscar, él lo tenía merecido.

» A pesar de todo esto, Óscar siguió viviendo en el edificio durante todo el semestre. Me armó escándalos 3 veces más, siempre después de que lo citara asuntos disciplinarios para hablar de mi caso. A mí nunca me citaron a dar mi versión de los hechos. Le dieron todo el poder a él al informarle sobre el caso, mientras yo no sabía lo que pasaba.

» Esta experiencia me hizo perder toda la confianza en denunciar. Nunca me cambiaron de residencia. También he visto amigas abusadas sexualmente y violadas, cuyos agresores se graduaron como si nada. El tec no les hizo nada» 

Guadalajara: acoso y violencia en el ensamble de teatro

Mario formaba parte del representativo de teatro del Tecnológico de Monterrey Campus Guadalajara. Según múltiples testimonios, él presuntamente abusó de muchas compañeras en fiestas, gracias al método predilecto de muchos abusadores: emborrachar a sus víctimas .  Una de las sobrevivientes fue Michelle, cuyo nombre verdadero se ocultará por motivos de seguridad. Ella tuvo una relación cercana con Mario en la que vivió violencia emocional1

Tras lo sufrido en manos de Mario, Michelle acudió al Centro de Reconocimiento para la Dignidad Humana del campus Guadalajara. Quien la atendió le dijo que escribiera todo lo sufrido en un correo electrónico y que además proporcionara la matrícula del alumno: 

«Tener que buscar su matrícula en el correo del TEC fue muy duro, todavía más tener que escribir tu historia en un correo, ¿cómo escribo eso?»  comentó Michelle a este equipo de investigación. «Me tardé dos meses en escribirlo». 

En entrevista, Michelle recordó que el Centro de Reconocimiento para la Dignidad Humana le pidió pruebas de la violencia ejercida por Mario. Además, durante la investigación, autoridades del TEC de Monterrey la forzaron a leer su testimonio y explicar las fotos que ella entregó como evidencia.  «Fue muy humillante», se lamenta hasta hoy la alumna. 

Los malos tratos no terminaron allí, pues el TEC de Monterrey comenzó un lento proceso de revictimización, al hacerle creer a Michelle que ella era responsable de lo que le sucediese a Mario en caso de seguir la denuncia:  «Me dieron a entender que yo tendría que decidir qué le ocurriría, que él fue alguien importante para mí, que cómo podría yo determinar su futuro» La investigación que llevó a cabo el TEC tuvo un costo emocional fuerte en Michelle. Tan solo en redactar el veredicto, la institución tardó una semana y media. Según el relato de Michelle, el comité del Tecnológico de Monterrey concluyó que lo ocurrido no era violencia de género y que le darían clases de inteligencia emocional al alumno. Nada más.


1. Por seguridad y respeto a la intimidad de los involucrados, los detalles de la violencia vivida no se harán públicos. Este equipo de investigación verificó con evidencias el testimonio compartido por la alumna, así como el de todos los recabados durante este trabajo.