El hombre y su pedazo de luna

Arte y Cultura

Escrito por: Sofía Hanna

¿Qué es la luna sino un mero símbolo de la noche que nos ha rodeado? Un pequeño punto en el cielo que nos observa, nos da serenata nocturna y nos dedica el romper de las olas con cada día que pasa, pero el día de hoy no habló de esa luna, sino una parte de ella, pero la ventaja de esta es que es la prueba viviente de que tal milagro que observamos solo de noche, y a lo lejos, soltó pedazos de ella misma para nosotros.
Yo tuve un pedazo de luna conmigo, pero ella no se consideraba luna, ella quería ser vista como sol.

Recuerdo la primera vez que vi este pedazo de luna. Se siente como si toda la gravedad posible te empujara al piso, haciéndote creer que no eres capaz de poder voltearla a ver otra vez, una oportunidad única; pero levantas la mirada. Una vez que la observas en su totalidad, es normal quedarse sin palabras, estás frente a algo que nunca se nos planteó como real a los seres humanos, pero el momento decisivo es cuando logre usted hacerla sonreír. Ah el hacerla sonreír. Es sentir un fuego que nace desde esta vista, viaja a la nariz haciéndote soltar un poco del aire más feliz que existe, continua pasando su calor al pecho donde le hace saber al corazón que se ha
encontrado eso con lo que tal vez se soñó por mucho tiempo, atraviesa tu sexo, pero no de una manera excitante, solo lo suficiente para llamarte la atención y finalmente llega a los pies, dando la ilusión de que no necesitarías usar calcetines nunca más. Así de pleno se sentirá usted.

La primera vez que la besé se sintió como un baile, un tango que nos comenzamos a dedicar mutuamente. Ella sonreía la mayoría del tiempo haciendo casi imposible querer quitarle ese gesto por darle un beso, uno se llena de emociones contradictorias porque al besarla se está besando lo luminoso, a aquella luz celestial, se está besando a la luna ¡por dios! Yo la veía y la veía, a veces haciéndola sentir que no tenía nada que decir, pero no era el caso, tenía todas las palabras del mundo que compartirle, pero ninguna parecía suficiente. Fue entonces que la luna me besó a mi.
Recuerdo el pecho bloqueado por el aire del deseo, las manos empapadas en la duda y el silencio del quizás rodeándonos, pero todo se liberó en cuanto esos ojos se cerraron y sus labios tocaron los míos. Tan solo lo pienso y podría estar de regreso en aquel momento donde me convertí en un efímero ser inmortal. Terminando el beso se alejó y me sonrió de la manera más pícara haciéndome sentir eterno.

La primera vez que compartí la noche con la luna es el recuerdo más borroso que poseo y sé que esto se debe a que lo que tenía que vivir lo viví en ese momento, no es algo para poder recordar y contar. Lo único que podría dar a saber de mi experiencia fue el tacto, tracé con mi dedo índice un mapa que solo yo podría recorrer aquella noche, resaltando sus cráteres y zonas desconocidas, aquellas que aunque otros habían visto no divulgaron por miedo a serle infiel a la fantasía. Recuerdo su
respiración volviéndose más intensa en aquellas zonas que le causaban emoción o pudor.
Esa fue la primera vez en la que no titubeé al acercarme a la luna.


Pero la luna también puede ser cruel, te hace sentir todas estas cosas, te permite acercarte a lo divino para después querer ser vista por aquel que la ve como sol.
Trate de convertirla en mi pedazo de luna y sé que por lo mismo mis veladas nunca serán las mismas.
La idealice como el único pedazo de luna sin saber que brillaría aunque no fuera conmigo.
La sostuve cual pedazo de luna atrayendo de esta manera el océano que alguna vez soñé con ver.
Y a pesar de todo, la vi como pedazo de luna aunque ella quisiera ser vista como un sol.